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martes, 18 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - ULTIMO CAPITULO



Me despertó el celular que había dejado sobre la otra almohada de mi cama. Era Pete, mi ex jefe, con quien había quedado en verme ese día. Coordinamos que me pasaría a buscar por el hostal a las 7 de la tarde. Me levanté, me duché y después de almorzar me fui a la peluquería para que me arreglaran las manos, ya que al caerme se me habían roto algunas uñas. Regresé a las cinco y media. En el salón estaba mi hermanastro Teddy, esperándome. Su cara no era la cara sonriente que yo había conocido… estaba enojado. Cuando nos alejamos de los presentes, Teddy me dijo que habían leído con su padre lo que había escrito en mi página web. Insistia en que debía parar con eso y que ahora más que nunca debía cuidarme y que ellos también lo harían porque estaba poniendo en peligro la vida de todos… nunca se sabía de qué era capaz Rob Westerfield. Me pidió que fuera a vivir con ellos a su casa o por lo menos que me mudara a un hostal donde nadie conociera mi paradero excepto ellos. Le prometí que me cuidaría y le avisé que esa noche saldría con Pete y que por favor no me siguieran ninguno de los dos porque estaría muy bien cuidada.

Pete había reservado mesa en Cathryn’s. Luego de haberme repasado todo lo que había hecho desde que yo me había marchado, le conté mi historial desde el momento que había llegado a mi pueblo natal, incluída la visita última de mi hermanastro. Pete coincidía con los temores que albergaba mi padre y me ofreció su departamento en Nueva York para alojarme allí el tiempo que quisiera, ya que él iría a Chicago y no estaría hasta el sábado. Lo acepté sólo por unos días. Cuando salimos me acompañó hasta la puerta del hostal e ingresó conmigo. Habló con el conserje y consultó si alguien había preguntado personalmente o por teléfono por mí. Nos avisaron que había llamado Marcus Longo y la señora Hilmer. Cuando nos despedíamos me confesó que se había puesto en contacto con mi padre y con mi hermanastro y me dijo que él se sumaba a la petición de ellos respecto a que no podía seguir llevando adelante lo que estaba haciendo sola.

Llamé a la señora Hilmer, que no había podido recordar nada respecto al nombre Phil. Luego llamé a Marcus y le conté que me mudaba a Manhattan. Recordé que no había hablado con la madre de Paulie y no sabía si ya le habían dado el alta, así que decidí llamarla. Me enteré que aún estaba internado y también me dijo que necesitaba hablar nuevamente conmigo, así que le dije que a la una estaría por allí. Cuando me estaba preparando para mi salida, recibí un llamado de Joan para invitarme a almorzar. Me excusé porque ya tenía el compromiso para ir a visitar a Paulie.

Cuando llegué al hospital estaba lleno de gente, reporteros y cámaras… la abuela de Rob había sido internada de urgencia, víctima de un infarto. La noche anterior su abogado había declarado ante los medios de comunicación, que la señora Westerfield, en un inesperado cambio testamentario, legaba su fortuna a una fundación caritativa que la administraría los próximos diez años. La declaración de la señora continuaba que dejaba pequeñas cantidades a su hijo, amigos y criados y que a su nieto le dejaba solamente un dólar. Una mujer que estaba allí contó que en el momento de firmar su declaración, mandó llamar un pastor, un juez amigo y un psiquiatra, para que atestiguaran que sus facultades mentales estaban en perfecto estado. No tuve ninguna duda que el cambio del testamento al igual que el infarto se había producido como consecuencia de la divulgación de mi nota en la web.

Cuando llegué a la habitación de Paulie, su madre me esperaba en la puerta. Paulie lucía sonriente y se lo veía mucho mejor que la vez anterior. Cuando llegué me volvió a relatar la historia del medallón pero agregó algo: Ellie, las iniciales ya estaban grabadas cuando yo encontré el medallón… Rob no lo mandó a grabar.

Ellie se puso pálida… no puede ser, Paulie, encontraste el medallón en mayo y Andrea conoció a Rob en octubre.

Te digo que ya estaban grabadas… estoy seguro… eran A y R con una muy bonita letra.

Cuando salí del hospital tenía la sensación de que todo se me estaba yendo de las manos. Cuando llegué al hostal subí a mi habitación y al poco de llegar sonó mi celular. Era la señora Hilmer, que me llamaba para decirme que había recordado dónde había leído ese nombre… Fue en alguno de los diarios viejos que me diste para fotocopiar en la biblioteca… y no se trataba de un hombre, sino de una joven a quien sus padres llamaban Phil. El diario anunciaba que había sido víctima de un homicidio. Ellie no salía de su asombro. Había sido capaz de asesinar a una chica! Y decidí revisar todos los periódicos ayudada por la señora Hilmer. A las seis de la tarde me levanté para estirar mis piernas, sin haber encontrado nada de lo que buscaba. Encendí la televisión y me enteré que a las tres la abuela de Rob había fallecido. A las siete encontré el anuncio en el diario. Era un recordatorio de sus padres en el día de su cumpleaños número 18. Su nombre era Amy P. Rayburn. La A y la R se correspondían con las iniciales del medallón y la P tal vez fuera la inicial de Phil. Si el medallón había sido de ella ¿había muerto seis meses antes que Andrea? Por la guía telefónica dí con el padre de Amy, que me confirmó que había fallecido seis meses antes que mi hermana Andrea y que el acusado de su homicidio había sido su novio Dan, que cumplió dieciocho años en prisión y se recibió de abogado mientras cumplía su condena.

Decidí publicar en mi página todo este episodio relacionado con Phil. A juzgar por lo que me habían contado sus padres, había muchas posibilidades que el asesinato hubiera sido cometido por Rob y no por Dan.

Sabía que esa publicación comprometería mucho más mi vida que antes, pero estaba dispuesta a hacerlo. Cuando lo publiqué, cerré mi PC, recogí todas mis cosas y me dispuse a abandonar el hostal rumbo al departamento de Pete en Nueva York. Antes de salir recibí un llamado de un ama de llaves que había tenido Rob en su juventud y que se mostró dispuesta a ayudarme porque según me dijo lo despreciaba. Me confirmó que en oportunidades solía usar una peluca rubia y se hacía llamar Jim. Le ofrecí comprársela y me dijo que me la daría si eso ayudaba a determinar la culpabilidad de la muerte de Phil.

Quedamos en encontrarnos en un hotel que distaba quince km de donde yo estaba. Cuando salí había comenzado a llover pero en el transcurso empezó a nevar. Me costaba ver la carretera. Cuando miré el cuentakilómetros ví que había recorrido dieciocho km y el hotel no estaba por ningún lado. Tampoco se veía ningún auto en ningún sentido. Decidí girar con mucho cuidado para regresar. En ese momento unos focos en el techo de un auto me enceguecieron. Pensé que era la policía. El auto se detuvo a mi lado y cuando bajé la ventanilla me topé cara a cara con Rob Westerfield, quien burlándose me decía: “Era desagradable conmigo… imitando la voz de Rosita, el ama de llaves falso que ideó para llevarme a esa trampa. A su lado estaba el hombre que me había amenazado en el estacionamiento de la estación ferroviaria de Sing Sing. Sin saber qué hacer, apreté el acelerador y vi que me rodeaba un bosque y que el camino se iba angostando cada vez más. El auto patinó. Ellos se ponían a la par y me chocaban por detrás y por los costados. Finalmente aceleraron y sacaron mi coche de la carretera. El auto giró y cayó por un barranco directo a un conjunto de árboles a unos nueve o diez metros de distancia, dando varias vueltas y se estrelló a un árbol. El parabrisas se hizo añicos. Me dolía todo pero me dí cuenta que no tenía heridas graves. De pronto me dí cuenta que no estaba sola. Muy cerca de mí oí una respiración y una risita, igual a la que había escuchado en el garaje cuando era niña. Intentó golpearme con un gato pero le dio al respaldo del asiento. Me atajé esperando el segundo golpe y en ese momento el gato cayó de sus manos y lo ví a Rob que salía volando, atropellado por un auto que a toda velocidad había bajado por la pendiente. Ví arriba las luces de los coches policiales iluminando la zona. El auto que había llevado por delante a Rob, era conducido por mi padre y mi hermano estaba a su lado.

UN AÑO MAS TARDE

Me enteré que mi padre y Teddy me siguieron todo el tiempo desde que salí del hostal. Cuando me equivoqué de camino, mi padre llamó a la policía para saber si el auto que iba detrás de mí era de ellos. Le dijeron que no.

Cuando mi padre atropelló a Rob le rompió ambas piernas, pero ya estaba curado cuando tuvo que ingresar a la sala del tribunal para ser juzgado por dos diferentes causas.  Se reabrió el caso de Phil, la joven asesinada 6 meses antes que Andrea. Cuando registraron el piso de Rob, encontraron los trofeos que guardaba de todos los crímenes cometidos. Además tenía un álbum con los recortes de los periódicos sobre Andrea y Phil. Rob fue condenado por la muerte de Phil y por intentar asesinarme también a mí. Le aplicaron 113 años de condena.

Will Nebels, gracias a cuya declaración Rob salió en libertad condicional, aceptó que había sido sobornado para declarar en contra de Paulie. El abogado Hamilton, defensor de Rob, fue expulsado del colegio de abogados y cumple una condena. Mi libro fue publicado y se vendió muy bien. Hace tres meses me casé con Pete, mi jefe. Mi padre fue mi padrino. El círculo tardó en cerrarse pero lo ha hecho y doy gracias por ello.


domingo, 16 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XXXVI-XXXVII-XXXVIII





Telefonée al hospital para hablar con la madre de Paulie y saber cómo seguía. Paulie deseaba hablar conmigo así que media hora más tarde ya estaba junto a su cama.
 
Cuando llegué, me dijo: Ellie, mi madre me contó que ya sabes que ví el medallón. Te contaré cómo fue.

Mi primer trabajo fue lavar los autos que se reparaban en la estación de servicio. Un día me tocó lavar el auto de Rob y en el asiento delantero estaba el medallón con la cadena rota.  ¿Paulie, te refieres al día que Andrea fue asesinada?  Sí Ellie.

Esto que me estás contando me desorienta. Si Rob volvió al garaje para rescatar el medallón, no lo hubiera dejado tirado en el auto… no entiendo. 

Cuando tomé el medallón se lo dí a Rob y él me dio diez dólares como recompensa. Yo guardé el dinero con lo que estaba juntando para comprar el regalo de mi madre, que en el mes de mayo, antes de la muerte de Andrea, cumplía 50 años.

Cómo en mayo? Entonces Rob no lo compró el medallón… Seguramente lo perdió alguna chica que estuvo con él en el auto y él le hizo grabar las iniciales y se lo regaló a Andrea.  -Paulie me describió el medallón y era tal cual yo lo había descripto en el estrado durante el juicio-.

Continúo Ellie. Fui a tu casa a decirle a Andrea que viniera al baile conmigo. Nos encontramos delante de la casa de la señora Westerfield. Llevaba el medallón puesto y me dí cuenta que Rob se lo había regalado. Le dije que necesitaba hablar con ella pero me dijo que en ese momento no podía porque estaba apurada. Cuando me iba la ví entrar al garaje. Minutos después llegó Rob y también entró. Esto fue una semana antes de la muerte de Andrea. Dos días antes del asesinato volví a hablar con ella y le advertí sobre Rob. Le dije que era una mala persona y que debía cuidarse de él. Ese fue el día que le pedí ir al baile conmigo y ella aceptó. Pero nunca volví a ver el medallón y tampoco nunca volví al garaje.

Le agradecí a Paulie por todo lo que me había contado y lo dejé para que pudiera descansar.

Cuando me retiraba, su madre me explicó que como durante el juicio había mucha gente que trataba de inculparlo por el asesinato, ella le recomendó no decir nada sobre el medallón, pero que estaba muy asustada porque el nuevo abogado de Rob estaba diciendo en todas partes que en un nuevo juicio tenía todos los elementos para demostrar que Andrea había sido asesinada por Paulie. Me despedí y me fui al hostal.

Esa noche a las siete me esperaba la señora Hilmer a cenar en su casa. Ya habíamos hablado sobre el tema del incendio y lo único que había tenido hacia mí, fueron disculpas por el trance que había tenido que pasar.  Mientras tomábamos el té, me preguntó por Paulie.

Decidí sincerarme con ella y le conté todo lo ocurrido esa tarde, relacionado con el medallón. Acepté que no sabía cómo usar esa información porque me parecía una espada de doble filo, que podía ayudar o hundir definitivamente a Paulie.   También le conté lo de Alfie…. que estaba esperando que me trajera el plano prometido para publicarlo en mi página web, sobre todo para que su abuela se enterara de lo que había planeado su nieto.

La señora Hilmer, por toda respuesta, me dijo que pensar que el único nieto de la señora Westerfield hubiera planeado asesinarla, era increíble.   Cuando se enteró del episodio que había tenido en el restaurant con Will Nebels, se indignó, especialmente pensando que ese individuo como testigo en el nuevo juicio, podía perjudicar notablemente a Paulie.

Cuando ya me estaba yendo me dí cuenta que había olvidado preguntarle si había oído hablar de alguien de nombre Phil, porque Rob cuando estaba en la cárcel, drogado hasta decir basta, había confesado haberlo matado a golpes.

Pensó que algo había leído sobre eso… un joven que había muerto hacía un tiempo, pero no recordaba dónde se había enterado, pero sí que había sido muy triste.

No quise presionarla más, así que me despedí y abordé mi auto para regresar al hostal.   Un auto me seguía, esta vez con las luces apagadas. Cuando paró detrás de mí en un semáforo, pude ver que no era Teddy, mi hermanastro… esta vez era mi padre, que cuando vio que giré por el camino de acceso al hostal, siguió de largo.

A las siete de la mañana del lunes me llamó Alfie y coordinamos encontrarnos a las nueve en el banco. Él me daría el plano y yo el dinero.  Cuando nos encontramos, le dije que el delito ya había prescrito, pero que si lo publicaba en la página web y escribía lo que él me había revelado, muy probablemente el dinero que esperaba Rob de su abuela, sería legado a obras de caridad.

Alfie me dijo que para él era como hacer las paces con su hermano!
 
Luego de esa reunión tenía que ir a Boston a la entrevista con la directora del colegio Carrington.

Cuando llegué me contaron que los padres de Rob, mientras éste cursaba,  habían hecho una donación al colegio para la renovación total del centro de deportes, razón por la cual su expediente no era ni la sombra de lo que debería haber sido.

Sin embargo obtuve una información de importancia. Me dijeron que cuando Rob actuaba en las obras de teatro, no usaba su nombre real sino un nombre fantasía, que era Jim Wilding.

Casualmente el nombre Jim figuraba al pie del plano que me dio Alfie, como indicando que era el autor, pero no habíamos podido descubrir de quién se trataba.... o sea que el autor del plano era el propio Rob.

También me mostraron un programa firmado por todos los integrantes de la obra junto al nombre, así que solicité una copia y pedí que cuidaran muy bien el original. Cuando subí a mi auto lo primero que hice fue comparar la firma del programa con la firma del plano y aunque no soy una experta, eran idénticas.

Me hizo muy feliz saber el dinero que iban a recibir oportunamente una serie de obras de caridad.

sábado, 15 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XXX AL XXXV




Al día siguiente tenía una entrevista con Christopher Cassidy. Rob había tenido una pelea importante con él en el colegio cuando ambos tenían 14 años, así que su testimonio era muy importante para mí página web. Tuve que rentar un auto porque el mío estaba averiado. Cassidy me pareció una persona muy amable, talentosa y me trató con inmensa cortesía. A las tres y media ya estaba regresando de Boston y había comenzado a nevar.

Llegué al hostal a las once y media de la noche, justo cuando comenzaba a sonar mi celular…. era la llamada que estaba esperando. El hombre me llamaba para establecer una cita. Yo le tenía que dar cinco mil dólares y a cambio él me diría el nombre de pila de la persona que Rob le había contado en la prisión y se había jactado, de haber asesinado. .

Cuando atendí lo noté excesivamente alterado… parecía que lo habían descubierto y tenía miedo que la gente de Rob lo matara. Dijo que en ese mismo momento me daría el nombre de la víctima, aún antes de cobrar los cinco mil dólares pactados, por cualquier cosa que le pasara… Yo le juré que no faltaría a mi palabra. Insistió en que si algo le sucedía no dudara en acusar a Rob de su asesinato. Me dijo que las palabras habían sido: “maté a golpes a Phil y fue estupendo”. Phil es el nombre. Y cortó la comunicación.

Tenía el nombre, pero… ¿por dónde empezar? Decidí pedirle colaboración a Marcus Longo, que en definitiva era investigador privado. Accedió a prestarme ayuda no sin antes recomendarme que abandonara la idea de mi página web y de todo lo que estaba llevando adelante, porque era peligroso.

Cuando regresé al hostal, mi hermanastro me estaba esperando en el salón de entrada. No me hizo ninguna gracia verlo allí parado. Me dijo que mi padre no sabía que había venido a verme y que lo había hecho porque quería conocerme. Al igual que Marcus, me pidió abandonar lo que estaba haciendo y me dijo que si necesitaba ayuda no dudara en pedírsela a él.

Cuando se fue volví a mi habitación y me dediqué a escribir. Marcus me llamó y me contó que la familia de Rob también había abierto una página en internet para competir, de alguna manera, con la mía. Se llamaba “Comité de Apoyo a Rob Westerfield”, comap-rob.com.

El sábado por la mañana fui a ver a Paulie, que continuaba internado luego de intentar suicidarse cortándose las venas. No estaba para nada bien porque tenía una infección en los brazos y por la fiebre deliraba. Me quedé apenas un rato muy corto y cuando estaba saliendo oí que Paulie le decía a su madre: Mamá, suponte que me olvido y les hablo del medallón que llevaba…. Intentaré no decir nada pero si me llego a olvidar, por favor no permitas que me metan en la cárcel.     

Ellie quedó muda de asombro. Era remotamente posible que durante todo ese tiempo hubiera estado equivocada? Sería posible que hubiera sido todo obra de Paulie? Había sido Rob y toda su familia víctima de un terrible error de la justicia? Absolutamente nadie creía que Rob le hubiera regalado un medallón a Andrea y la única persona que lo sabía tenía terror de admitirlo en público.

Cuando llegué al hostal eran las cuatro y media pero ya estaba oscureciendo. El estacionamiento estaba lleno de autos y tuve que estacionar alejado de la entrada. Cuando iba hacia allí me pareció que me estaban siguiendo y comencé a casi correr, hasta que caí de boca y me apoyé sobre mis manos que llevaron la peor parte. Cuando me iba a levantar me quedé sin aliento. El hombre se arrodilló instantáneamente a mi lado y me pidió que no gritara y que no me iba a hacer daño.

Cuando le pregunté, con el hilo de voz que me quedaba, qué quería? me dijo que tenía información para proporcionarme de Rob y que me la quería vender.

Comenzó diciendo: ud.sabe que dispararon y dieron por muerta a la abuela de Rob hace como veinticinco años atrás… eso lo escribió ud. en su página web. Bueno, a mi hermano le dieron veinte años de cárcel por hacer ese trabajito planeado por Rob. Nos contrató a mi hermano y a mí para hacerlo, porque estaba metido en drogas y le debía dinero a un montón de gente y tenía miedo que su abuela lo desheredara.

Yo le quiero vender el plano que nos dio Rob a mi hermano y a mí, para poder ingresar a la casa y llegar fácilmente a la caja fuerte. Se me ocurrió decirle que con esa prueba el abogado de su hermano podría haber llegado a un acuerdo con el fiscal ¿o será que el abogado de su hermano lo vendió? Así es, me dijo, es ese Dr.Hamilton que sale por televisión diciendo que va a conseguirle a Rob un nuevo juicio y su absolución.

Cuando volví a mi habitación tenía un mensaje de mi amiga Joan para invitarme a cenar junto a su familia al restaurant Il Palazzo.

En el transcurso de la cena me pareció ver que Joan miraba con preocupación hacia el bar. Mientras tomábamos el café me dijo que Will Nebels estaba en el bar desde antes de que llegara yo al lugar y que venía hacia nuestra mesa visiblemente borracho.

Will era el testigo gracias al cual a Rob le habían otorgado el beneficio de la libertad condicional. Recordé aquél episodio cuando Joan me dijo: “Andrea y yo siempre decíamos que era demasiado cordial, por no decir que era un degenerado. No te imaginás lo fuerte que nos abrazaba a tu hermana y a mí cuando nos encontraba por la calle y no había nadie alrededor. Era un borracho… y  la que le gustaba realmente era tu hermana Andrea” y mi respuesta había sido: “Qué querés decir Joan? Que todo lo que declaró Will es mentira? Le habrán pagado los Westerfield para que mintiera tan descaradamente”

Pero antes de que pudiera reaccionar sentí sus brazos alrededor de mi cuello y me dio un beso baboso en la mejilla… y mientras hablaba me seguía besando la oreja y la nuca. Yo estaba paralizada y Leo le gritó que sacara sus manos de encima de mí. Nebels apoyaba todo su cuerpo sobre mí. Los brazos estaban sobre mis hombros y las manos las estaba deslizando por debajo de mi pullover…. Y mientras esto ocurría decía: “y la pequeña Andrea… vi con mis propios ojos que el subnormal de Paulie entraba con el gato en el garaje…”

Mi silla empezó a inclinarse para atrás hasta que los hombres de las mesas cercanas corrieron a ayudarme para enderezar mi silla antes que cayera al suelo y a Will se lo llevaron por la fuerza

Cuando la miré a Joan casi adiviné lo que estaba pensando. “Ellie, comprendes ahora lo que te dije de Will? Él mismo admitió haber ingresado esa noche en la casa de la señora Westerfield. ¿Qué supones que hubiera hecho si vio entrar sola a Andrea en el garaje?”

Insistí en volver sola a mi casa pero después me arrepentí, porque noté que me estaban siguiendo. Llamé a la policía y pedí que me mandaran una patrulla. Me pidieron que condujera muy despacio que ellos me seguirían de cerca para llegar todos juntos al hostal. Estacioné a un lado del camino de entrada. Detrás de mí estacionó la patrulla y sonriendo me dijeron que quien me estaba siguiendo era mi hermano, para asegurarse de que regresaría sana y salva. ¡Por favor, díganle que se vaya, grité! Pero por lo bajo dije: pero no olviden de darle las gracias!
 

miércoles, 12 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XXVII AL XXIX


A las once y media, antes de irme, llamó Joan. Me volvió el alma al cuerpo. Por fin alguien conocido con quien poder hablar, aunque pensara que Rob Westerfield era inocente. Me preguntó qué podía hacer por mí. Aproveché para pedirle todo lo que necesitaba: ropa, dinero, venir a buscarme y ayudarme a encontrar un sitio donde alojarme. Inmediatamente me ofreció hospedaje en su casa a lo que me negué rotundamente, por el peligro que significaba teniendo en cuenta lo que ya me había pasado y considerando que en su casa había 3 niños. Le dije que de ninguna manera aceptaría eso. Se alarmó cuando le dije que lo que me había sucedido era visiblemente una tentativa de homicidio.

Joan me dijo que me llevaría a un lugar que creía que me gustaría. También que llamaría a una amiga con una contextura física similar a la mía para pedirle ropa prestada y calzado.

Al cabo de una hora Joan estaba de vuelta con una valija con ropa interior, medias, pijamas, un jersey, pantalones, un saco grueso, guantes, zapatillas deportivas y algunas cosas para mi higiene personal.

Luego de vestirme la enfermera me alcanzó un bastón que me ayudaría a caminar hasta que se curaran las llagas que tenía en mis pies.

Joan ya me había hecho una reserva en el Hudson Valley Inn, a un km de allí. Le pedí a Joan pasar por casa de la Sra.Hilmer para ver en qué condiciones se encontraba mi coche, que había quedado estacionado a unos metros del garaje. Por suerte no se había dañado pero no me lo podía llevar porque las llaves habían quedado en la habitación, así que debería llamar a la BMW para pedir un duplicado. La policía de investigación que estaba revisando los escombros me aseguró que ellos se encargarían de que el auto estuviera a salvo.

El Hudson Valley Inn era como una mansión victoriana de 3 plantas. En la recepción nos atendió la Sra.Willis quien inmediatamente se solidarizó con mi problema, al saber que no dispondría de mis tarjetas por unos días hasta recibir los duplicados.

Subimos con Joan los dos pisos que nos separaban de mi habitación y cuando llegamos cada ampolla de mis pies parecían haberse multiplicado por cinco. La habitación era muy confortable y tenía vista a un río.

Luego de tomar algo con Joan en el comedor, me contó que la noche anterior había estado en una fiesta y que todos los presentes estaban en contra de mi página web. Criticaban todo lo que había escrito e incluso la foto que había puesto de Rob y también la de Andrea. Joan me dijo que una parte del pueblo pensaba que el asesino había sido Will Nebels, otra parte que había sido Paulie y aún los pocos que pensaban en la autoría por parte de Rob, ya había pagado con 22 años de cárcel, por lo que se hacía necesario que la cortara de una vez por todas y aceptara la realidad. Le pedí a Joan cambiar de tema porque no nos pondríamos de acuerdo y le agradecí los trescientos dólares que me prestó. Nos pusimos de pie, Joan me saludó pues ya se iba y yo me dispuse a subir nuevamente los dos pisos para ir a mi habitación. Pero antes de despedirnos le pedí a Joan que investigara con nuestras amigas de antaño, si alguna de ellas recordaba el medallón que llevaba puesto ese día Andrea. Me prometió que se ocuparía.

Dormí seis horas y me despertó el timbre del teléfono. Era Joan que me llamaba para contarme que la ama de llaves de la abuela de Rob había ido a la casa de Paulie  a increparlo para que admitiera haber sido quien asesinó a Andrea. Que por su culpa la familia Westerfield estaba siendo torturada. Cuando la mujer se retiró, Paulie se metió en el baño y se cortó las venas y ahora está en la sala de cuidados intensivos sumamente grave y temen por su vida.

Me vestí y sin más corrí al hospital. Estuve acompañando a la mamá de Paulie que estaba con una señora empleada del negocio que tenían. Las siguientes doce horas pasaron sin ninguna novedad. Recé para que Paulie se recuperara y hasta prometí que si salvaba a Paulie estaba dispuesta a aceptar todo lo ocurrido o al menos lo intentaría.

A las nueve de la noche se nos acercó un médico y dijo que Paulie se había estabilizado y que sobreviviría y que ya podíamos abandonar el lugar y retirarnos a descansar.

De camino a mi casa compré el diario que en el frente estaba llena de fotos con todos los posibles inculpados.

Ya allí sonó mi móvil. Se trataba de la persona que afirmaba haber oído a Rob confesar en la cárcel otro asesinato. Me pidió cinco mil dólares para darme el nombre de pila del hombre que se había jactado de matar, pero sólo tenía el nombre de pila. Decidí jugar el único resto que me quedaba, aunque podía tranquilamente no ser verdad, pero no me quería quedar con la duda, así que me pidió el dinero para el viernes y quedamos en volver a vernos.

El miércoles ya contaba con toda mi documentación en regla, tarjetas y registro de conducir incluído, Todos los días publicaba el medallón de Andrea para saber si alguien la había visto por última vez con él encima o si sabían algo de él.

Me había quedado todo el día en la habitación escribiendo y a la noche decidí bajar al comedor a cenar y me llevé un libro como compañía.

Al terminar la cena la camarera se me acercó con una tarjeta y me dijo que el señor de la tarjeta me invitaba a una copa después de la cena. Antes de mirar la tarjeta no tenía ninguna duda que se trataba de Rob Westerfield y no me había equivocado. Al dorso de la tarjeta había escrito: “Andrea era mona, pero tú eres guapa”.

Me levanté, destrocé la tarjeta y la arrojé dentro de la copa de vino que tenía en su mesa. Y tras hacer eso le dije: a lo mejor puedes darme el medallón que tomaste después de matarla.

Su mirada cambió de repente y por un momento pensé que se levantaría y tendría alguna reacción hacia mí y dándome vuelta le pedí a la camarera que se había quedado mirando, que trajera otra copa de vino y que la cargara a mi cuenta.

Durante la noche desactivaron la alarma de mi coche y metieron arena en el depósito de gasolina. Cuando llamé a la policía para denunciar mi auto averiado, me atendió el detective White y aprovechó para decirme que el incendio en casa de la señora Hilmer había sido intencional y que habían encontrado los restos de las toallas empapadas en gasolina que, por supuesto, eran idénticas a las toallas que la señora Hilmer tenía guardadas en el armario de la ropa blanca del departamento y me cortó la comunicación, no sin antes sentenciar: una coincidencia muy curiosa, señorita Cavanagh, no lo cree?
 

lunes, 10 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XXIII AL XXVI

 

Media hora más tarde estaba otra vez en mi casa preparándome un té con un bocadito. Me lo llevé a la mesa y con la guía empecé a buscar alojamiento para poder mudarme. Mientras hacía eso me llamó la señora Hilmer para decirme que debía ausentarse de su casa por unos días y que le preocupaba muchísimo que se quedara allí sola. Le dije que me estaba ocupando en ese momento buscando un lugar para alquilar en otro lado así que me iría cuanto antes. Hilmer iba a estar en casa de una sobrina así que le dejó su teléfono. Cuando escuché que el coche de la señora Hilmer ya se estaba alejando, no puedo negar que sentí cierto temor, pero aún así decidí quedarme todo el fin de semana allí y el lunes resolvería a dónde me mudaría.  A la tarde me fui al cine, precisamente el mismo cine donde Rob había estado la tarde que asesinaron a Andrea y a la salida me fui a comer algo para ya volver cenada a mi casa. Regresé alrededor de las nueve de la noche. Sentía un miedo espantoso de pasar la noche sola allí. Entré al jardín mirando para todos lados, bajé rápido del auto y cuando estaba introduciendo la llave en la cerradura ví bajar un coche por el camino de entrada a toda velocidad y frenó a mi lado. Se bajó un hombre y se avalanzó sobre mí. Pero prendió una linterna y pude ver que se trataba del agente White, que me dijo que la Sra Hilmer le había dicho que yo me mudaría esa misma tarde y que él pensó  que se trataba de un intruso. La llamamos por teléfono y la señora se disculpó por lo que había pasado. Le confirmé al agente que me iría al día siguiente. Me dijo que ya todo el pueblo sabía lo que le había dicho ese día a Rob a lo que le respondí que no había ninguna ley que prohibiera ser sincera con un asesino.

El agente White se notó visiblemente molesto por lo que le dije y me advirtió que había mucha gente que había convivido con Rob en Sing Sing y que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa que éste le pidiera.

Le expresé mi agradecimiento por su advertencia pero le dije que no estaba segura si me estaba advirtiendo o amenazando. Se retiró y lo ví alejarse por la ventana.

Me fui a dormir. Me costó bastante conciliar el sueño porque claramente tenía un miedo increíble. Cuando lo logré tuve una especie de pesadilla. Iba en busca de alguien y mi linterna no funcionaba. Después llegaba al bosque y me llegaba el olor de la hoguera que habían hecho en un campamento. Hacía mucho calor y me agarró tos. ¡Pero no era un sueño! Cuando abrí los ojos me estaba ahogando en serio porque la habitación estaba llena de humo. El techo se estaba incendiando y oí un crujido sobre mi cabeza. Sabía que si no salía en cuestión de segundos la casa entera se derrumbaría. Antes de salir pude rescatar mi PC, la impresora, el teléfono móvil y la bolsa de lona con todo el material dentro. Me quemé los pies porque estaba descalza y el piso estaba muy caliente. Como pude bajé la escalera y salí de la casa. Un hombre llegó corriendo por el camino de entrada y me preguntó si había alguien más adentro y me dijo que su esposa había sido quien había llamado a los bomberos. La señora me subió al auto y me llevó a toda velocidad a su casa para que no pescara una pulmonía. Eran mis vecinos de enfrente, que vivían en la que había sido mi casa. Después de veinte años me encontraba nuevamente sentada en la que había sido mi cocina, envuelta en una manta.

Llamaron desde allí a una ambulancia porque había inhalado mucho humo y se hacía imprescindible un control médico exhaustivo. En el fondo me vino muy bien porque no tenía dónde pasar la noche. Me desperté a las siete de la mañana en el hospital con mis pies vendados por las quemaduras sufridas, pero por lo demás me sentía lo más bien.

Tenía la absoluta certeza que Rob habría encargado a algún recluso amigote de la cárcel para que se encargara de eso. Ya el agente White me lo había advertido la noche anterior.

Fui al ropero que había en el cuarto del hospital y encontré mi ordenador y todo lo que había llevado conmigo la noche anterior, sin embargo no tenía dinero, ropa, tarjetas de crédito ni permiso de conducir, porque había perdido todo en el incendio. Pensé que tendría que pedir dinero prestado hasta que me enviaran los duplicados de mis tarjetas de crédito y el permiso de conducir. ¿Habría alguien en ese pueblo dispuesto a ayudarme? Hice una revisión mental y al único viable que encontré fue al inspector Marcus Longo.

Me trajeron el desayuno y luego vino el médico, revisó mis pies y me dijo que ya me podía ir.

Mientras preparada mis pocas cosas para irme, llegó el agente White con el detective Bannister, quien luego de escuchar mi exposición me dijo que para él yo había provocado el incendio con la intención de llamar la atención y victimizarme y de paso acusar a Rob Westerfield de intento de asesinato.

El detective me acusó porque en medio del incendio me vieron tomar mi ordenador, la impresora, el teléfono y la bolsa. Le dije que tenía material muy importante en mi PC y le mostré los periódicos guardados por mi madre desde el día que mataron a mi hermana. Tras esto, que yo me había encargado de desparramar por el piso, el agente White se retiró muy molesto con el detective Bannister e inmediatamente entró la enfermera y viéndome tan disgustada me preguntó si quería tomarme un café caliente que ella me traería del bar del hospital. Accedí. Era la mejor noticia que había recibido esa mañana. Pero mientras terminaba el café y estaba lista para abandonar el hospital, se hizo presente mi padre. Se deshizo en atenciones. Yo estaba furiosa al verlo pensando en todo lo que nos había hecho a mi madre y a mí. Vino a pedirme que fuera a vivir con ellos a su casa para estar más cuidada, opción que por supuesto rechacé. Cuando se fue me dejó una tarjeta suya para que lo llamara en cualquier caso que necesitara algo de él.  

 

miércoles, 5 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTE XXII

 
La señora Hilmer me había arreglado la cita con Joan -la joven en cuya casa había estado Andrea antes de ser asesinada- y hacia allá me estaba dirigiendo. Cuando llegué, Joan me estaba esperando y ya tenía el café preparado y la mesa del comedor lista para tomar juntas la merienda. Su familia había salido.
No tardamos mucho en sacar el tema que me había llevado hasta allí. Me contó que la abuela de Rob estaba haciendo grandes donaciones a escuelas, bibliotecas y demás, seguramente pensando en el segundo juicio y la manipulación del resultado.
Le dije a Joan que no cabía duda que la llamarían a declarar y agregué que me había llamado la atención que su testimonio anterior hubiera sido tan corto, teniendo en cuenta que había sido la última persona que había estado con Andrea, antes que el asesino.
Joan me dijo que eso se había debido a que no le habían hecho las preguntas que tendrían que haberle hecho. Por ejemplo, preguntarle algo sobre Will Nebels, testigo gracias al cual Rob estaba ahora gozando de la libertad condicional. Andrea y yo siempre decíamos que era demasiado cordial, por no decir que era un degenerado. No te imaginás lo fuerte que nos abrazaba a tu hermana y a mí cuando nos encontraba por la calle y no había nadie alrededor. Era un borracho… y  la que le gustaba realmente era tu hermana Andrea.
Yo me había quedado muda escuchando lo que Joan me estaba diciendo y lo que no entendía era porqué lo sacaba a relucir ahora. Qué querés decir Joan? Que todo lo que declaró Will es mentira? Le habrán pagado los Westerfield para que mintiera tan descaradamente? 
No sé, pero yo cuando declaré dije cosas tan ambiguas que los abogados y los jueces no las tuvieron ni en cuenta.
Sí, y lo que dije yo lo habrán tomado como una fantasía de chicos. 
A ver… supongamos que Andrea fue al garaje a encontrarse con Rob y que Will la siguió hasta allí. Capaz que cuando la vio sola la quiso atacar para besarla y ella al defenderse tropezó y cayó y como el piso era de cemento  se golpeó en la nuca. Algunos decían que el golpe en la nuca fue posterior al golpe que le dieron con el gato y otros que a lo mejor primero cayó, se golpeó, quedó aturdida y luego la golpearon con el gato.
Escucha Ellie, yo pensé que capaz que cada uno está contando una parte de la verdad. Puede haber pasado que Will, cuando se topó con ella forcejearon y ella cayó y se desmayó. Él se asustó y salió corriendo a la casa pensando en qué podía hacer. Mientras estaba ahí, vio por la ventana llegar a Paulie con el gato que había sacado del coche, en la mano, para protegerse de Rob que supuestamente iba a estar allí. No te olvides que la celadora del colegio lo escuchó decir a Paulie cuando se enteró del asesinato “no pensé que estaba muerta”. Un ratito después Will ve que Paulie se va con el auto a toda velocidad y piensa que tal vez va a la policía a contarle lo que ha pasado. Por otra parte, sabe que Andrea está inconsciente y que si cuenta lo que Will hizo seguramente lo llevarán preso,, así que levanta el gato que Paulie dejó allí tirado y la mata llevándose el arma homicida. Cuando termina la película, Rob sale del cine, sube al auto y cuando llega al garaje se encuentra con esa escena y sale corriendo porque se imagina que lo van a culpar a él de todo.
Yo estaba impaciente esperando que terminara su relato que me estaba cayendo terriblemente mal. Con furia le pregunté: ¿y cómo fue a parar el gato al baúl del coche de Rob?
Will estaba trabajando en casa de los Westerfield, por lo que no le costó nada volver a poner el gato en su lugar sin ser visto por nadie.
Cuando Joan terminó de hablar le pregunté de dónde había sacado todo eso que me había dicho y me contó que su primo era juez y que, además de presenciar todo el juicio se enteró de todos los pormenores. Para él Rob era inocente, por más agresivo y desagradable que fuera.
Así que ahora el oficial creía que el asesino había sido Paulie, la señora Hilmer también dudaba de su inocencia y Joan estaba convencida que era Will Nebels. Sin embargo yo sabía que el único que había acabado con la vida de mi hermana era Rob Westerfield.
Le pregunté a Joan si estaba enterada que Rob le había regalado un medallón a Andrea… me dijo que no lo sabía y que esa noche cuando salió de su casa sólo llevaba una fina cadena de oro en la base del cuello. Sin embargo yo recordaba que esa noche Andrea vestía un pullover con escote en V y la ví cuando se estaba poniendo el medallón. Como luego se puso el tapado, seguramente lo dio vuelta para atrás para que mamá no la viera al salir de la casa. Yo había leído minuciosamente lo que llevaba puesto Andrea el día de su muerte y en ningún momento se dijo nada de una cadena con un medallón, porque seguramente Rob había vuelto a buscarlo. Pensé que escribiría eso en mi página web porque era otra pista importante a seguir.
Cuando me fui de la casa de Joan era la hora de almorzar y busqué un restaurante que no fuera demasiado caro. Me senté en un lugar que me quedaba muy justo pero era el único sitio vacío. A mi lado había una mesa reservada para seis personas. Pedí sopa de pescado bien caliente, ensalada y una botella de vino. La camarera me trajo la sopa y cuando estaba llevando la primer cucharada a la boca, noté la presencia de las personas que iban a ocupar la mesa vecina. Dos de ellas tomaron asiento y una estaba parada a mi lado. Era Rob Westerfield, que con la mano extendida esperó para saludarme, pero no le respondí. Las otras dos personas eran su padre y su abogado. Él tenía una presencia impactante, típica de un hombre poderoso. Sus ojos eran de un azul intenso, muy alto y su cabello ya empezaba a pintar canas. Con mucho afecto me dijo: Ellie, la camarera me dijo que a mi lado estaba sentada la hermana de Andrea, pensando en que me sentiría afectado tenerte tan cerca, pero te aseguro Ellie que estás equivocada completamente en lo que piensas de mí. Y quiero que sepas que yo también quiero encontrar al asesino de Andrea y saber que será castigado. También me dijo que deseaba reunirse conmigo para hablar tranquilos donde y cuando yo quisiera. Noté que en el restaurante se había hecho un silencio profundo porque todos nos estaban mirando e intentando escuchar lo que estábamos diciendo, así que alcé mi voz a propósito y le respondí que el sitio ideal podría ser en el escondite del garaje donde solían verse con Andrea y era vuestro lugar favorito. Agregando: aunque el recuerdo de haber asesinado allí a una niña de quince años te de mucha tristeza, incluso para la clase de persona que eres. Puse un billete de 20 dólares sobre la mesa y Rob lo tomó y lo puso en el bolsillo de mi saco, diciéndome que ellos tenían cuenta allí y que siempre que acudiera a ese lugar me considerara su invitada. Me dijo que fuera con mis amigos… pero luego se agachó y en voz muy baja agregó: si es que te queda alguno. Saqué el billete de mi bolsillo, se lo dí a la camarera y me retiré del lugar.
 

martes, 4 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XX y XXI

 
 
 
         
  
Cuando llegué al primer colegio donde Rob había comenzado sus estudios secundarios, me quedé extasiada con lo que me encontré enfrente. Era mucho más impactante de lo que yo había imaginado.

Cuando fui recibida por el director del establecimiento y antes de que empezara a hablar, le pedí que abreviáramos el tiempo porque ni él ni yo lo teníamos. Le expliqué que mi objetivo era evitar que Rob Westerfield llevara adelante un segundo juicio y que quedara en libertad y limpio el nombre de su familia, cuando en realidad tenía la certeza que había sido él quien había asesinado a mi hermana. Necesitaba conocer los nombres de los amigos que estaban con él en aquél momento y las razones por las que lo habían expulsado del colegio. Y agregué: le aseguro que puede confiar en mi discreción.

El hombre comenzó diciendo que había ingresado como alumno al colegio porque su familia se había comprometido a reconstruir la edificación donde se dictaba ciencias. Ya estábamos en conocimiento de que se trataba de un alumno problemático. La experiencia que tuve personalmente con él, fue espantosa. Es un ser que no sabe manejar socialmente y rompe todos los códigos. La expulsión sobrevino por haber atacado a un compañero durante un juego de rugby. Le aclaro que hoy me llamó el abogado de la familia Westerfield y me amenazó si le brindaba a ud información negativa de Rob y no me gusta que me amenacen. Lo último que le diré es que luego del incidente se marchó a Europa y cuando regresó cambió de colegio. La lista de los compañeros que le daré, negaré haber sido yo quien se la ha proporcionado.

Como era la hora del mediodía decidí ir a almorzar. Entré a un comedor antiguo. Enseguida me puse a conversar con quien me atendió y me enteré que hacía más de cincuenta años que estaban instalados allí. Le expliqué que era periodista y que estaba escribiendo la historia de Rob Westerfield. La cara de la mujer se transformó y enseguida volvió acompañada de una señora mayor, que me habló pestes del hombre. La última vez que habían estado allí con sus padres el joven tenía aproximadamente quince años. La camarera tropezó con él y enojado le retorció el brazo. Su comportamiento fue tan terrible que su padre, para evitar que hiciéramos una denuncia, nos pidió que aumentáramos la cuenta de la consumición al monto que quisiéramos pero que por favor no llamáramos a la policía. Los dos estaban muy avergonzados por su hijo. Les pedí que se retiraran y que no volvieran nunca más por mi negocio.

Fui a ver a la joven camarera que ahora era psicóloga y mostró su arrepentimiento por no haberlo denunciado en aquél momento. Consideraba que los 22 años en la cárcel no lo habían cambiado para nada. Si su abuela se entera de lo que ud. está escribiendo en su página web, tal vez hasta cambie su testamento antes de que a su nieto le otorguen la posibilidad de un segundo juicio y todo su dinero iría a parar a obras de caridad. ¡Me encantaría si pasara eso! Le respondí con una sonrisa de oreja a oreja, pero ella me aconsejó moverme con cuidado porque me estaba metiendo con gente muy pesada. Me despedí de ella y volví a mi casa.

Cuando llegué la llamé por teléfono a la señora Hilmer y con mucha preocupación me contó que cuando volvía de la biblioteca le pareció que un hombre la venía siguiendo. Me avisó que llamaría a la policía porque estaba muy preocupada y que le contaría lo ocurrido el día anterior. Tuve que aceptarlo porque sin quererlo estaba quitándole la paz que había tenido esa mujer hasta mi llegada.

El policía que vino, como era de imaginar, le dijo a la señora Hilmer que era poca evidencia la que le estaba contando y que suponía que era todo producto de su imaginación por lo sucedido el día anterior. Y cuando se enteró que mi preocupación sólo había sido por encontrar la lapicera fuera de su lugar a mi regreso y una frase escrita en mi PC que yo no había puesto, le restó totalmente importancia al hecho. Agregó también que mucha gente del pueblo que estaba en desacuerdo con el comportamiento de Rob, decían que había estado 22 años en la cárcel cumpliendo una condena que no le correspondía, ya que opinaban que el verdadero culpable había sido Paulie. Además no puedo dejar de decirle que haberse parado en la puerta de Sing Sing, donde los que salen seguramente volverán al mismo lugar muy pronto, con un cartel con su número de teléfono, es de locos.

Cuando el oficial se fue sonó mi celular y era la señora Hilmer. Me dijo que había fotocopiado los diarios que le había dado y que como a la noche iría al cine, pasaría por mi casa para dejarme la bolsa con todo. Le agradecí y también la tranquilicé diciéndole que al día siguiente me volvería a mudar al hotel donde había estado, porque con las cosas que estaban pasando sería más seguro para las dos.

Me senté frente a mi PC y comencé a escribir el primer capítulo de mi libro. Recordé el episodio del medallón. Yo ya no recordaba casi cómo era pero en su momento yo había dado a la policía una descripción minuciosa del mismo y debía constar en el expediente.

Sonó el teléfono y era Pete, mi jefe. Me contó que habían vendido el periódico, tal cual él lo sospechaba y que le habían ofrecido trabajo pero que lo había rechazado y respecto a ti me dijeron que no continuarían con el tipo de periodismo que haces, por lo que no creo que puedas reintegrarte a tu regreso. Para reafirmar lo que ya en ese día me lo habían dicho tres personas, me volvió a decir que tuviera cuidado. Quedamos en vernos en algún momento y nos despedimos.

Me quedé pensando en lo que me había contado Pete y en lo que haría cuando llegara el momento de volver. Volvió a sonar mi teléfono. Me preguntaron si estaban hablando con la mujer que el día anterior se había parado con un cartel en la puerta de Sing Sing. Cuando le respondí que sí quisieron saber cuánto estaba dispuesta a pagar por una información que devolvería a Rob Westerfield a Sing Sing por el resto de sus días. Cuando le ofrecí cinco mil dólares consideraron que era demasiado poco para la primicia que me tenían reservada. En ese momento pensé que si me despedían me pagarían una indemnización y no quería perderme lo que esa persona tenía para decirme. Le pedí que me adelantara algo. Me contó que un año atrás, estando totalmente drogado, le había contado que a los dieciocho años había matado a una persona y que el nombre de esa persona valía mucho más que los cinco mil dólares que estaba dispuesta a pagar. Antes de cortar me dijo que en una semana me volvería a llamar.

Cuando corté no pude ser ajena a la creencia de que podía tratarse de un engaño, pero recordé a mi hermana Andrea y creí que su memoria bien valía el dinero que estaba dispuesta a pagar para devolver a ese hombre al lugar del que nunca debió haber salido.

Encendí el televisor y en ese momento estaban dando los resultados de un partido de básquet y el locutor estaba mostrando en cámara el jugador que había convertido el tanto decisivo. Se trataba de Teddy Cavanaugh, mi hermanastro. Yo no lo conocía, pero era mi vivo reflejo. Como estaba mirando a las cámaras tuve la impresión de que me estaba mirando a mí. En ese momento sus admiradoras comenzaron a vitorearlo gritando su nombre a viva voz. 


domingo, 2 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XVIII - XIX y XX

 
Me costó mucho dormirme. No podía sacarme de la cabeza que a la mañana siguiente Rob sería puesto en libertad.
 
A las 7 me despesrté y cuando encendí la televisión estaban los medios en la puerta de la cárcel de Sing Sing, haciendo la cobertura de la noticia. En pocos minutos más saldría por esa puerta el asesino de Andrea, después de 22 años y se subiría a la limusina que lo estaba esperando.
Un poco más tarde, cuando volví a encender la televisión, estaba dando una conferencia de prensa pero esta vez desde la mansión de su abuela. Siempre había insistido en su inocencia y ésta no era la excepción. Aseguró que ahora podría trabajar junto con el grupo de abogados que lo asistía, para demostrar en el nuevo juicio, gracias al testimonio de Nebells, que era inocente y dejar limpio el apellido de los Westerfield. La cronista se despidió de él, augurándole suerte en el segundo juicio.
Diariamente queda en libertad algún recluso en la cárcel de Sing Sing y con toda seguridad cualquiera de ellos conocería a Rob, así que decidí plantarme en la puerta para hablar con el primero que saliera. Pero como se me complicaba distinguirlo de un empleado, preparé un cartel diciendo que era periodista y que estaba ahí en busca de información sobre Rob Westerfield, agregando que la paga por los datos aportados sería buena. Por las dudas, agregué mi número de teléfono.
Hacía ya tres horas que estaba ahí parada, dura de frío y habían salido montones de personas, pero sólo una se había acercado preguntándome si no tenía otra cosa que hacer que buscar información de ese crápula. Todos leían el cartel pero nadie se acercaba a hablar conmigo, así que me dí media vuelta y me dirigí al estacionamiento donde había dejado mi auto. Allí se me acercó un hombre y quedé acorralada entre él y el coche. Me preguntó quién era y porqué estaba tan interesada en saber cosas de él y agregó que había sido un preso ejemplar y que por mi bien me aconsejaba quemar mi letrero y volver sobre mis pasos.               
Ya de vuelta en mi habitación, en casa de la señora Hilmer, empecé a buscar en los periódicos de aquella época que había guardado mi madre para ver si podía rescatar algo. Lo único que descubrí fue que había asistido a dos escuelas privadas secundarias. En la primera había estado sólo un año y medio y la segunda era un colegio para chicos con problemas de conducta. Decidí llamar por teléfono a los dos colegios. Mi excusa sería que estaba interesada en contar su historia.
Los directores fueron los encargados, en ambos casos, de proporcionarme la información. En el primer colegio me dijeron que no tenían por costumbre brindar ningún dato de sus alumnos actuales o pasados y le contesté que me constaba que habían hecho una excepción con el periodista Jake.Bern. Acorralado por mi imputación absolutamente improvisada, me dijo que me concedería la entrevista pero que sólo me brindaría la fecha de inicio y término del período transcurrido en esa escuela, fecha en la que solicitó su traslado. Convinimos nuestra cita para las once de la mañana del día siguiente.
Llamé luego al segundo colegio y mi llamada también fue transferida a la dirección del mismo. La directora se portó muy amable conmigo pero me dijo que sólo daban información si tenían la autorización de la familia. Ante mi insistencia y recalcando nuevamente el hecho de que me constaba que a Jake Bern se le había proporcionado numerosa información, me concedió la cita para el día lunes a la mañana.
Cuando corté me telefoneó la señora Hilmer para invitarme a comer a su casa. Acepté de inmediato porque recordaba lo buena cocinera que era. Cuando recorrí con la vista mi habitación, la ví tan desordenada que decidí acomodar un poco porque si a ella se le ocurría venirse hasta aquí, no tendría la mejor impresión de mí al ver eso.
Los periódicos de mi madre, que estaban todos desparramados por el suelo, los guardé en una bolsa de lona en el ropero y todo el resto lo puse en su lugar. Después pensé que si se producía un incendio podía perder la bolsa con todos los diarios que mi madre había guardado por tantos años, así que decidí llevarla conmigo.
Cuando la señora Hilmer me vio llegar con la bolsa, le expliqué que la había llevado para que le echáramos un vistazo juntas a los diarios y ver si encontraba algún nombre de alguien que aún estuviera en el pueblo. Me dijo que Joan Lashley, la chica en cuya casa había estado Andrea la noche que fue asesinada, se había casado y vivía en Garrison, a sólo 15 minutos de allí. Mientras tomábamos café la señora Hilmer revisó un poco los diarios y pude ver la horrible impresión que le causó hacerlo.
Cuando volví a mi habitación era ya noche cerrada y la señora me prestó una linterna para alumbrarme. Recorrí el tramo con bastante miedo y cuando llegué a mi casa encendí pronto todas las luces. Se veía ordenada como la había dejado, pero me llamó la atención que mi lapicera, que la había dejado a la derecha de mi PC, estaba del lado izquierdo. Me recorrió un escalofrío por todo mi cuerpo. Encendí la computadora para ver si me habían borrado el archivo del artículo que estaba escribiendo, pero continuaba allí. Lo último que había escrito era el cruce que había tenido en el estacionamiento con el hombre que me había acorralado y sugerido que me fuera, Yo había hecho una simple descripción física de él, pero habían agregado “peligroso y debe ser abordado con precaución máxima” Las piernas me empezaron a temblar. Fui al dormitorio para ver si notaba la falta de algo. Parecía todo igual pero la puerta del ropero que había dejado cerrada, se notaba entreabierta. En su interior tenía guardadas todas las joyas de mi madre, pero todas estaban ahí, no faltaba nada, por lo que presumí que lo que estaban buscando era información. Pensé en lo acertada que había estado al llevarme la bolsa con todos los diarios y decidí que al día siguiente fotocopiaría todo por las dudas. También me dí cuenta que la persona que había revisado mi agenda se había enterado de las dos reuniones que yo tenía concertadas en los dos colegios.
Al día siguiente muy temprano pasé por la casa de la señora Hilmer a contarle lo que había pasado y se ofreció para fotocopiarme todo en la biblioteca donde trabajaba como voluntaria. Además me dijo que fuera a vivir con ella porque esa persona podía regresar y no convenía que estuviera allí sola. También sugirió avisar a la policía.
Agradecí su gesto pero le dije que deseaba continuar viviendo donde estaba y que prefería no avisar por el momento nada a la policía. Lo que le solicité, en cambio, fue comunicarse con Joan Lashley y ver si podía ir a verla al día siguiente. Quedó que a mi regreso tendría seguramente su respuesta.


miércoles, 29 de mayo de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XIV - XV - XVI y XVII





A las 10 de la mañana del lunes me reuní con Martín Brand, miembro de la junta de libertad condicional. Trató de disuadirme para que abandonara mi pensamiento y volviera a Atlanta, a lo cual le respondí que por ahora no estaba en mis planes hacer eso.
Tres años antes escribí unos artículos sobre un múltiple asesino de Atlanta. La editora Maggie Reynolds de Nueva York, me llamó ofreciéndome editar un libro con los artículos publicados. Acepté y el libro se vendió muy bien.
Cuando salí de la oficina de Brand, la llamé a Maggie y le propuse publicar un libro sobre el asesinato de mi hermana Andrea. En el libro pondría pruebas contundentes sobre la culpabilidad de Rob. Maggie aceptó porque no había cerrado trato con el libro que estaba preparando Bern.
Decidí quedarme a vivir en el pueblo y la señora Hilary me ofreció quedarme en su casa.
Regrese a Atlanta para hablar con mi jefe y pedirle el permiso que necesitaba para volver al pueblo y continuar con mi idea. Le dí incluso la posibilidad de renunciar si le parecía que no iba a poder ser, pero me dijo que me guardaría el puesto hasta mi regreso. Me contó que existía también la posibilidad de que vendiera el periódico y se fuera a Houston o a L.A. Times.
Respecto a mi proyecto me dijo que me apoyaba en lo que pensaba hacer pero que debía prometerle que si a Rob le hacían un nuevo juicio y salía absuelto, debía olvidar el asunto, a lo que me negué rotundamente.
Regresé a Oldham y una semana después concedieron la libertad condicional a Rob. La fecha de su libertad se fijó para el día 31 de octubre.
Cuando entré al negocio, Paulie estaba detrás del mostrador. Cuando Paulie alzó la vista se sorprendió al verme. Le dí la mano presentándome y lo primero que me dijo era que Nebells mentía y que él no había estado en el garaje aquella noche. Cuando nos escuchó, salió su madre a saludarme y me invitó a cenar a su casa.
Cuando terminó de cocinar aprovechó que Paulie no estaba para preguntarme si los Westerfield, después de 22 años podían acusar de nuevo a Paulie de asesinato. Le contesté que podían intentarlo pero que no lo conseguirían.
Al día siguiente traté de ubicar al detective retirado, Marcus Longo, que había investigado el asesinato de Andrea. Tras muchos días no tuve ninguna noticia de él. Yo, después de verlo en qué forma se había dirigido al público en televisión respecto a la culpabilidad de Rob, pensé que en cuanto oyera mi mensaje me llamaría de inmediato y su falta de respuesta me había hecho perder toda esperanza. Hasta que el 30 de octubre, un día antes de la salida en libertad de Rob, me llamó por teléfono.Me explicó que no había estado en el pueblo, razón por la cual no se había comunicado conmigo y me invitó a cenar para aprovechar a hablar.
A las 7 me pasó a buscar por la casa de la señora Hilary y nos dirigimos a Cold Spring, el pueblo siguiente a Oldham. Longo ya tenía reservada una mesa en un asador sobre la calle principal. Me contó que había leído mi libro y me habló muy bien de él. Cuando me preguntó para qué había vuelto al pueblo, le dije claramente que era para oponerme a la libertad condicional de Rob. O por lo menos para decirle a todos que van a soltar a un asesino. Marcus trató de disuadirme. En tres pinceladas me dibujó todo lo que pasaría. Al día siguiente Rob sería puesto en libertad, le harían un nuevo juicio del cual saldría absuelto con la declaración de Nebells. Los antecedentes penales los destruirían y la familia Westerfield viviría feliz por siempre. Su abuela ya no cree ciegamente en la inocencia de Rob, por lo que le ha dado un ultimátum al padre diciéndole que si Rob es inocente se ocupara de rehabilitarlo y que la mancha fuera borrada del apellido familiar. Caso contrario su fortuna pasaría a las obras de caridad.
Ellie pensó inmediatamente que ante tal amenaza, el padre de Rob seguramente había pagado a Nebells para hacer la declaración que ya todos habían escuchado.
Aproveché para preguntarle a Marcus de qué hablaba mi padre cuando se refirió al robo en casa de la abuela de Rob.
Me contó que en plena noche la despertó un ruido y cuando se levantó le dispararon. No pudo ver de quién se trataba pero cuando lo detuvieron dijo que Rob le había pedido que la liquidara y que le pagaría diez mil dólares. Su abuela le había legado cien mil dólares. No sabía que estaba involucrado en un caso de drogas. Cuando se enteró a medias de lo que estaba pasando, cambió su testamento. Es decir, que la señora Dorothy tiene sobrados motivos para no creer demasiado en su nieto.
Le conté que había abierto una página en internet y que a partir del día siguiente me dedicaría a escribir allí sobre el asesinato de mi hermana y sobre todo lo que me fuera enterando de la vida oscura de Rob Westerfield. Incluso voy a tratar de ubicar el medallón que le regaló a Andrea. ¿No me crees que Andrea lo llevaba debajo del pullover y que cuando llegó la policía ya no lo tenía? Ellie, estabas muy shockeada y bañada en sangre como para poder haberte dado cuenta de la presencia del medallón esa noche Cuando terminamos de cenar, Marcus insistió en acompañarme hasta mi habitación y me pidió que cerrara con doble vuelta la llave y tuviera mucho cuidado… por nada en especial, sólo por lo que yo había dicho… Cuidado… vais a soltar a un asesino… y eso sería al día siguiente.




martes, 28 de mayo de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE (PARTES XI-XII y XIII)









Actualmente vivo en Atlanta. Vivo en un departamento pequeño de 3 ambientes, que sin darme cuenta lo amueblé de forma muy similar a la casa donde había vivido con mis padres.

Mi padre, 3 años después del divorcio, volvió a contraer matrimonio. Yo lo había visto hasta entonces sólo dos veces y nunca más volví. Poco después me escribió para contarme que habían tenido un bebé. Finalmente tenía el hijo varón que tanto había deseado, el que yo debía haber sido. Edward, ese era su nombre, ahora tendría unos 17 años.

La última vez que contacté con mi padre fue al morir mi madre, para avisarle que mis deseos eran que sus cenizas  descansaran en la misma tumba que Andrea. Aceptó mi pedido y me invitó a su casa, cosa que decliné absolutamente.

Cuando finalicé mi almuerzo todavía me quedaba toda la tarde libre para dar vueltas por el pueblo. La cita que tenía con un tal Martín Brand, de la junta convocada para otorgar la libertad condicional, era recién para las 10 de la mañana del día lunes. Tenía que convencerlo de que Rob no podía ser dejado en libertad, aunque ya mi jefe me había anticipado que era altamente improbable que hicieran lugar a mi petición.

Cuando llegué al hotel tenía un mensaje de mi jefe. Lo llamé de inmediato y me dijo que se habían enterado a través de un mensaje recibido por teletipo, que la familia Westerfield, padres de Rob, darían una conferencia de prensa en quince minutos y me pidieron que aprovechara para cubrir la nota, ya que por suerte me encontraba en el lugar. Agregó que Will Nebels, interrogado cuando asesinaron a Andrea, declaró que había visto a Paulie en el coche de Rob, la noche del asesinato. Entró al garaje llevando algo en la mano y unos minutos después salió rápido, subió al auto y se fue. Aclaró que no lo había contado antes por temor a que lo inculparan del crimen. Contó también que estaba en la casa de la abuela de Rob haciendo reparaciones. Entró al dormitorio principal, cuyas ventanas miran al garaje, con la intención de buscar y robar algo de dinero y al abrirse la puerta del auto pudo ver claramente la cara de Paulie.

Para mí esa historia era mentira pero acepté cubrir la nota.

La conferencia de prensa tendría lugar en las oficinas del abogado defensor de la familia Westerfield. Cuando Hamilton, el abogado, se puso de pie, a sus lados estaban el padre de Rob y Will Nebels, el testigo presencial de esa historia.

Fue objeto de numerosas preguntas. Nebels declaró que esa noche había cenado en el restaurante, donde había bastante gente que lo había visto y luego se había ido para su casa. A continuación contó la misma historia que me había contado mi jefe la noche anterior.

A continuación comenzó a hablar el padre de Rob, diciendo que ese día estaba allí porque iban a otorgarle la libertad condicional a su hijo, pero que frente a la declaración del testigo que acababan de escuchar pedirían nuevo juicio en busca directamente de la absolución, esperando que Paulie fuera enjuiciado y encerrado por el resto de su vida.

Yo, que estaba viendo la conferencia de prensa por televisión en el hostal, estaba furiosa. Si hacían un nuevo juicio y lo declaraban a Rob nuevamente culpable, no volvería a prisión porque ya había cumplido la condena y si lo dejaban en libertad, es decir si era absuelto, el Estado nunca enjuiciaría a Pauli basándose en el testimonio de una persona tan poco fiable como era Will Nebel, aunque para todo el mundo fuera el asesino.

Para ese entonces se ve que todos se habían enterado de la conferencia que se estaba llevando a cabo, porque cuando me dí vuelta el salón estaba lleno de gente. El primero que se animó a hacer un comentario, fue el recepcionista, abiertamente en defensa de Paulie. Otros opinaban a la inversa y lo inculpaban directamente a Rob.-

El abogado de Rob, al ver que los medios de comunicación asediaban a Will Nebel, el declarante y lo acosaban diciéndole que podía ir a la cárcel por perjurio, salió al cruce respondiéndoles en su lugar que el delito ya había prescrito, por lo que no corría peligro de ir a la cárcel.

Alguien preguntó si le habían ofrecido dinero al Sr.Nebel para decidirse a dar esa declaración. Y nuevamente fue el abogado quien se hizo cargo de la respuesta, contestando obviamente que no. También agregó que Andrea perseguía a Bob, llamándolo con frecuencia y la tildó de muy coqueta, muerta por los chicos y la definió como una chica muy popular. Lo que insinuaba me estremeció. Continuó explicando que el error de Rob fue dejarse llevar por el pánico al descubrir el asesinato. Corrió a su casa sin ver que en su vehículo transportaba también el elemento homicida, el gato, sucio con la sangre de Andrea. Cuando llegó a su casa lavó toda su ropa para borrar las manchas de sangre.

El presentador de CNN dijo que desde su casa los estaba siguiendo por televisión el detective retirado Marcus Longo, interviniente en la investigación en aquél momento. Al preguntarle su opinión respecto de la declaración del testigo, dijo que no tenía ninguna duda que era una mentira de pies a cabeza y que el único culpable era Rob Westerfield, tal como se lo había declarado en aquél momento y añadió que no podía concebir que intentaran culpar a una persona que además de inocente tenía capacidades limitadas, que esa actitud le parecía despreciable.

La gente empezó a retirarse del salón pues la conferencia de prensa había terminado. Yo hice lo propio y pensé que en algún momento tal vez me pusiera en contacto con el detective Marcus Longo, que se había mostrado tan indignado por la pantomima que nos acababan de mostrar.

Fui a recorrer el pueblo, que había cambiado mucho. Cuando pasé delante de mi casa detuve el auto. Cuando me vió la señora Hilmer, nuestra vecina, salió a saludarme. Eran muy buenos amigos de mi familia. Sin embargo, me dijo que a veces se preguntaba si Rob no habría sido condenado debido a la mala reputación que tenía. Agregó que creía en parte la declaración de Will Nebels. Era verdad que esa noche había entrado a robar a la casa de la abuela de Rob, pero además, en qué lo beneficiaría a Will contar esa historia y por otra parte, la tutora había testificado que cuando Paulie se enteró de lo que había pasado, salió gritando de la clase “no pensé que estuviera muerta”.

La señora Hilmer continuó: Ellie, me vino a ver ese hombre que está escribiendo un libro sobre el asesinato de tu hermana. Parece que alguien le comentó que era amiga íntima de todos ustedes.

Me interesé en saber cómo era esa persona y me dijo que se trataba de alguien muy educado. Dijo que había averiguado si mi padre era tan estricto con Andrea porque se escapaba para verse con montones de chicos y por supuesto le dije que eso no era verdad. Agregó que ella creía que lo escribiría de tal forma que daría a entender eso. Y me alertó para que me manejara con cuidado porque había oído decir que el escritor tenía conceptuada a Ellie como una niña inestable emocionalmente. Y eso también lo va a insinuar cuando escriba su libro.

Luego de escuchar esto, por toda respuesta le dije a la señora Hilmer que yo me encargaría de investigar todo lo que fuera necesario sobre la muerte de mi hermana y escribiría con lujo de detalles la sórdida vida de Rob Westerfield, tanto que cuando lo lean nadie querrá pasar más ni siquiera por la acera de su casa y si lo llevan a un segundo juicio, no habrá jurado que quiera absolverlo.