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jueves, 6 de junio de 2013

CINCUNTA SOMBRAS DE GREY - ULTIMO CAPITULO






A la mañana siguiente Christian me despierta muy temprano hablándome muy suavemente en el oído. Cuando salimos está el auto descapotable ya estacionado en la puerta esperando que lo abordemos. Le pregunté a dónde nos dirigíamos tan temprano y me dijo que íbamos al aeropuerto a planear. Cuando llegamos me presentó a Mark Benson, su piloto de remolque, como su novia, que me dijo que me coloque el paracaídas. Christian colaboró en la colocación. Me dice que me ate el pelo y que me siente en el asiento de adelante porque en el de atrás irá él. Como es de imaginar estoy aterrada. Me tomo del asiento con las dos manos. Tengo terror y cuando despegamos siento que el estómago lo tengo en la boca. Hasta los mil metros subimos arrastrados por Mark pero a esa altura nos largó y comenzamos a planear. Tengo terror. Me muestra la palanca que tengo enfrente y me enseña a pilotear. Estoy piloteando, Dios! Me dice que suelte la palanca porque continuará él. El piso está cada vez más cerca y finalmente tocamos el suelo y nos detenemos. Cuando bajamos me estrecha fuertemente y me besa de una manera apasionada.

Cuando volvemos en el auto le digo que me gustó que me presentara como su novia y me dice que es lo que soy para él. Una sumisa pero también su novia y quiere más. Paramos en la ruta a comer unos panqueques. Me mira mientras hace el pedido y me desnuda con la mirada. Le digo que quiero dormir con él en su cama y sorpresivamente me dice que sí, que acepta porque había dormido muy bien conmigo.

Como buen acosador me deja en la puerta de la casa de mi madre, de quien ni siquiera me ha preguntado la dirección, para qué? Si ya la había averiguado… Nos despedimos y me dice que vuelve a la noche. Cuando entro le cuento a mi madre que venimos de planear y que la noche anterior habíamos hablado bastante y que la cosa parecía estar bastante mejor.

Nos vamos al super con mi madre y suena mi celular. Es una comunicación de la empresa donde me había presentado, ofreciéndome ir a trabajar a partir del próximo lunes como ayudante del señor Hyde. Genial! Comenzaría el lunes siguiente a las 8 y media de la mañana. Cuando corto encuentro en mi celular una llamada perdida de Christian, que me llama mucho la atención porque nunca me telefonea. Me dice que no vendrá esta noche porque tiene que volver urgente a Seattle. Nos tomamos la tarde con mi madre para tomar sol al borde de la piscina. Christian me dijo que hablé mientras dormía pero no me quiso contar lo que había dicho y luego me envió un mail diciendo que ojalá me escuchara decir lo mismo en persona cuando estuviera frente a él. Dios! Qué habré dicho?

Estamos con mi madre en el aeropuerto. Debo embarcar para ir a Seattle. No me gusta alejarme de ella. No puedo dejar de pensar en Christian. Sé que he encontrado al hombre de mi vida pero sigo tan insegura como siempre respecto a su amor. No sé siquiera si es capaz de amar. No se quiere ni a él porque no se considera digno de amor.

Ocho horas más tarde aterrizamos y Taylor me está esperando en el aeropuerto. En el viaje le pregunto por Christian y me insiste en que sigue preocupado. Pero no me cuenta más nada. Cuando arribamos al edificio subo al piso treinta y me encuentro con Christian que está hablando por teléfono. Me besa de una manera increíble y le respondo del mismo modo. Me invita al baño a ducharnos en ese mismo momento. Le obedezco porque lo noto muy preocupado. Nos desnudamos y tenemos sexo allí mismo, junto a la ducha.

En el baño hace un calor bárbaro y está lleno de vapor. Mientras nos vamos quitando la ropa para entrar bajo la ducha, le cuento que ya tengo trabajo en la editorial SIP. Lo veo tan dulce que aprovecho para contarle que el próximo jueves debo ir a la inauguración de la exposición fotográfica de mi amigo José y lo invito a que me acompañe.

Un rato después estamos sentados con la bata en la cocina y le pregunto por el problema que lo había devuelto con tanta urgencia a Seattle. Con amargura me contesta que está descontrolado pero me dice que quiere que en quince minutos yo esté en el cuarto de juegos y que me prepare con la ropa que me ha comprado y ha dejado en mi habitación. Pienso que falta muy poco para que me compre un departamento y así convertirme en la amante perfecta.

Quince minutos más tarde estoy arrodillada en la puerta del cuarto. Cuando llega me pregunta si recuerdo las palabras de seguridad y le contesto que sí: amarillo y rojo. Luego veo que toma de la cómoda, un guante de piel y un látigo de tiras con pequeñas cuentas en los extremos. Me pone de pie y me lleva hasta una antigua cama de cuatro postes y me ata los brazos en cada uno de ellos al igual que los piés. Me coloca un auricular muy grande en los oídos y me pone un antifaz. Estoy a su merced. Y cuando activa la música es algo muy celestial. Me acaricia con el guante y después me azota por todo el cuerpo y durante toda la relación me tortura, me hace desear y me lleva al éxtasis.

Cuando me despierto veo la hora y son las cinco. Pienso que por el cambio horario en Georgia son las ocho. Salto de la cama para tomar la píldora. Christian no está a mi lado. Oigo el piano. Está tocando. Siempre ejecuta música triste.Bajo y me siento en la banqueta a su lado. Me sienta encima de él. ¡Dios mío, ahora arriba del piano! Le digo que quiero que me aclare lo del contrato y para mi sorpresa me dice que ya es obsoleto. Que lo que no debo olvidar son las normas que siguen en pie. Además fuimos al cuarto de juego dos veces y no saliste corriendo. ¿Y si no cumplo las normas? Te castigaré. Y si no lo permito? Veré la forma de convencerte. Me alcanza las normas para releerlas. Cuando termino, lo provoco preguntando si quiere darme unos azotes. Me dice que sí y yo salgo corriendo alrededor de la mesa. Nos mantenemos así jugando un rato. Luego me dice que da toda la impresión de que no quiero que me atrape. Y le confirmo su impresión. Para mí el castigo es como para vos que te toque. Se queda helado. ¿Es verdad que sientes eso? Bueno, no es para tanto, pero me das una idea de lo que vos sientes cuando te tocan. ¿Tanto odias lo que te hago? Tengo miedo que me lastimes. Quiero lastimarte, pero no quiero que sea un dolor que no puedas soportar. ¿Por qué? Porque lo necesito. No te quiero decir porqué, sino te irás corriendo y no volverás nunca y me moriría si te perdiera. Castígame, quiero saber cuánto me puede doler. Así veremos si podremos continuar con esto o no. Si yo aguanto, tal vez tú me dejes tocarte. Cuando escucha esto me agarra de un brazo y me lleva al cuarto de juegos.

Me inclina sobre un banco. Tengo la bata puesta. Anastasia… te voy a pegar seis veces. El primer golpe llega con fuerza. Vuelve a hacerlo, y yo cuento… dos. El cinto nuevamente se me clava en mi cuerpo… tres. No puedo impedir que las lágrimas salten de mis ojos. Es peor de lo que imaginé. Cuatro. Me vuelve a pegar. Cinco…Falta sólo uno… aguantaré… séis. Tira el cinto y me estrecha entre sus brazos. Le pido que me suelte y le digo que no quiero que me toque más. Le digo que es un hijo de puta. Que eso es lo que en verdad lo hace gozar…. y verme llorando. Me voy corriendo a mi habitación y me tiro llorando en la cama ¿porqué pude aceptar esa idea? ¿cómo no iba a doler? Su lado oscuro, es demasiado oscuro para mí. Es lo que le gusta, lo que lo excita, pero yo no puedo con esto. No puedo satisfacerlo. No estoy dispuesta a que me pegue así nunca más. Escucho la puerta y siento que se mete en la cama conmigo. Me abraza tiernamente y yo continúo llorando. Me doy vuelta y le digo que estoy enamorada de él y que no puedo dejarlo. Pero él me dice que nunca podremos superar lo que ha pasado. Me levanto y bajo al salón. Pude darme cuenta que se trata de un depravado sin medida, que no tiene capacidad para amar… incapaz de dar y de recibir amor. Voy al baño a ducharme. Me visto. El dolor de mi trasero me distrae del dolor que tengo en el corazón que está completamente destrozado.

Arranco una hoja de mi cuaderno y le escribo: Esto me recordó un tiempo feliz. Gracias. Ana

Entro a la cocina y sobre el desayunador dejo todos los regalos, el teléfono, las llaves del auto, la PC y le pido el dinero que Taylor cobró por mi escarabajo. Ante mi insistencia va al escritorio a extenderme un cheque y mientras espero, pienso que él nunca me ha hecho el amor… Me pide que me quede, pero es obvio que él no puede darme lo que yo quiero y yo no puedo darle lo que él quiere. Me voy llorando desconsoladamente en el asiento trasero del auto que conduce Taylor. Cuando llego a mi casa me tiro vestida sobre la cama y pienso… el dolor físico al que me sometí no es nada comparado con el dolor devastador que siento en este momento y se abandona llorando desconsoladamente..   


lunes, 3 de junio de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY - PARTES XXII y XXIII


 

Cuando llegué a Georgia, mamá y su esposo me estaban esperando. Les mande un rápido mensaje a Kate, Christian y a Ray, mi padre, diciéndoles que había llegado bien.
Aproveché para hablar con mi madre de lo enamorada que estoy de Christian pero de lo mucho que temo iniciar una relación con él por las rarezas que manifiesta.
Christian me escribió diciendo cuánto me extrañaba y yo siento que no sé cómo voy a hacer para pasar cuatro días sin él.
Mi madre me invitó a tomar un trago, pero no pude alejar de mis pensamientos a Christian, porque me dijo que esa noche iría a cenar con una vieja amistad. Es esa mujer de nuevo! La misma que lo inició en sus juegos sexuales.
Mamá pidió otra ronda de lo mismo que estábamos tomando. Mi BlackBerry empezó a sonar. Me fijé quién era y leí un texto que me dejó helada, y que decía: ¿cuántos tragos iguales te vas a tomar? Miré para todos lados y de pronto…lo ví… Dios mío, está aquí!!!! No puedo creer semejante acoso! Comenzó a acercarse a nuestra mesa. Cuando llegó le presenté a mamá. Con todo el descaro del que es capaz, me dijo que había venido a verme. Mi madre lo invitó a sentarse y Christian le pidió un trago al mozo. Luego de un brevísimo diálogo con ambas, se levantó, nos saludó y me dijo que tenía que irse, pero me pidió que cuando me desocupara fuera a su habitación. Estaba alojado en ese hotel, en la habitación. 612.
Al poco rato nos despedimos con mamá y yo me fui a la habitación de Christian tal como me lo había pedido. Me abrió. Estaba hablando por teléfono, aparentemente con su empresa porque estaban discutiendo temas laborales. Mientras hablaba tenía su vista clavada en mí. Yo le había preguntado si quería a esa mujer mayor y él no me había contestado. Cuando cortó insistí sobre el tema hasta que largando un profundo suspiro me dijo que no, que no la quería. Comenzó a sonar nuevamente su celular pero sin mirar siquiera quién lo llamaba, lo apagó, así que ya sabía cómo iba a terminar eso. Me tomó de la mano y me llevó al baño, que era enorme. Tenía una bañera en la que entraban cuatro personas y la estaba llenando de agua. Todo eso lo había preparado mientras hablaba por teléfono. Me dijo que me atara el pelo con una gomita. Estábamos los dos frente al espejo que ocupaba todo el espacio sobre los dos lavatorios. Me pidió que me quitara las sandalias y que levantara los brazos para sacarme el blusón por la cabeza. Lentamente fuimos cayendo al suelo y me envolvió con sus brazos.
Estaba aturdida. Hacer el amor con él me agotaba. Nos levantamos y nos fuimos a bañar. Mientras voy a su lado le miro las cicatrices blancas y redondas que tiene en el pecho. ¡Tienen que ser quemaduras! Pero quemaduras de qué? De golpe le digo que las marcas que tiene en el pecho no parecen de varicela. Su rostro se le transforma y me dice que no, que no lo son. Su reacción me hace caer en la cuenta que le apagaban los cigarrillos en su pecho. Pero quién? Así que directamente le pregunté si se las había dejado ella. En un tono un tanto enojado me dijo que no y que no me empeñara en ver en ella a un demonio. Me meto en el agua y cuando él ingresa lo hace bien lejos de mí, sin siquiera tocarme. Se lo ve muy enojado. Pero yo insisto porque esta vez estoy dispuesta a ir al fondo de la cuestión. Con dulzura le pregunto que me hubiera gustado saber cómo sería él si no hubiera tenido esa experiencia de adolescente con esa mujer y él me dice que gracias a ella no ingresó al mundo de su madre, a la adicción al crack y a la prostitución. Yo ya había comenzado a autodestruirme y ella me apartó de ese camino. Esto Anastasia no lo hablé nunca con nadie, excepto el dr.Flynn y si ahora te lo estoy contando es para que confíes en mí. Prefiero dar por terminada la interpelación porque noto que se está poniendo furioso aunque está haciendo un esfuerzo enorme para no perder la paciencia.
Christian vuelve a sacar el tema del contrato pero me acerco a besarlo y nos enredamos de nuevo dentro del agua.
Ahora estamos tumbados los dos sobre la cama, mirándonos. Vuelvo al ataque con mis preguntas. Quiero saber cuántas sumisas ha tenido y me dice que decenas y, para mi sorpresa, de golpe me larga que él pagaba por sexo. Y sí que me ha dejado pasmada con su revelación….




viernes, 31 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY - PARTE XX y XXI


 
 
 
Cuando llegamos a la casa, Kate y Elliot estaban en la puerta listos para irse. Christian dijo que también nosotros debíamos retirarnos porque al día siguiente yo tendría dos entrevistas. Cuando nos despedimos, Grace, su madre, me dijo, cuídate, Ana querida. Christian se mostró un poco celoso por la efusiva atención que recibí de parte de toda su familia.
 
Ya en el auto me preguntó si podía acompañarme a Georgia para conocer a mi madre. Inmediatamente captó mi reacción adversa y quiso saber porqué no quería. Le expliqué que continuaba con dudas y que quería aprovechar el viaje para reflexionar sobre la continuidad de nuestra relación. Y le dije: sigo queriendo más. Lo sé, contestó Christian, lo intentaré. Por ti Anastasia, lo intentaré. Yo le respondí que también lo intentaría y que firmaría el contrato.
 
Bajamos en su casa porque le prometí quedarme a dormir con él. Me dijo que me apurara porque como le comenté que estaba cansada, me contestó que cuanto más me apure, más rápido me podría poseer y más pronto me podría ir a dormir.

Fuimos por el pasillo y al llegar a su dormitorio abrió de una patada la puerta.  

Me dijo que alzara los brazos y me quitó el vestido. De pronto me preguntó: ¿no quieres que te posea? Y le contesté que no, que lo que quería era que me hiciera el amor. Christian se desconcertó ante esa respuesta. Yo agregué que quería tocarlo, que por favor me dejara hacerlo. Y por toda respuesta me dijo que no y que nos iríamos a dormir los dos. Entonces no dudé en decirle que había puesto a la vista uno de sus límites infranqueables: que era se mira y no se toca, no? Le pedí que me explicara el porqué Le rogué que me lo contara y le promertí que si me lo contaba dejaría que me azotara como la última vez. Entonces Christian fue a buscar sus juegos preferidos y en un momento mientras me azotaba me pidió que lo mirara porque quería ver mi cara mientras lo hacía. Mi cara se contraía de dolor. Era doloroso pero no insoportable, lo pude manejar. Cuando todo terminó, se tendió a mi lado, me estrechó entre sus brazos y comenzó a contarme.

Mi madre era una puta adicta al crack, Anastasia. Duérmete. ¿Quieres decir que murió, Christian? Sí, hace mucho. Cuando yo tenía 4 años. No recuerdo nada de ella. Sólo ciertas cosas y ahora duérmete. No pude dejar de soñar con un niño pequeño, en un lugar triste y oscuro.

A la mañana siguiente cuando me desperté Christian no estaba acostado a mi lado. El sólo pensamiento de lo que debió pasar en su niñez me hace estremecer, pero continúo sin saber porqué no quiere que lo toque. Siento que absolutamente todo lo que me rodea, incluso él, es una fantasía que dista mucho de la realidad.
Él sigue queriendo firmar un contrato a pesar de haber dicho que hará lo posible por darme más. ¿qué quiere decir con eso? Necesito que me aclare eso.

Me duele por todos lados. Debe ser de tener tanto sexo. Cuando bajé a la cocina me encontré con el ama de llaves que me preguntó si deseaba desayunar. Me dio mucha vergüenza porque lo único que llevaba puesto era la camiseta que me había dado la noche anterior. Le dije que iba a tomar un té y le pregunté por Christian. Me dijo que estaba en el estudio así que fui hacia allá. Cuando entré estaba hablando de negocios por teléfono con alguien de su empresa, de espaldas a la puerta. Cuando giró y me vio me esbozó una sonrisa que me derritió. Cuando cortó vino hacia mí y me acarició la cara con la yema de los dedos y ahí mismo, sobre el escritorio, me poseyó nuevamente. Cuando salí del estudio el ama de llaves me preguntó si tomaría el té en ese momento y le dije que primero me ducharía y que luego bajaría a desayunar con el señor Grey.

Christian me preguntó si ya había comprado el pasaje para ir a Georgia y le dije que no, que lo haría cuando llegara a mi casa, vía internet. Entonces no tuvo mejor idea que ofrecerme su jet privado, diciéndome que lo tenía a mi disposición. Se lo agradecí pero le contesté que prefería ir en un avión de línea.

Cuando empezamos a desayunar, lo miré a los ojos y le dije que al final todavía no me había dicho porqué no quería que lo tocara. Se puso pálido y me dijo que yo era la única que sabía cosas que no le había contado jamás a nadie. Me dijo que me iba a extrañar mucho cuando me fuera y que pensara en la firma del contrato. Después se inclinó y me besó suavemente.

Cuando terminamos de desayunar me fui volando porque tenía que ir a las dos entrevistas planificadas. En la primera me fue bien, pero en la otra creo que me fue mejor, pero el joven que me atendió era un tanto inquietante, tanto en su forma de ser como en su forma de dirigirse a mí. Me parece que estoy adentro, pero todavía no me lo confirmaron. Cuando llegué a mi casa, Kate continuaba desembalando.  Le conté cómo me había ido y abrí la PC para contarle a Christian que me había ido bien en las dos entrevistas y se alegró. Después le pregunté si su ama de llaves era una de sus ex sumisas, porque lucía como tal. Me dijo que no, que no acostumbraba a contratar a nadie que hubiera estado íntimamente con él. Kate estaba entrando, así que me despedí de Christian y salimos juntas al aeropuerto, rumbo a la casa de mi madre.

Cuando me acerqué al mostrador y presenté la documentación, el joven que me estaba atendiendo me dijo que mi pasaje había sido cambiado a primera clase y me invitó a pasar al salón VIP hasta la salida del vuelo. Me muero de rabia. ¿Será posible que este hombre se meta en todo? ¡Es un controlador insoportable!


lunes, 27 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (PARTE XVIII y XIX)




La doctora Greene me cae bien de entrada. Luego de un exámen realizado en profundidad, coincidimos en la minipíldora y me deja la receta. Salimos de mi dormitorio y cuando bajamos al salón nos encontramos con Christian sentado en un sillón, leyendo y escuchando un poco de música de fondo. Cuando la doctora se retira, Christian me insinúa hacerme el amor ahí mismo pero le digo que tengo apetito y deseo comer algo. Christian es el sexo ambulante. Cuando le digo a Christian, porque me lo ha preguntado, que he optado por la píldora, me dice que pondrá la alarma en su celular para recordarme tomarla todos los días a la misma hora. Es como yo digo: ¡me asfixia con querer tener el control de todo!

Luego del desayuno se acerca a mí provocativamente y tomándome de la mano nos dirigimos arriba. Mi corazón se acelera porque nunca sé con qué se va a salir. Su actitud ha ido cambiando y ahora es más cruel. Antes de entrar al salón de los juegos me pide que me saque los zapatos y los coloca junto a la puerta. Me pide que levante los brazos y me quita el vestido por encima de la cabeza. Me quedo sólo con la bombacha. Me recoge el pelo y con extrema habilidad me hace una trenza gruesa y la sujeta con una gomita. Toma mi mano derecha y antes de que me pueda dar cuenta me golpea con una fusta que no había visto que tenía. La fusta es marrón de cuero trenzado. Lo complazco en todo lo que me pide… siento que mi cuerpo ya no me pertenece y de pronto es como si fuera una observadora de todo lo que está pasando a mi alrededor. Me ata las muñequeras y se mueve alrededor mío observándome. De golpe me azota bajo el trasero. Sorprendentemente los azotes me resultan dolorosamente dulces. Cuando la fusta castiga mi sexo grito fuerte y le pido por favor que se detenga. Levanta la fusta nuevamente y me pregunta si sigue o no. Yo le digo que continúe. Christian hace con mi cuerpo lo que quiere. Cuando me desabrocha las muñequeras y me suelta, me desplomo en el suelo y él cae junto a mí.

Me pregunta si me ha dolido y le digo que no. Me pregunta si lo volvería a hacer y en voz baja le digo que sí. Me vuelvo hacia él y acaricio su pecho con la nariz, pero inmediatamente se pone tenso y me dice que no debo hacer eso. Veo por primera vez que tiene unas cicatrices redondas y pequeñas desparramadas por todo el pecho. Mis piernas ya no me sostienen. Mi cansancio me supera y siento que me voy a quedar dormida, pero Christian aún no ha terminado. Me pega en mi trasero con la mano abierta y me duele mucho. Finalmente pierdo la conciencia y cuando recupero mis sentidos estoy acostada en el suelo encima de él. Me ayuda a levantarme, me alcanza una bata, me alza y me lleva a mi habitación, donde ese día me ha examinado la doctora Greene. Me acuesta y se mete en la cama conmigo. De inmediato me quedo dormida.

Christian me despierta. Quiero seguir durmiendo pero me dice que debemos ir a cenar a la casa de sus padres. Me levanto, me ducho y cuando busco mi ropa interior encuentro sólo mi corpiño porque mi bombacha la noche anterior la había guardado dentro del bolsillo de su jean. No quiero darle el gusto de pedírsela. Eso querría él para hacerme sentir mal, de modo que decido salir sin ella. Me arreglo lo más rápido que puedo y bajo porque me está esperando. Me toma entre sus brazos y al compás de un tema de Frank Sinatra bailamos rodeando todo el salón. Abre la puerta y salimos. Tomamos el ascensor, bajamos y nos encaminamos al auto. Pienso en todo lo que me ha hecho hoy y siento que volvería a hacerlo si es esa la única forma de estar con él. Extrañamente no ha vuelto a mencionar el contrato.

Llegamos a la casa de los padres de Christian poco antes de las ocho de la noche. La doctora Grace Trevelyan, su madre, está esperando en la puerta. Su esposo está a su lado. Dentro está también su hermana pequeña Mía, que debe tener aproximadamente mi misma edad. Lo primero que me dice es que está muy contenta de verme porque su hermano jamás ha llevado a una chica a su casa. Cuando entramos al salón Kate y Elliot están sentados en un sillón con una copa de champagne en sus manos. Pienso que Christian se ha visto obligado a invitarme a su casa, seguramente presionado por Elliot y tal vez también por Kate. Este pensamiento me enfurece. El padre de Christian me pregunta si tengo pensado tomarme unos días de descanso y le digo que estoy pensando en viajar a Georgia para visitar a mi madre. Christian no sabía nada y se le ve la sorpresa en su cara. Además se enoja. Durante la cena se muestra amigable y cuando terminamos de cenar me invita a recorrer la finca. Me lleva al embarcadero porque desea poseerme. Luego del bolsillo de su campera saca mi bombacha, me la da para que me la ponga y volvemos a la casa casi corriendo porque su hermana Mía nos está llamando 



domingo, 26 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (PARTE 17)






Son las 7. Despierto y siento que los brazos de Christian todavía me rodean. ¡Ha dormido toda la noche conmigo! Pienso que en este momento puedo intentar acariciarle el pecho ya que está dormido como un tronco, pero despierta inmediatamente y cuando ve la hora se levanta porque tiene una reunión muy temprano. Quedamos en vernos el domingo. Me dice que no use el escarabajo porque su chofer vendrá a buscarlo para encargarse de él. Hoy es mi último día en mi trabajo. Me ducho, desayuno algo y salgo para allá.

Anastasia le envió un mail a Christian, como le había prometido y le explicó que cuando fue azotada por él se sintió humillada, degradada y ultrajada.

Esa mañana Ana va a trabajar con el Audi que le acaba de regalar Christian. Al mediodía, el Sr.Clayton la llama porque hay un mensajero en la puerta pidiendo por ella. Tiene un paquetito que está esperando entregarle. Es un BlackBerry, que se lo ha enviado para tenerla permanentemente controlada, según sus propias palabras.

A las cuatro de la tarde los Clayton reúnen a todo el personal para despedir a Anastasia, ya que es su último día de trabajo allí. Los abraza con fuerza y unas lágrimas de emoción corren por sus mejillas.

Cuando llegué a casa terminé de embalar con Kate. Ese mismo día nos mudaremos a Seattle.

Suena el timbre de la puerta y es Taylor, el chofer de Christian, que viene a retirar el escarabajo.

A las ocho de la noche terminamos de embalar. José, nuestro amigo, está con nosotros. Ha venido a ayudarnos. Mientras tomamos unas cervezas pensamos en que han sido cuatro años para no olvidar. Suena el timbre y es Elliot que viene a ver a Kate. Los dejamos solos y nos vamos con José al bar a comer algo.

Cuando se despide de José y vuelve a su casa, toma el teléfono y tiene cinco llamadas perdidas y un mensaje de voz. Christian la asfixia, no la deja respirar. Es un acoso insoportable. Elliot es encantador, muy diferente a Christian. Es cariñoso, terriblemente cariñoso, agradable, abierto.

El nuevo departamento es espacioso y tiene una hermosa vista. Además nos encanta que esté ubicado en pleno centro de la ciudad.

A las ocho suena el timbre y es un mensajero, que sostiene una botella de champán atada a un globo tipo helicóptero y con una tarjeta que dice: Señoritas, buena suerte en su nuevo hogar. Christian Grey. Abrimos el champán y brindamos con Kate.

Al día siguiente es domingo. De sólo recordar que a la una tengo que reunirme con  Christian en su casa, me duele el estómago. Pienso que todavía no firmé el contrato y trato de imaginar con qué se saldrá hoy.

Cuando llego a su casa me recibe Taylor. A Christian lo veo sentado en el sofá del salón, mirando y leyendo los diarios. Me muestra nuestra foto en el diario el día de mi graduación. Hoy irá a su casa una doctora que le hará a ella una visita médica, de acuerdo a lo ya conversado. Es la mejor ginecóloga y obstetra de Seattle.

De pronto, Christian le dice que a su madre le gustaría que fuera a cenar esa noche y que también le ha dicho que Elliot le pedirá lo mismo a Kate.

En ese momento llega la doctora Greene y mientras las dos juntas van a la habitación que Anastasia tiene preparada en casa de Christian, él se queda esperándola en la sala, pero antes de dejarla ir la atrae hacia sí y la besa apasionadamente, al tiempo que le dice: cuánto me alegra que hayas venido… estoy impaciente por desnudarte.




miércoles, 22 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (PARTE XV y XVI)


  



Cuando Christian llega a su casa, replantean todos los no que ha incorporado Ana al contrato. Finalmente él le dice que los acepta con la condición que acepte el regalo que tiene para ella con motivo de su graduación. Le coloca su campera en los hombros y van hacia la puerta. Afuera hay estacionado un auto rojo descapotable de tres puertas… es un Audi.Ana está furiosa ¡Con lo que me costó aceptar la colección de libros! Y ahora esto! Christian Insiste con que el escarabajo es viejo y peligroso Finalmente Ana lo acepta a préstamo, como la computadora que también le obsequió.

La toma de la mano y la lleva dentro de la casa, directo al dormitorio.

Ana está acostada encima de él, con la cabeza en su pecho, intentando recobrar la cordura. Christian tiene puesta su camiseta. Ana extiende la mano sobre su pecho para acariciarlo y él la toma en el aire y con disimulo se la lleva a sus labios. A la joven no le pasó desapercibido el hecho y le pregunta, ¿porqué no te gusta que te toquen?Porque tengo pocas luces, Ana… y muchas sombras…. Cincuenta sombras más…. Mi introducción a la vida fue muy dura… pero te aburriría contándote esto… por favor no lo hagas y listo.Frotan sus narices y se levantan. Ana lo mira y le da la impresión de que acaba de poner un tilde en uno de sus objetivos. Así se siente ella y recuerda que todavía no ha firmado el contrato.

Christian se le acerca y le habla muy bajito en un tono amenazador que a Ana la excita. Vuelven a tener relaciones pero en este caso él comienza con los azotes. Primero la acaricia y luego viene el golpe. Sigue como un ritmo: caricia, manoseo, azote. Ana siente que cada vez le cuesta más aguantar. Ya le duele hasta la cara de tanto contraerla. En el fondo está deseando decirle que pare pero no quiere darle esa satisfacción. 18 azotes en total. Le arde el cuerpo por la agresión tan despiadada. Luego de eso la posee.

Permanecen un tiempo abrazados y luego Christian le dice que tiene que irse y le pregunta si está bien. Ella lo medita un instante. Su trasero está al rojo vivo, sin embargo se siente radiante y le contesta: sí, estoy bien. Él regresa del baño con un aceite para niños y se lo aplica para calmarle el dolor.

Cuando se va, Ana cierra la puerta y mira todo el departamento donde sólo estará dos noches más pues se mudarán con Kate a Seattle. Ha estado allí y ha sido muy feliz durante casi cuatro años. Está bien, pero en el fondo se siente mal. La llama a su madre y no puede evitar largarse a llorar. Su madre se muestra preocupada y le pregunta qué le ha pasado. Ella le cuenta que se ha enamorado de alguien muy distinto a ella y que no está segura si debería continuar con él. Su madre se muestra contenta y por toda recomendación le pide que se calme y que lo mantenga a raya hasta que verifique si es digno de ella. Uau…Esas palabras suenan fuerte para Ana.  Ella siempre se preguntaba se era digna de él.   

Su madre la invita a visitarla en Georgia para tomar un poco de distancia y ver las cosas desde otra perspectiva, pero Ana le cuenta que el lunes tiene dos entrevistas de trabajo en Seattle. En ese momento llega Kate y Ana saluda a su madre y se despide de ella, prometiéndole que hará lo posible por ir a visitarla.

Cuando Kate ve que Ana ha estado llorando y se entera que ha estado con Christian, le dice que lo debe mandar a paseo, ya que desde que lo ha conocido ha estado trastornada. Kate es mucho más resuelta y no puede ver a Ana debatirse en un gris permanente.

Kate le cuenta que cuando regresen de las vacaciones, su hermano Ethan irá a vivir con ellas. Ana piensa que no cree que a Christian le caiga demasiado bien cuando se entere de esa noticia. Kate se ha puesto de novia con Elliot, hermano de Christian, así que toma el teléfono para llamarlo.

Mientras tanto Ana recibe un correo de Christian, donde le aconseja tomarse un ibuprofeno y no usar más el escarabajo. También la tranquiliza diciéndole que Taylor, su chofer, se encargará de la venta de ese auto. Intercambian unos cuantos correos y Ana termina diciéndole que no lo quiere, porque nunca se queda en casa con ella.

Cuando Ana se va a dormir, no puede dejar de pensar en todo lo que pasó ese día y sobre todo el malestar que le causa haberse enamorado de un hombre emocionalmente tan conflictivo, que está segura que la hará sufrir. Alguien que admite estar completamente jodido, tal fueron sus palabras. Pensar que de niño fue víctima de insoportables crueldades le da tanta tristeza que se pone a llorar desconsoladamente. Su congoje se ve interrumpida por los gritos que escucha fuera en el salón. De pronto su puerta se abre e ingresa Christian. Ha estado discutiendo con Kate, porque ésta al verlo se le ha plantado y le ha dicho que desde que apareció en la vida de Ana, ésta lo único que hace es sufrir y llorar. Christian le dice a Ana: me has dicho que querías que me quedara, así que he venido. Le pregunta a qué se debe su llanto y presume seguidamente que es porque le ha pegado. También agrega que de haberse imaginado que quedaría así jamás la hubiera dejado, deduciendo que cuando le dijo que estaba bien, la realidad era muy distinta. Christian le dice que deben ser sinceros y que debe decirle la verdad no lo que cree que él quiere escuchar. Ana le confiesa que no le ha gustado lo que le ha hecho y que prefiere no volver a pasar por eso. Christian le contesta: es que me gusta el control que me proporciona, Anastasia. Disfruto castigándote. No pretendo cambiarte, sólo me gustaría que mostraras respeto hacia mí y no desafiaras las normas que te he impuesto.

Ana no puede entenderlo. Él está triste viéndola así como está, llorando y sin embargo admite que quiere continuar pegándole. Él continúa. Yo soy así Anastasia. Necesito tener el control sobre tu persona. Me excita ver que eres mía y que puedo hacer contigo lo que me venga en ganas. ¿Porqué no me contestas Anastasia? Tanto te intimido? Por email siempre me dices lo que piensas pero ahora no hablas. ¿Me puedo quedar? Quédate, quería que vinieras. Se acuesta a mi lado. Con cuidado se acerca, me rodea con los brazos y me estrecha contra él. Abrigada entre sus brazos, caigo en un tranquilo sueño.  
 


lunes, 20 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (PARTE XIV)







Llega el día de la graduación de Ana. Está muy nerviosa porque sabe que Christian hablará en el acto y forzosamente deberá estar ahí. Once en punto arriba el rector acompañado por los tres vicerrectores y los profesores, todos vestidos de rojo y negro. En el fondo del escenario está Kate, que tiene que pronunciar un discurso. Christian está a su lado. Lleva puesto un traje gris y presenta un aspecto muy serio y autosuficiente. Al desabrocharse el saco se le ve la corbata. Es la misma que usó en la relación que tuvieron para atarle las manos y luego atraerla hacia él. Está convencida que se la ha puesto a propósito, para provocarla. Las chicas a su alrededor cuchichean sobre su prestancia. Lo ve que disimuladamente recorre la sala con la mirada y piensa que está tratando de ubicarla a ella, hasta que lo logra, porque un segundo más tarde sus miradas se cruzan.

Cuando el rector finaliza su discurso, Kate avanza por el estrado y el salón estalla en aplausos. Su tema es: ¿qué esperar después de la facultad? Sobre el final todo el mundo se pone de pie y la aplauden vitoreándola.

El rector se levanta y presenta a Christian, benefactor importante de la universidad. resaltando su brillante carrera como presidente de su próspera empresa, lugar al que ha llegado por mérito propio. Christian habla mesuradamente y con suavidad. Cautiva al público en general, que lo escucha con atención.

Se muestra agradecido por haber tenido el honor de hablar sobre el trabajo que está desarrollando el departamento de ciencias medioambientales de la facultad. Señala el propósito de llevar a la práctica métodos de cultivo viables y que se puedan sostener en el tiempo, para los países tercermundistas, con el único objetivo de erradicar el hambre y la pobreza mundial. Al expresar que sabe por experiencia propia lo que es pasar hambre, su trabaja le significa un desafío personal.

Cuando Ana se entera que ha pasado por esa situación, eso la ayuda a empezar a entender a este hombre. Recuerda por Kate que fue adoptado por la familia Grey alrededor de los cuatro años, pero no cree que esta familia lo haya hecho pasar hambre, por lo que tuvo que haber sido antes, siendo más pequeño.

Estalla el aplauso. Christian ha terminado de hablar. Seguramente lo debe haber hecho muy bien pero la mente de Ana esta demasiado lejos de ahí.

Comienza el proceso de entrega de títulos. Después de una hora Ana escucha su nombre y cuando sube al estrado a buscarlo, Christian le da la mano y la felicita. El contacto le hace sentir como una descarga eléctrica. Vuelve a su lugar y cuando la ceremonia concluye se le acerca Kate para decirle que Christian quiere hablar con ella. Ana fue a la ceremonia con su padrastro Ray así que le hace señas con la mano para que la espere. En ese momento siente que Christian la toma del brazo y en un lugar apartado le dice que ha estado todo el día preocupado por ella, porque no recibió noticias y temía que algo le hubiera pasado con su auto. La realidad es que Christian quiere saber si ya tiene una respuesta para darle respecto al contrato que le ha dado.

Ana trata de no brindarle ninguna respuesta y le dice que su padrastro la está esperando. Sale en busca de él. Al regresar con su padre a la carpa para el brindis, se encuentra con Ethan, el hermano de Kate, que la toma de la cintura y la besa. Cuando levanta la vista, Christian está ahí formando parte del grupo. Kate lo presenta a todos como el novio de Ana. 

Por un momento quedan a solas. Ana se altera y Christian le dice: Ana, sabes que todo irá bien… y ella le contesta en voz baja… pero quiero más. ¿Más? Más… una minipalabra pero cargada de promesas. Quieres flores y corazones. Asiente con la vista. Anastasia… de ese tema no se demasiado. Tampoco yo. Ana respira hondamente De pronto lanza un: De acuerdo… lo intentaré. ¿Estás de acuerdo? Dice Christian y no puede creer lo que está escuchando. Sí, lo intentaré, pero dentro de los límites tolerables. Por dentro Ana se dice “Dios mío, acabo de aceptar ser su sumisa”. En ese momento llega Ray, mi padrastro, lo saludamos a Christian y nos vamos. Pero antes de irse se lleva mi mano a sus labios y me la besa con ternura clavando al mismo tiempo sus ojos en los míos. Mi padre me deja en casa. Cuando llega tengo mensajes y llamadas perdidas por todos lados. La mayoría son de Christian. Su preocupación es saber si ha llegado bien con ese escarabajo que él odia. Ana le manda un mail diciéndole que si quiere puede ir a verlo esa misma noche, en cambio él le pide que lo espere y se dirige a la casa de ella.

Ella tiene previsto devolverle la colección de libros que le había regalado y los prepara con una cita de Tess: “acepto las condiciones, porque tú sabes mejor cuál tiene que ser mi castigo. Lo único que te pido es que no seas más duro de lo que pueda soportar”.
 

sábado, 18 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (PARTE XI - XII Y XIII)






Ana hizo un esfuerzo sobrehumano y abrió el sobre dispuesta a leerlo. El contrato estipulaba absolutamente de todo, como si ella fuera una cosa, no una persona. Después de los términos fundamentales venían las funciones, la vigencia y la fecha de inicio, la disponibilidad (que sería del viernes a la noche hasta el domingo a la tarde, todas las semanas), la ubicación que sería dispuesta por el amo, las actividades que realizarían, las palabras de seguridad (amarillo para que la sumisa indique al amo que está llegando al límite de resistencia y rojo para indicarle que ya no puede tolerar más exigencias), por último la conclusión y terminaba con la firma de cada uno al pie.

En el Apéndice I seguían las normas respecto a la obediencia, el sueño, que no podía ser inferior a 8 horas diarias cuando el amo no esté, la comida que estipulaba todos los alimentos que debía ingerir, la ropa que no podía ser otra más que la aprobada por el amo, el ejercicio físico con un entrenador personal cuatro veces por semana, la higiene personal y la belleza (que contemplaba la visita al salón de belleza estipulado por el amo para someterse a cualquier tratamiento que considere oportuno), la seguridad personal no debiendo correr riesgos innecesarios, fumar poco, tomar poco y por último el respeto y la humildad que debía demostrar en todo momento que estuviera en su presencia. La violación de cualquiera de estas normas implicaría un castigo a determinar en el momento.

El Apéndice II hablaba sobre los límites que no se podían pasar, que él llamaba límites infranqueables, a saber: actos con niños o animales, con fuego, con agujas, cuchillos, con instrumental médico ginecológico, relacionados con el control de la respiración, contacto directo con corriente eléctrica, fuego o llamas en el cuerpo, actos con orina, defecación o excrementos.

El Apéndice III eran los límites que el amo consideraba tolerables a convenir entre las partes y en ellos se refería a los castigos que estaba dispuesta a tolerar, vendaje de ojos, mordazas, ataduras, vibradores, tipos de penetración, azotes, latigazos, pinzas genitales, cera caliente, otros métodos de dolor. Y ella no puede tocarlo.

Ana aleja el texto y la cabeza le da vueltas. No puede creer lo que está leyendo.   

A Ana le da mucha rabia que el único hombre que le ha gustado en su vida, llega a ella con semejante contrato. Le atrae, le atrae muchísimo y lo desea pero es demasiado. Piensa que por suerte hay cláusulas que le permiten discutir los puntos antes de aceptarlos.

Al día siguiente RECIBE una laptop de regalo y Ana no se da cuenta que es para tenerla permanentemente controlada. La carcome una pregunta ¿porqué es así él? ¿Porque lo sedujeron cuando era muy joven?

Deja el contrato a un lado y comienza a embalar las cosas de su habitación. Cuando levanto la mirada Christian está parado en la puerta de su cuarto. Maldita Kate que lo ha dejado entrar sin pedirme permiso. Cuando me permito darme cuenta… ya me está poseyendo…. y es increíble.

Es la primera vez que traigo un hombre a mi casa y la he pasado muy bien, pero ahora me siento como un vaso vacío que se llena a su antojo. Él no puede, no le interesa o no quiere ofrecerme nada más, pero yo quiero mucho más.

Christian me invita a cenar la noche siguiente y se va. Cuando me voy a dormir en mi bandeja de entradas tengo un e-mail donde me dice que está impaciente esperando mis notas sobre el contrato.

Le contesto también con un e-mail donde le detallo una larguísima lista de objeciones.

Su respuesta me tranquiliza porque al menos está dispuesto a negociar mis objeciones.

Kate me presta un vestido para salir esa noche a cenar con Christian… negociaremos el contrato.

Cenamos en un comedor privado del hotel donde él se encuentra alojado.

Le digo que la vigencia del contrato será de un mes y que además necesito un fin de semana libre. A Christian un mes de vigencia le parece demasiado poco, teniendo en cuenta el fin de semana libre que le exige. Finalmente Ana cede que la vigencia sea de tres meses. Pero ella también exige y quiere saber porqué no lo puede tocar a él y porqué no puede tampoco dormir con él en su cama. Piensa que es por la Sra.Robinson, que es quien lo inició en el sexo a los 15 años, pero por única respuesta le dice “porque no”.

Cuando terminan de cenar Ana se prepara para retirarse porque sabe que si dilatan un poco más la tertulia terminarán en su habitación y ella no quiere. Han discutido mucho sobre las normas y las exigencias y aunque siente por él una atracción increíble, tiene miedo. Además al día siguiente es la ceremonia de la entrega de títulos y debe marcharse.

Christian le pide que se quede, ella insiste en irse. Él le señala que cuando la conoció pensó que era una sumisa nata, pero que ahora se está dando cuenta que no tiene madera de sumisa. Cuando se le acerca, le pasa el pulgar por el labio inferior y le dice: No sé hacerlo de otra manera, Anastasia, soy así.

La acompaña al estacionamiento y cuando ve el coche de Ana dice horrorizado ¿ése es tu coche?Sí Christian, éste es mi coche y ni se te ocurra comprarme uno.

Ana sube al auto y mientras se va alejando comienza a llorar. No sabe bien porqué llora. Hemos hablado mucho. Él ha sido claro, pero me desea y yo necesito más, pero en el fondo sé que no es posible y eso me abruma. Si lo aceptara y una noche saliéramos no sabría cómo presentarlo. No podría presentarlo como mi novio. Además no me dejará dormir con él, porque no ha dormido nunca en su cama con ninguna mujer ni tampoco me permitirá tocarlo. No me parece que éste sea el futuro que quiero para mí. Por otra parte si le digo que sí y dentro de tres meses él dice que no, me habré involucrado sentimentalmente y habré hecho cosas que no estoy segura que quiera hacer y luego deberé tirar todo por la borda. Prefiero retirarme ahora y de paso mantendré mi autoestima más o menos intacta. Pero por otro lado la idea de no volver a verlo me destroza. No sé qué hacer.

Cuando Ana llega a su casa tiene un e-mail en la bandeja de entradas. Christian le dice que en verdad desea que esa relación funcione y que debe confiar en él. Cuando lo lee se larga a llorar. Piensa en cuantas veces le advirtió que se mantuviera lejos de él, porque no era un hombre para ella, que él no tenía nunca novias, que no era un hombre que mandara flores, que no hacía el amor y que lo hacía de esa manera porque no sabía hacerlo de otra. Y Ana piensa… Yo tampoco sé hacerlo de otra manera. Tal vez juntos podríamos encontrar un camino distinto.



jueves, 16 de mayo de 2013

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (RESUMEN CAP.I AL X)


  
 
Retomo a partir de mañana la narración del libro "Cincuenta sombras de Grey" -cuyo relato tuve que interrumpir- a partir de su capítulo XI. Hoy les haré  una breve reseña de lo narrado, para ponerlos en tema a quienes nunca lo escucharon o para aquellos que deseen recordar lo que ya han oído.  
Su nombre es Anastasia Steele, pero todos la llaman Ana.
Ese día tiene que cubrir a su amiga Kate, que está enferma. Debe hacerle una entrevista para la revista de la facultad, a un megaempresario de nombre Christian Grey.  Ana está estudiando para los exámenes y no le viene nada bien dejar de hacerlo para darle una mano a su amiga, pero Kate le ha ofrecido compartir con ella el departamento que le regalaron sus padres y le debe una, no puede decirle que no. 

Christian Grey es un maniático del control y la manipulación. Ana le explica que está reemplazando a su amiga Kate, que no tiene nada que ver con la revista de la facultad y que no está muy acostumbrada a realizar entrevistas, disculpándose de antemano si no lo hace del todo bien. 

Sabe por Kate que Christian es hijo adoptivo y tiene un hermano. una hermana y unos padres que lo quieren mucho. Al conocerlo, se siente terriblemente atraída por él y al parecer a él le pasa lo mismo.

Desde el día de su entrevista con Christian, el hombre se le aparece en todos lados... incluso en la ferretería donde ella trabaja para solventar sus gastos. 

Como he dicho la atracción es mutua y no tardan demasiado en enredarse sentimentalmente y también sexualmente. Pero para ella es su primera vez y él se fastidia cuando se entera. 

Mientras tanto su hermano Elliot comienza a cortejar a Kate y se genera un muy buena onda entre ellos.

Ana se entera que Christian tiene un cuarto en su casa que él llama su cuarto de juegos. Cuando la lleva a conocerlo, se sorprende al ver las esposas y cadenas que cuelgan del techo, látigos, fustas y curiosos instrumentos con plumas. Una larga mesa de dos metros y dos bancos debajo de ella. Pero el dominio de la habitación es la cama, con más cadenas y relucientes esposas. Lo único que cubre el colchón es una piel roja y muchos almohadones rojos, de satén.

Ana muestra su disgusto por lo que acaba de ver, así que cuando Christian le propone ir a pasar los fines de semana a su casa, dispone para ella una habitación que podrá redecorar a su entera satisfacción. 

Ha firmado un acuerdo de confidencialidad que él le ha presentado, con normas que deberá cumplir. Además pretende hacerle firmar un contrato especificando lo que harán y lo que no harán. Ella se siente mal negociando un acuerdo tan extraño. En el acuerdo, él se llama a sí mismo El Amo y a ella la llama La Sumisa. Está especificado absolutamente todo lo que deberá hacer y lo que no deberá hacer. A medida que él se lo va leyendo Ana le dice qué es lo que acepta y qué no... y sorprendentemente él hace lugar a esos cambios.

Un fin de semana que están juntos, llega a la casa de Christian, su madre, sin avisar y su sorpresa es mayúscula cuando se entera que está en su dormitorio con una mujer; nunca antes en 28 años lo ha visto con una chica. Le presenta a Ana, al tiempo que le dice que es la primer mujer que su madre conoce. Cuando se retira, la dama le acerca la mejilla a su hijo, él la besa rápidamente, pero ella no lo toca.

Ante la pregunta de Ana sobre las relaciones no convencionales que él tiene por costumbre llevar a cabo, Christian le cuenta que a los quince años lo sedujo una amiga de su madre, que tenía gustos muy especiales y de quien fue Su Sumiso durante seis años. Acepta que su iniciación al sexo no ha sido demasiado corriente, sobre todo porque esa mujer era mucho mayor que él. También le confiesa que sigue viéndola pero que en la actualidad no son más que amigos.

Ana se entristece pensando en lo que debe haber pasado; un joven privado de su adolescencia y del que abusaba sexualmente una malvada mujer.

Cuando Ana se va de la casa de Christian, se prepara a pasar junto a su amiga dos semanas de vacaciones.

En su cartera está el contrato que él le ha dado y que deberá leer íntegramente antes de volver a estar juntos, para darle su veredicto o no. Ignora si tendrá la fuerza necesaria para sentarse a leerlo. Piensa que aunque lo ama, no está dispuesta a que su vida junto a él sea sólo sexo.