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sábado, 15 de junio de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE DARIO




Empezó a analizarse hace dos años conmigo. Vino derivado por Andrés, otro paciente que era su amigo. Andrés tenía una visión muy positiva de él. Me lo pintaba siempre como un ganador, un seductor. El que se convertía inmediatamente en el centro de la escena donde nos encontráramos. Era docente y de los buenos. Profesor de música, recibido en el Conservatorio Nacional, pero además tocaba el piano y componía muy bien. Cuando lo conocí, coincidí de entrada con el perfil que me había pintado Andrés, pero su ingenio y humor eran tan excesivos que su conducta se me hacía un tanto maníaca. Trabajaban los dos en el mismo colegio, donde Andrés dictaba matemáticas.

Cuando indagué un poco su historia me contó que era hijo único. Sus padres formaron una pareja  hermosa al punto que siempre soñó formar una pareja como la de su padre… y yo pensé… y la pareja de su padre es su madre. Darío me vino a consultar debido a su relación con Silvina, su novia. Ella es profesora de gimnasia en el mismo colegio donde él enseña y él es terriblemente celoso. Dice que se viste provocativamente, que las calzas son muy ajustadas y que las polleras son muy cortas. Tiene un físico tan espectacular que todo el mundo la mira. Y a mí esta situación me pone loco y vivimos discutiendo. En realidad yo en mi cabeza sé que ella sería incapaz de engañarme pero en el corazón siento lo contrario y no lo puedo evitar. Cuando un paciente reconoce esto, que lo que le pasa es más fuerte que él, está pidiendo ayuda y allí mismo nos elegimos mutuamente y vendría a una sesión semanalmente y usaríamos la técnica del diván.

Al principio lo dejé hablar todo lo que quiso, para más adelante empezar a explicarle el tema de los celos. Le expliqué que en los celos hay siempre una relación de tres. Él, su amor y el otro. El otro cambia permanentemente pero está siempre ahí y seguramente lo prefiere al otro porque vale más y es mejor que yo. Hay mucha inseguridad y baja autoestima. Cuando le pregunté si la amaba me dijo: obvio que la amo. No, no es tan obvio, porque el amor es algo bastante más complejo de lo que uno cree. Entonces le expliqué que en el desarrollo del amor madura hay tres momentos: enamoramiento, desilusión y aceptación. En la primer etapa uno idealiza a la pareja. Es el ser más perfecto del mundo y carente totalmente de errores. En la segunda etapa empezamos a ver algunas imperfecciones. Notamos que en algunas situaciones no tiene un carácter tan genial y que además en algunas cosas se equivoca. Y así como en la primer etapa ya estábamos dispuestos a casarnos, en la segunda probablemente queramos separarnos para siempre. El verdadero amor es el tercer momento, que es cuando vemos al otro como realmente es. Tiene virtudes para disfrutar y aceptamos sus faltas. Éste es el único amor que tiene posibilidades de proyectarse sanamente en el tiempo. Darío me dijo que él pensaba que continuaba viviendo en la primer etapa y que para él ella era la valiosa. No lo creo, algo bueno debés tener para que alguien tan especial como decís que es Silvina te esté eligiendo para ser su pareja. Me dijo que no… que él hacía muchas cosas para que ella lo quisiera… le cocinaba, la llevaba y la iba a buscar con el auto siempre, le hacía todos los trámites… Le dije que entonces él vivía disfrazado para gustarle a ella… de chef, de chofer, del che pibe… pero que ella todavía no conocía al Darío auténtico.

En la siguiente sesión me contó un sueño donde me decía claramente que todas las miradas estaban puestas en Silvina. Y yo le dije: y que querías… que estuvieran puestas en vos? Para mi sorpresa, luego de un suspiro, me contestó: Resulta que yo, muy de vez en cuando, obligo a la gente a que me mire. Le dije: hablá, te escucho. Me contó que a veces antes de volver a su casa solía ir con el auto hasta un barrio humilde del conurbano y empezaba a recorrer las calles en busca en una mujer cualquiera. Me paro en una calle oscura y me masturbo pero sólo para excitarme… entonces empiezo a dar vueltas con el pene afuera y cuando veo la mujer adecuada, me acerco, bajo la ventanilla, la llamo con cualquier excusa y cuando ella viene me ve con el pene erecto. Y ahí le digo algunas cosas y me voy. El aire se cortaba con un cuchillo, aunque yo tuve que disimular y continuar con cara de póker sin decir absolutamente nada. Convinimos en que no se trataba de cualquier mujer… debía ser más o menos grande, sencillas, generalmente feas, no tienen lindo cuerpo ni linda cara. Y bueno, terminan puteándome y pateándome el auto.

En la sesión siguiente me cuenta otro sueño. Está en una mansión. Pasa por una habitación y escucha que dentro un niño de 5 o 6 años está llorando; me quedo paralizado y no puedo hacer nada. En la habitación de al lado hay una pareja peleando. El hombre maltrata a la mujer, la insulta, le pega. Tampoco puedo actuar en esta oportunidad. De repente ella grita y yo me despierto. Damián… decime qué se te ocurre de este sueño. Yo sentía bronca e impotencia por no poder hacer nada. Ese chico está escuchando todo, está asustado, abandonado por los padres, que están… que están… que están teniendo relaciones! Grita y se pone a llorar. Lo dejo un rato y luego le explico: Darío, cuando dormimos la psiquis a veces genera un sueño constituído por deseos inconscientes para lograr una satisfacción que no puede ser lograda en la realidad. Por lo general son deseos tan prohibidos que no soportaríamos ni siquiera hablar sobre eso. En el sueño aparece disfrazado. ¿Viste cuando uno dice “estaba vestido como mi padre, pero no era mi padre”… y eso es para eludir la misma represión que le impide surgir durante sus horas de vigilia. Generalmente se reviven traumas no resueltos justamente para intentar resolverlos. Pero a veces la psiquis no puede disfrazar muy bien el hecho traumático y en esos casos uno se despierta angustiado, como te pasó a vos. ¿Quiere decir que lo que soñé se parece mucho a algo que deseo inconscientemente o a algo que yo viví? Más bien, que creíste haber vivido. Vamos Darío, yo te ayudo. El chico soy yo…y el que recorría la casa también. Yo no debía estar allí en ese momento, porque ese chico está escuchando todo lo que pasa en la habitación de al lado. Pero Gabriel, en el sueño el hombre le está pegando a la mujer y mi papá jamás le pegó a mi mamá… Darío… para la mente de un niño puede ser, pero analizalo como adulto… el hombre le decía puta, perra… Él parece ejercer dominio sobre ella. Vení, tomá, ponete así, hacé esto o aquello… y la mujer que se queja tal vez está gimiendo… hasta que pega un grito… lo más probable es que ha tenido un orgasmo. Y ahí te angustiás y te despertás.

No volvimos a tocar el tema. Como a las tres semanas vino Darío y me contó que recordó que cuando tenía 5 o 6 años una noche se puso boca abajo en la cama y se tapó la cabeza con la almohada para no escuchar los ruidos que había en la habitación de al lado. Y recordé que eso mismo había pasado muchas noches.

Vos me dijiste que la pareja de tus padres era un ejemplo y es posible que sea cierto, pero a lo mejor se dedicaron demasiado a ser pareja y no se ocuparon de ser padres. Y creo que tus episodios de exhibicionismos debe tener que ver un poco con eso… a vos te obligaban a escuchar y vos obligabas a mirar. Y las mujeres tenían que parecerse a tu mamá… Noooo, porque eran feas y mi mamá es hermosa. Claro, no son como ella, sino como a vos te hubiera gustado que fuera tu mamá. Y los celos es la transferencia que hacés también de tu mamá a tu novia. Si tu mamá le daba a otro lo que vos deseabas que te diera a vos, pensaste que cualquier mujer te haría lo mismo.

Un año más tarde, a lo largo del cual trabajamos sobre estos temas, Darío decidió mudarse de su casa. La relación con sus padres mejoró mucho. Se peleó con Silvina y prefiere quedarse solo hasta que no supere el tema de los celos. Desde aquella famosa charla que tuvimos, no volvió a realizar actos exhibicionistas.

viernes, 7 de junio de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE MAJO


 

Dos semanas más tarde me llamó y me dijo: hola Rolón? Soy Majo, te acordás de mí. Sí, por supuesto. Bueno, cuando puedo ir a verte. Coordinamos día y hora y exactamente en el momento que debía estaba entrando en mi consultorio. No estaba demasiado acostumbrado a atender a adolescentes y cuando lo hacía los hacía sentar frente a mí, cara a cara y no les ofrecía el diván, pero en este caso me pareció mejor que hiciera diván.
 
Le expliqué que las primeras cuatro sesiones iban a ser para conocernos superficialmente y después de eso,  tener la  posibilidad cada uno de nosotros de decidir si estábamos conformes con el paciente y con el terapeuta.
 
Majo me dijo que ella ya lo había decidido y que no necesitaba las cuatro sesiones para resolverlo, pero que si ese era su estilo para comenzar la terapia ella no iba a poner objeciones. Pero eso sí… ni se te ocurra decirme que no me aceptás como paciente.
 
Durante esas cuatro sesiones me contó que estaba un poco gordita, teniendo en cuenta que ella era bailarina, clásica de niña pero que ahora le gustaba el hip hop y la comedia musical. También cantaba pero no tan bien como le hubiera gustado. Me dijo que algún día a lo mejor me cantaba algo.
 
Tuvimos las cuatro sesiones y comenzamos la terapia propiamente dicha.
 
Majo tenía los problemas típicos de su edad. No le gustaba mucho estudiar y sentía que lo hacía para satisfacer a sus padres. Lo suyo era el arte, bailar y cantar, pero sus padres querían que tuviera un título para asegurarse su futuro, tenían miedo que no se pudiera defender. Yo le pregunté si ella no le tenía miedo al futuro y me dijo que no. Entonces me atacó diciendo: mirá, hay un tema que no es que le tenga miedo, en realidad tengo curiosidad por saber de qué se trata…. La muerte. Sabés… cuando tenía 6 años se murió mi abuela. Yo tenía adoración por ella. Ella era la que más me conocía porque todo lo hablaba con ella, hasta de sexo. Jamás toqué con mis padres ese tema. Pero un día me dijeron que mi abuela se había muerto. Quise ir a verla. Mi mamá me alzó y le dí un beso en la frente. Yo sabía que esa no era mi abuela… mi abuela ya se había ido y no tenía la menor idea dónde estaba en ese momento. Y a partir de ese momento sentí la enorme necesidad de saber qué era la muerte. Otro día te voy a contar algo… hoy no porque no tengo ganas. Pero yo ya sabía que tenía algo importante que decirme, que estaba relacionado con la muerte y que además la angustiaba porque no había querido tocarlo en ese momento.
 
Dos meses más tarde de esta sesión, llegó un día muy contenta. Me dijo que me sentara en el sillón y que cerrara los ojos. Puso un disco en la grabadora y comenzó a entonar un tema. Cantaba muy bien… con algunas imperfecciones propias de los principiantes, pero se defendió muy bien. Después me dijo que eso no era lo único que había traído ese día. También tenía algo para contarme.
 
Mirá, esto que te voy a contar fue hace dos años… había discutido con mi novio y estaba muy deprimida. Pensaba mucho en mi abuela y en cuánto me hubiera gustado tenerla ahí conmigo. Pensé en contactarme con ella de alguna manera y entonces fui hacia ella… fui hacia la muerte. Tomé unas pastillas para dormir que había en el botiquín del baño, con la intención de saber qué es la muerte y me las fui tragando de a una, porque la realidad es que yo no me quería morir, sólo quería saber qué se sentía cuando uno estaba próximo a…. pero en un momento empecé a sentirme muy mareada, así que como pude fui al cuarto de mi hermana, le pedí ayuda y cuando me desperté estaba en la habitación de un sanatorio… y bueno… lavaje de estómago y todo lo que se estila en esos momentos.

Yo tenía la plena seguridad que esto no se lo había contado a nadie… es más, creo que ni siquiera lo había hablado alguna vez con ella misma. ¿Y tus padres qué te dijeron, qué hicieron? Nada, me preguntaban el porqué y yo les decía que había querido saber cómo era morirse… Me dio mucha pena por ellos, por verlos sufrir tanto por miedo de que muriera, pero ¿tan mal está querer saber? …. No Majo, pero vas a tener que aprender a pasar por la vida sin saber nunca determinadas cosas, igual que todos nosotros. Por ejemplo, nunca vamos a saber qué es la muerte y qué es Dios.
 
Nuestro trabajo continuó por tres años más y de a poco Majo fue elaborando el duelo por la muerte de su abuela. El tema muerte ya casi había desaparecido de nuestras sesiones, hasta que un día fue a hacerse los estudios necesarios para ingresar a la facultad. Cuando vino a la sesión hablamos sobre la discusión que había tenido con su novio y diez minutos antes de irse y casi sin darle importancia, me dijo: tengo leucemia y me contó cómo se había enterado. Le dije que iría a hablar con el médico y con sus padre y aceptó y hasta me lo agradeció infinitamente.
 
Le pregunté si tenía miedo y le dije que pasara lo que pasara yo estaría siempre a su lado. Ella me dijo que tal vez fuera esa la oportunidad de averiguar cómo es la muerte. Nos despedimos los dos con los ojos llenos de lágrimas.
 
Yo trabajaba con un grupo de jóvenes, en terapia grupal, desde hacía un tiempo y se me ocurrió integrar a Majo al grupo porque podía serle de gran ayuda, pero previamente debía consultarlo con todos los jóvenes del grupo. Les dije que se trataba de una jovencita que tal vez tuviera una enfermedad terminal. Al cabo de una semana me dijeron que no tenían problema en recibirla.
 
El día que Majo vino a la primer sesión con el grupo, se presentó a todos y les contó que ella era actriz y que bailaba, cantaba y estudiaba recursos humanos, pero a su enfermedad ni la mencionó. Nadie decía una palabra al respecto, hasta que en la mitad de la sesión uno de sus integrantes dijo: Gabriel, aquí está pasando algo que nadie quiere abordarlo y yo siento necesidad de hacerlo, porque no sé si le puedo servir para algo a una persona que se está por morir. Se hizo un silencio sepulcral y fue Majo quien habló: ¿te referís a vos? Porque vos también te vas a morir. Tenés 35 años, no tenés novia, no te llevás con tu familia, no tenés amigos, estás solo como un perro y por lo que sé hace como 2 años que no tenés relaciones sexuales con nadie.  Así que no me tengas lástima a mí, que tengo 22, estoy rodeada de gente amiga y anoche tuve un sexo increíble con mi novio. Sí, es cierto, yo tengo mi problema, pero vos también tenés el tuyo, así que porqué no vemos si nos podemos ayudar mutuamente. De esta forma Majo pasó a liderar el grupo y su dinámica.
 
Cuando empezó con la quimio a veces no podía venir así que yo iba a su casa y hacíamos terapia allí, pero nunca dejé de estar a su lado. El médico me dijo que no había esperanzas y que iban a operarla para hacerle un autotransplante de médula. Después de la operación el médico me dijo: licenciado, esto ya no se puede remontar, salvo que crea en los milagros. Yo, a pesar de todo confiaba en que la situación se revirtiera. En nuestras sesiones, si bien hablábamos de su problema, jamás fue el centro de la sesión. Poco después la internaron de urgencia… había tenido una recaída. A la noche su padre me llamó para decirme que Majo acababa de morir.

Ella siempre había sentido curiosidad por saber qué era la muerte, a pesar de que quería vivir plenamente, así que le pregunté a su madre si había dicho algo antes de morir y su madre me dijo que sus últimas palabras habían sido: “así que esto era la muerte”.


jueves, 6 de junio de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE CECILIA

 
 
 

Cecilia hace dos años que inició su terapia debido a que se encontraba muy angustiada. La primera vez que me vino a ver, me contó que tenía 38 años, estudios terciarios y que era decoradora de interiores y a veces también como extra se encargaba de ambientar salones de fiesta. Después agregó que el verdadero motivo de su consulta era porque estaba muy gorda y era homosexual y me dijo: ud cómo me ve Gabriel? Le dije que eso no tenía importancia, que lo que importaba era cómo se veía ella. Me explicó que comía y comía porque tenía una ansiedad que no sabía cómo pararla y que entonces cada vez le costaría más conseguir una nueva pareja.

Entonces quiere decir que ya tuviste una pareja… ¿y qué pasó?

Que decidió abandonarme porque se quiso ir a vivir a otro país.

Pero no te lo compartió? Te sugirió irse juntas a vivir a otro lado?

Sí, pero yo tenía que abandonar todo lo que estoy haciendo. Yo aquí tengo toda mi vida ya organizada, un buen empleo, me parece absurdo largar todo para empezar de nuevo en otro lado por simple calentura.

Entonces ella no te abandonó, vos la abandonaste a ella no acompañándola. Que te quede claro eso.

La sesión había llegado a su fin y quedamos en continuar en la próxima visita.

Después de algunas visitas me contó que tenía una nueva pareja, Sofía.

Entonces no te costó tanto conseguir otra pareja, como vos pensabas? Viste?

Sí, pero es distinto, porque a mi anterior pareja todos la conocían y entonces íbamos juntas a todos lados. En cambio con ésta tengo que empezar todo de nuevo y eso me pone mal. Después añadió que su madre había muerto y que vivía con su padre, a quien lo protegía como si fuera su hijo, y con un amigo.

En un momento, pero sin darle demasiada importancia, me dijo que ella suponía que su ansiedad se debía a su cambio de sexo, que todos lo sabían pero lo ocultaban y naturalmente ella vivía fingiendo

Cómo es eso? Le pregunté.

Bueno, sí, que es como un secreto a voces. Nadie habla de eso. En mi casa nunca se habla de nada. Hay temas que son tabúes dentro de la familia. Yo, por ejemplo tengo una hermana-tía…

¿cómo? Me explicás? Porque no te entiendo.

Sí, resulta que mi mamá, cuando era muy jovencita, tuvo un bebé… y sus padres, para salvar el honor de la familia, según dijeron ellos, la criaron como si fuera otra hija más o sea otra hermana de mi mamá… ¿me explico? Es decir que es su hermana pero en realidad es su hija y es mi tía pero en realidad es mi hermana. Sí, es un poco complicado pero creo que le quedó claro, sí?
 
Sí, entendí, y entonces?

Bueno, eso lo saben todos en mi casa pero el tema no se tocó jamás y con todo se hace lo mismo que se hizo con eso. Yo no soy la única homosexual de la familia, tengo una tía y una sobrina que también lo son, todos lo saben, pero nadie dice nada. Yo tengo mi pareja pero para ellos siempre fue mi amiga, sabiendo que es mucho más que eso, pero jamás se habló al respecto.

Yo necesito decir que soy gay. Tampoco te digo que voy a salir con una pancarta a contárselo a todo el mundo o con un megáfono por la calle, pero me gustaría vivir mi vida con más naturalidad. En cambio me la tendría que pasar dando explicaciones.

Esperá, porque eso que vos llamás explicaciones, en realidad son aclaraciones solamente. La diferencia entre una y otra cosa es que cuando explicás algo es para justificarte, en cambio cuando lo aclarás no defendés nada, simplemente estás contando tu verdad.

Y bueno, por eso yo pensé que mi ansiedad se debe a que yo tengo ganas de contarlo y como no lo hago me desquito comiendo.

¿y si lo querés contar porqué no lo hacés?

Porque me da vergüenza…  convengamos que no es algo normal… la gente espera otra cosa…. Al menos así me criaron a mí… con esa mentalidad.

Bueno, pero pensá que no todos van a reaccionar igual… algunos se espantarán, otros lo aceptarán y para otros será la cosa más común del mundo.

Bueno, creo que mi familia estarían en el primer caso. Yo por ejemplo con nadie de mi familia me animo a hablar de sexo porque tengo miedo que salga alguna conversación que me ponga en un apuro, cosa que no me pasa para nada cuando estoy entre amigos, tanto mujeres como hombres. Gracias a Dios con los demás siempre lo pude manejar con total naturalidad y jamás me sentí inhibida en mis relaciones sexuales. Pero siento que la mochila cada vez me pesa más y ya no sé qué hacer con ella.

Y de dónde suponés que traés esa mochila que vos decís que llevás?

Yo creo que de mi vieja, siempre hablando de la vergüenza y de la culpa, seguramente por lo que había vivido en su adolescencia.

Mirá Cecilia, hay familias en las que cuando surge un problema que no lo pueden manejar,  se hace una especie de “pacto de silencio”. Por ejemplo si alguien en una familia tiene cáncer nadie habla del tema y lo único que hacen es alentar al enfermo diciéndole que pronto estará bien. En realidad lo que están tratando es evitar hablar de la muerte.

Los psicólogos hemos descubierto que la muerte y la sexualidad son los dos temas en los que las familias suelen hacer pactos de silencio, para evitar la angustia. Porque se trata de dos temas sumamente delicados de encarar.

A mí me parece bárbaro que vos te sientas desbordada, porque gracias a eso te vas a animar a enfrentarlo y a decirlo y con eso podrás desembarazarte de la mochila que tanto te pesa y desde hace tanto tiempo.

Obviamente, como dijiste antes, no vas a salir a gritarlo por los pasillos, pero entonces vos serás la encargada de saber a quién te interesa decírselo y aunque se lo quieras contar a todos, al principio tendrás que ir de a poco.

En la sesión siguiente lo primero que me contó fue que cuando se había ido la última vez, había llorado todo el trayecto hasta su casa y que había resuelto contárselo en primer lugar a su cuñada. En realidad todavía no lo había hecho pero le mandó un mensaje diciéndole que tenía que hablar con ella, así que el paso más importante ya estaba dado y eso le había proporcionado una felicidad y una tranquilidad que nunca había sentido.

La próxima vez que la ví me contó que había ido al cementerio a llevarle flores a su madre, que hacía dos años que no la iba a visitar y que cuando tomó el florero para cambiarle las flores y vio la foto de su madre que le traía un montón de recuerdos, agarró el florero y lo reventó contra la tumba.

lunes, 3 de junio de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE AMALIA

 
 

 

Una noche casi a las 12, estaba sentado en el Café Tortoni, esperando que se hiciera la hora porque transmitíamos nuestro programa desde allí y se me acercó una señora. Me dijo que quería venir a verme a mi consultorio, así que le entregué mi tarjeta y nos dijimos hasta pronto.

Cuando se iba ví dos jóvenes que estaban con ella y que luego me enteraría que se trataban de sus dos hijos.

Pasaron como dos meses y no volví a saber de ella, hasta que un día me llama por teléfono y cuando atiendo me dice, hola Rolón, habla Amalia, se acuerda de mí? A todo esto, el día que nos habíamos encontrado ni siquiera me había dicho el nombre así que mal podía identificarla, pero tras cartón me dijo que era la señora que una noche se me había acercado en el café Tortoni para decirme que quería hablar conmigo.

Inmediatamente me acordé de ella y concertamos una cita.

El día señalado a la hora estipulada estaba ingresando. En realidad había llegado un poco antes y se había quedado en la puerta esperando que se hiciera la hora justa.

Amalia me contó que había conocido a su esposo cuando sólo tenía 14 o 15 años y él ya era un hombre de 30. Me dijo que era alto, morocho y muy buen mozo. Se enamoró de él en cuanto lo vio, pero naturalmente nunca le dijo nada debido a la diferencia de edad que había, pero en ese mismo momento se propuso que cuando fuera grande ese hombre iba a ser de ella. Y así fue, con los años se pusieron de novios y se casaron. Tuvieron dos hijos y fueron tremendamente felices. Justamente por eso venía Amalia a verme, porque su marido había muerto siendo aún muy joven, pero ya hacía mucho tiempo y ella no podía superar su muerte. Cuando ocurrió su fallecimiento, su hijo Sebastián tenía 10 años  y Romina 11 y ahora ya eran dos adultos.

Me mató cuando me dijo que su marido había hecho lo que correspondía… morirse joven, porque llegar a viejo es horrible. Yo no podía escucharla decir eso, así que le decía que él se había muerto porque tuvo un caso fortuito que lo llevó a eso, pero que ella no podía decir que estaba bien. Jamás salió con ningún otro hombre y no estaba dispuesta a hacerlo ni por casualidad. Ella lo seguía llorando y criando sola a sus dos hijos. Ella decía que él se había llevado la mejor parte.

Me hacía sentir muy mal lo que estaba escuchando y no sabía porqué, hasta que me dí cuenta que no la estaba escuchando como su analista, sino que había hecho un paralelo con mi verdadera vida y era como haber estado hablando con mi madre. Mi padre también se había muerto muy joven y mi madre jamás había vuelto a rehacer su vida porque no lo había podido olvidar.

Cuando tomé conciencia de lo que me estaba pasando, le conté lo que sentía y le dije que se fuera porque yo en esas condiciones no podía seguir analizándola, de hecho no lo estaba haciendo, de modo que se retiró hasta la próxima sesión.

En la sesión siguiente directamente me sacó el tema de su papá y me contó que también él se había muerto muy joven, dejando a su madre sola con dos criaturas. Ella tenía sólo 5 años y al ver cómo sufría su mamá sintió que tenía que hacerse cargo de su familia. Y fui la protectora de ellos dos. Mi madre era muy débil y mi hermanito era un bebé. Amalia ahora sí que lloraba desconsoladamente.

Entonces Amalia, cuando su marido murió digamos que ud. volvió a revivir todo lo que ya había pasado.

Amalia había idealizado a esos dos hombres y seguía manteniendo su convicción de que los dos habían hecho algo inteligente, que era morirse joven.

Un día vino y me contó que Sebastián se había ido a vivir solo. Ella estaba muy conforme con la decisión que había tomado pero Sebastián a veces se enojaba con ella porque no le permitía ir a visitarla a su casa. Ella me decía que prefería ir ella a su casa con Romina, porque de paso que le limpiaba y acomodaba un poco, le preparaba la cena y después él se podía acostar temprano. Cuestión que hacía como 3 meses que no pisaba la casa de sus padres. Él me dice que es porque estoy enojada porque se fue pero le aseguro que no es así.

Los otros días me contó que Romina le dijo que invitaría a su hermano a cenar a la casa y Amalia le dijo que era mejor ir a un restaurant… porque como ella está con esto de “que no quiere que se vaya” era lo mejor. Inmediatamente la interrumpí y le pregunté si había escuchado lo que había dicho “que no quiere que se vaya” y ella me dijo, no, yo dije “que no quiero que venga”. No Amalia, ud. dijo que no quiere que se vaya. Amalia, a ud. no la angustia que su hijo venga a su casa, la angustia el momento en que su hijo la abandona. Su padre se fue a trabajar y volvió muerto. Su marido estaba internado y la llamaron para decirle que había muerto de un infarto. Pero eso no quiere decir que cada uno que se vaya no va a volver a verlo con vida. Yo entiendo que ud. está muy marcada pero la cosa no funciona así. Invítelo más seguido y va a ver que se va a acostumbrar a despedirlo sin sentir nada malo.

Un día vino Amalia muy angustiada porque a su hija le habían diagnosticado cáncer. Cuando me lo contó, con todo el dolor de mi alma, le contesté: bárbaro, me imagino que estará recontenta. Ella me dijo que era un hijo de puta, pero yo me estaba haciendo eco simplemente de lo que decía siempre ella. Para ella morirse joven era de gente inteligente ¿y ahora estaba contenta también sabiendo que podía perder a su hija? Amalia, su papá y su marido no fueron inteligentes, tuvieron la fatalidad de morir jóvenes, pero no eligieron hacerlo porque era lo mejor. Amalia llora y no dice nada.

Amalia tenía a su mamá muy viejita que luchaba por vivir como una leona y ella se lo agradecía porque no quería perderla. Aunque sabía que ya era muy mayor no se resignaba. Su hija también luchaba y tampoco se entregaba.

Cierto día llegó llorando  a mi consultorio pero con una sonrisa en los labios… me contó que su hija Romina se había curado. Que los análisis habían salido perfectos… pero diez días después falleció su madre.

No tenía consuelo. Admitía que sabía que tenía mucha edad, pero la extrañaba muchísimo. Y bueno Amalia, yo me alegro de oírla hablar así, aunque sienta mucho dolor, porque así son los duelos.

Dos meses más adelante me contó que estaba por cumplir 70 años y quería saber si estaría muy mal de su parte hacer una pequeña reunión, porque quería festejarlo. Hacía muy poco que había muerto su mamá… Le dije que todo lo contrario, que apoyaba su idea y Amalia me pidió que le encantaría que él estuviera presente en su casa ese día. Por supuesto que accedí a su invitación y en el momento del brindis, levanté la copa y le dije: brindo por ud. Amalia y por su recuperación y ella me dijo: no Gabriel… yo voy a brindar por la vida. 


viernes, 31 de mayo de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE MARIANO

 
 
A la hora que habíamos convenido llegó Mariano. Entró despotricando diciendo claramente que estaba podrido, agotado, molesto y enojado. Naturalmente le pregunté con quién estaba tan enojado y me dijo con el mundo.

Bueno, a mí me pareció que con el mundo era algo demasiado generalizado. Le pedí que tratara de acotármelo un poco para ver si llegaba a entenderlo. Me dijo que era una forma de decir…. pero lo que pasa que es importante decir las cosas bien… para que nos entiendan bien… y si está enojado con el mundo es como que no lo voy a poder ayudar.

Entonces empezó a enumarme… su socio que hace todo mal, los clientes que se la agarran con él y los tiempos que se toma la justicia él no los puede manejar, los padres que se ofenden porque no va a comer los ravioles del domingo, la hermana que le echa en cara que no se ocupa de los viejos, la pérdida de tiempo en tribunales.

Cuando vi que la cosa venía tan mal le pregunté qué pasaba con la parte emocional y para mi sorpresa me dijo que eso era lo único que podía decir que le iba a las mil maravillas. Bueno, me tranquilizó porque eso no es poco. Estar bien con la pareja es muy importante. Mi sorpresa fue cuando me dijo que tenía dos parejas y que le iba muy bien con las dos. Me quedé con la boca abierta pero tuve que disimular. Después continuó… qué haría sin ellas dos?

El día que lo conocí estaba por cumplir cuarenta años. Hacía 15 años que se había recibido de abogado y le había ido muy bien en su profesión. Muy buena posición económica y los casos que atendía eran de bastante importancia.

Al año de su graduación se casó con su actual esposa Debora y tenían dos hijos, Luciano y Ramiro de doce y ocho años.

La relación entre ellos era cordial. Estaba contento de haber encontrado tan buena madre y una muy buena compañera.   

Parecía que estaba describiendo a una compañera de oficina, no a su esposa. Eran como la familia Ingalls.

Cuando llegaba hacía siempre lo mismo… se sacaba el saco, se aflojaba la corbata y el cuello de la camisa y ponía el celular apagado sobre la mesita ratona.

Siempre despotricando contra todos. No delegaba nada, porque decía que como él nadie hacía las cosas. Un omnipotente total. Me contó que la hermana se estaba por separar y que el padre le había pedido interceder para ver si podía hacer algo para evitar el divorcio. Claro, como él siempre decía que el único que hacía las cosas bien era él, los padres se lo habían creído y por eso le pedían ayuda a él.

Y así pasaba el tiempo… semanas… meses… hablando siempre de lo mismo pero sin tocar nunca nada un poco más profundo. Yo dudaba que hubiera querido iniciar una terapia para contarme las cosas que me decía. Hasta pensé en decirle que la interrumpiéramos, porque yo me sentía que estaba perdiendo el tiempo y el la plata. En las sesiones me opiaba de lo lindo.

Pero resulta que un día llegó y me pidió permiso para dejar el celular prendido porque tal vez le entrara una llamada que quería atender. Y efectivamente la llamada llegó. Por fin aparecía Valentina de quien nunca había dicho una palabra. No pude evitar escuchar que estaban discutiendo y el se deshacía en disculpas, hasta que ella le cortó.

Entonces le contó que era una relación que “arrastraba” desde hacía 6 años. Que le había impactado desde el día que la había conocido. Tenía 21 años… parecía una loba y con un atractivo sexual que no pasaba desapercibido. De 1,70m de estatura, morocha de pelo negro, cuerpo escultural y muy bonita de cara. Me contó que era extraordinaria en la cama. Yo le pregunté aparte de todo eso, qué sentía por ella y él me dijo que la deseaba. La chica claramente se lo había levantado cuando tenía 21 años, pero ahora tenía 28 y la relación seguía igual que siempre. Era obvio que la chica en algún momento se iba a cansar e iba a empezar a exigir y parece que el momento había llegado. La chica ya tenía una edad que quería formar una familia, tener hijos y todo lo que puede desear una mujer de esa edad, de un hombre que hace 6 años que está saliendo con ella. El le decía que ni loco iba a romper su matrimonio para casarse con ella, porque el ideal de esposa lo tenía en su casa. Y ahora me acaba de llamar gritando porque hoy fui al patio de comida del shopping a comer con mi esposa y mis dos hijos con tanta mala suerte que Valentina estaba comiendo en el mismo lugar. Ahora está furiosa.

Al rato volvió a sonar el celular… era Valentina que le dijo que lo estaría esperando a la salida. Cuando volvió a tocar el tema conmigo, me dijo que para calmar la tormenta había tenido que otorgar ciertas concesiones…. compartir algunos lugares públicos y amigos comunes.

Yo lo escuchaba y no podía creer que ese hombre me estuviera diciendo eso. Así que le pregunté si no se estaba dando cuenta que estaba metiendo la cabeza en la boca del lobo, pero me dijo que él lo iba a poder manejar. Agregó que el sexo para él era muy importante y que el placer que él tenía cuando estaba con ella no lo había tenido nunca con su esposa y que por eso no quería perderla. Yo con ella hago cosas y le pido cosas que jamás podría hacerlo con mi esposa. Aunque nunca lo hablamos ni se lo pregunté, tampoco jamás lo haría porque siento que la ofendería. Mi esposa es una mujer con todas las letras. Yo no pude evitar decirle: y tu amante una putita barata.

Mariano, yo creo que cuando Debora se embarazó de su segundo hijo, dejó de ser la mujer de sus sueños con la que se había casado para transformarse solamente en la madre de sus hijos y la imagen de la familia. Y a partir de ese momento le quitó a las relaciones sexuales que tiene con ella, todo el erotismo que debe tener. Es como que no puede juntar lo sexual con lo familiar. Mariano, va a tener que aprender a ponerle erotismo a su relación con Debora. Ud. siempre necesitó dos mujeres porque no se animó nunca a hacer con una sola lo que hace con cada una de ellas. Va a tener que aprender a amar y desear a la misma mujer.  Pero antes tengo que contarle algo: Valentina me dijo que el viernes llegan sus padres de Tandil y quiere que vayamos a cenar los cuatro juntos. ¿Y lo va a hacer? Piense que cada movimiento que hace alienta y envalentona más a Valentina y la ilusiona con algo que Ud. no está dispuesto a darle. Mariano, hágase cargo… porque llegó a una instancia en la que algo va a perder. Ud. es el que tiene que decidir qué quiere.

Tres días después me llamó para decirme que tenía que hablar urgente conmigo. Quedamos en vernos a las  de la noche. Era el día que tenía que cenar con los padres de Valentina. Cuando llegó a la casa tiró el celular sobre la cama y se fue a bañar. Valentina le mandó un mensaje diciendo: mi amor, mis padres llegarán a casa a las 10. Vení un poco antes. Te quiero. Valen. Al salir de la ducha, Debora me dio el celular y me dijo que leyera el mensaje, que ella ya lo había leído.

Me miró con los ojos llenos de lágrimas y con mucho aplomo me dijo que pensara muy bien la explicación que le iba a dar antes de abrir la boca. Pero que por sobre todo la respetara. Yo me vestí y me vine para acá porque no sé qué hacer.

Bueno Mariano, yo creo que esto, inconscientemente, lo manejó todo Ud. Dejar el celular sobre la cama como para que la bomba explotara en algún momento. Ud. sabía que conscientemente nunca iba a poder resolver el problema en el que solamente ud se había metido. Mi opinión es que le diga la verdad a su esposa, porque ella le pidió que no le mintiera y que la respetara con su respuesta. Mariano decidió contarle todo a Debora y después de llorar mucho juntos decidieron darse una nueva oportunidad.

Durante dos meses estuvieron viniendo a las sesiones los dos juntos. Debora es una mujer muy bella. Pero una noche ella vino sola a mi consultorio porque quería hablar conmigo. Me dijo que esa era la última charla que tendría conmigo porque no volvería, pero que antes de irse me quería decir algo. Yo me dí cuenta que nuestra relación no funcionaba hacía mucho tiempo. Él ya no me veía a mí como a una mujer. Ya no había ni juegos ni sorpresas. Yo también tengo deseos sexuales y hace muchísimo tiempo que me conformo masturbándome y mis fantasías son siempre con Mariano. Pero hace un mes me encontré con un amigo que había salido conmigo cuando era soltera y con el transcurso de las charlas que mantuvimos, comencé a sentir cosas que no sentía desde hacía un montón de tiempo. No me acosté con él porque no lo amo, pero me hizo sentir bien saberme deseada. Que continúo siendo una mujer. Mi marido se acostó con esa chica y yo no me acosté con ese hombre, pero estuve a punto. Así que, ¿cuál es la diferencia? Creo que cada uno hizo lo que pudo. Por eso lo perdoné y decidí darle una nueva oportunidad. Llegó el momento de pelear por nuestra familia. Yo la corregí y le dije: ¿Porqué en lugar de pelear por la familia no piensa primero en pelear por la pareja? Le deseé mucha suerte y me despedí de ella.
 

miércoles, 29 de mayo de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE LAURA





El licenciado Gabriel Rolón abrió su agenda para ver quién era su próxima paciente. Su nombre es Laura y comenzó su terapia porque acaba de separarse de su esposo Sergio. Laura es muy autosuficiente, pero aún así quiere saber la opinión de Gabriel para saber cómo debe encarar el tema con su hija Pilar, de ocho años. Tiene conciencia de que la situación es dolorosa, pero desea que sea lo menos traumática posible. Laura señala todo el tiempo que tanto su esposo como ella son personas inteligentes, por lo que van a sobrellevar la separación también inteligentemente, como acostumbran a hacer todas las cosas. Por de pronto, sin apurarse… Le pregunto qué quiere decir “sin apurarse” . Ella me dice que  no lo puede echar…. Primero tiene que conseguir un buen lugar donde ir a vivir…, por lo que continuarán conviviendo bajo el mismo techo, durmiendo en la misma cama, cenando los tres juntos… o sea, todo igual que antes, aquí no ha cambiado nada.
 
Mi respuesta a todo esto es obvia… Laura, si se llevan tan bien y se quieren tanto ¿porqué se separan? Y Laura me dice que es porque Sergio quiere separarse, aunque ella no piense lo mismo. Laura tiene 42 años, su esposo 43 y la pequeña Pilar, 8 añitos. Laura tuvo una infancia muy triste. Su padre abandonó la familia, dejando a su madre sola con sus dos hijos… ella de 6 años y su hermanito de 4. Nunca más volvieron a saber de él. Su madre se dejó abatir por la depresión y ella la ayudó siempre. A los trece años consiguió un trabajo de mediodía y se hizo cargo de sus estudios secundarios y de su madre y hermano. Estudió medicina y se recibió a los 25 años. También lo ayudó a su hermano en sus estudios hasta que se recibió de arquitecto. Mientras hacía la residencia se enamoró de un médico que trabajaba con ella, Sergio, se casaron y tuvieron a su única hija Pilar cuando ella tenía 34 años. Se consideraba una mujer exitosa. Todo lo había logrado con su propio esfuerzo. Cuando Sergio le planteó que se quería separar yo creo que a ella la sorprendió tanto como a mí cuando me lo dijo. Le pregunté porqué aceptaba dormir con él si ya tenían resuelto separarse y con muchísima soltura me dijo que él mientras estaba con ella la seguía satisfaciendo sexualmente, como siempre. Por lo visto, ni eso había cambiado en esa casa, así que le sugerí volver a tocar el tema con Sergio para saber si había cambiado su idea de separarse. A la sesión siguiente, ni bien entró, me tiró que ya le había dicho a Sergio que se fuera. Esperá Laura, vos le preguntaste si seguía con la idea de irse? Sí… Bueno, te equivocaste en hacer la pregunta, porque tu marido no tiene la idea de irse sino el deseo de irse. O sea que ya no me desea… pero qué le hice? Trabajé hombro con hombro, lo ayudé en todo, soy una buena madre… en qué le fallé? Porqué no me desea más?  Laura, tal vez nunca encontremos la respuesta a esa pregunta, pero la realidad es ésa y vas a tener que aceptarlo.
Bueno, ahora tendré que hablar con la nena para explicarle que desde ahora estaremos las dos solas, porque ese hombre que era su padre nos ha dejado…. Noooo Laura, vos sola no tenés que hablar con la nena, los dos tienen que hablar con ella. Además tu marido no las dejó a las dos, te dejó a vos, pero no a la nena y ese hombre que era su padre, sigue siendo su padre y lo seguirá siendo siempre. Pensá que el padre de tu hija es mejor que el tuyo y no la va a abandonar. No mezcles tu vida con la de Pilar. Traten de acompañar a la nena juntos en su dolor, porque el dolor que va a sentir va a ser inevitable, pero háganle saber que Uds.estarán siempre junto a ella para lo que ella necesite. No se peleen frente a ella porque si ella se siente obligada a defender a cualquiera de los dos, va a sentir culpa por no haber defendido al otro y eso le puede provocar un gran desequilibrio emocional. Y allí dimos por terminada la sesión. Cuando Laura volvió le pregunté si habían hablado con su hija. Me dijo que cuando se lo contaron Pilar les pidió perdón y les dijo que a partir de ese momento se portaría muy bien. Te imaginás que los dos la abrazamos… no podíamos creer lo que estábamos escuchando y le dijimos que ella no tuvo nada que ver en la separación. Pilar comprendió perfectamente la situación. Sergio alquiló un departamento donde disponía de una habitación para su hija y se la amuebló de acuerdo a su gusto porque fueron juntos a elegir el mobiliario.
Con el tiempo noté que Laura evitaba acudir a reuniones sociales. Siempre buscaba una excusa. En esta oportunidad tenía un casamiento pero no quería ir. Le señalé que se estaba aislando de todo el mundo. A vos lo que te cuesta decir es que vas a ir sola y entonces le buscás la vuelta para decir que no. Vos estás enojada Laura, así que ahora andate y pensá con quién estás enojada, porque te la agarrás conmigo y yo no te hice nada.
Cuando volvió me dijo que estaba enojada con todos los hombres que habían pasado por su vida porque todos la habían abandonado. Primero su padre a los 6 años. Cuando estaba por casarme con Sergio, lo busqué y cuando lo encontré me dio tanta pena verlo cómo estaba, que no solo no le dije nada sino que me hice cargo de él. A los 16 se puso de novia con Martín y quedó embarazada. Cuando Martín se enteró se negó hacerse cargo de la situación y también me abandonó. Tuve que abortar el bebé porque no me animé a seguir adelante sola. Y ahora Sergio también me ha abandonado. Laura llora desconsoladamente.
Pasó un año desde su separación. Laura no se animaba a salir con un hombre. Tenía miedo. Le expliqué que el amor entre adultos es diferente al de nuestra adolescencia. Laura captó inmediatamente lo que le quería decir y me contestó: ya sé, ahora es todo al revés, primero tenés relaciones, después empezás la relación si tenés suerte y si creés en los milagros, mucho más adelante te enamorás…. Y sí… es más o menos eso. Laura salió con dos o tres hombres hasta que enganchó con Marcelo. Salió unas cuantas veces con él y un día la invitó a su casa. Todo era mágico esa noche hasta que llegó el momento de desvestirse… cuando me empezó a desabotonar la camisa, me largué a llorar. Tenía miedo de desnudarme frente a un desconocido. Yo ya no soy la misma mujer que enamoró a Sergio. Tuve una hija. Mi cuerpo ha cambiado. Pero Laura, vos enfrentaste cosas muchísimo más complicadas que ésta. Esto es una boludez comparado con todo lo que ya pasaste. Nunca el miedo te paralizó y vas a empezar ahora, de vieja? Estallamos los dos en carcajadas. Me parece que lo que necesitaba era distenderse un poco.