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jueves, 6 de junio de 2013

CINCUNTA SOMBRAS DE GREY - ULTIMO CAPITULO






A la mañana siguiente Christian me despierta muy temprano hablándome muy suavemente en el oído. Cuando salimos está el auto descapotable ya estacionado en la puerta esperando que lo abordemos. Le pregunté a dónde nos dirigíamos tan temprano y me dijo que íbamos al aeropuerto a planear. Cuando llegamos me presentó a Mark Benson, su piloto de remolque, como su novia, que me dijo que me coloque el paracaídas. Christian colaboró en la colocación. Me dice que me ate el pelo y que me siente en el asiento de adelante porque en el de atrás irá él. Como es de imaginar estoy aterrada. Me tomo del asiento con las dos manos. Tengo terror y cuando despegamos siento que el estómago lo tengo en la boca. Hasta los mil metros subimos arrastrados por Mark pero a esa altura nos largó y comenzamos a planear. Tengo terror. Me muestra la palanca que tengo enfrente y me enseña a pilotear. Estoy piloteando, Dios! Me dice que suelte la palanca porque continuará él. El piso está cada vez más cerca y finalmente tocamos el suelo y nos detenemos. Cuando bajamos me estrecha fuertemente y me besa de una manera apasionada.

Cuando volvemos en el auto le digo que me gustó que me presentara como su novia y me dice que es lo que soy para él. Una sumisa pero también su novia y quiere más. Paramos en la ruta a comer unos panqueques. Me mira mientras hace el pedido y me desnuda con la mirada. Le digo que quiero dormir con él en su cama y sorpresivamente me dice que sí, que acepta porque había dormido muy bien conmigo.

Como buen acosador me deja en la puerta de la casa de mi madre, de quien ni siquiera me ha preguntado la dirección, para qué? Si ya la había averiguado… Nos despedimos y me dice que vuelve a la noche. Cuando entro le cuento a mi madre que venimos de planear y que la noche anterior habíamos hablado bastante y que la cosa parecía estar bastante mejor.

Nos vamos al super con mi madre y suena mi celular. Es una comunicación de la empresa donde me había presentado, ofreciéndome ir a trabajar a partir del próximo lunes como ayudante del señor Hyde. Genial! Comenzaría el lunes siguiente a las 8 y media de la mañana. Cuando corto encuentro en mi celular una llamada perdida de Christian, que me llama mucho la atención porque nunca me telefonea. Me dice que no vendrá esta noche porque tiene que volver urgente a Seattle. Nos tomamos la tarde con mi madre para tomar sol al borde de la piscina. Christian me dijo que hablé mientras dormía pero no me quiso contar lo que había dicho y luego me envió un mail diciendo que ojalá me escuchara decir lo mismo en persona cuando estuviera frente a él. Dios! Qué habré dicho?

Estamos con mi madre en el aeropuerto. Debo embarcar para ir a Seattle. No me gusta alejarme de ella. No puedo dejar de pensar en Christian. Sé que he encontrado al hombre de mi vida pero sigo tan insegura como siempre respecto a su amor. No sé siquiera si es capaz de amar. No se quiere ni a él porque no se considera digno de amor.

Ocho horas más tarde aterrizamos y Taylor me está esperando en el aeropuerto. En el viaje le pregunto por Christian y me insiste en que sigue preocupado. Pero no me cuenta más nada. Cuando arribamos al edificio subo al piso treinta y me encuentro con Christian que está hablando por teléfono. Me besa de una manera increíble y le respondo del mismo modo. Me invita al baño a ducharnos en ese mismo momento. Le obedezco porque lo noto muy preocupado. Nos desnudamos y tenemos sexo allí mismo, junto a la ducha.

En el baño hace un calor bárbaro y está lleno de vapor. Mientras nos vamos quitando la ropa para entrar bajo la ducha, le cuento que ya tengo trabajo en la editorial SIP. Lo veo tan dulce que aprovecho para contarle que el próximo jueves debo ir a la inauguración de la exposición fotográfica de mi amigo José y lo invito a que me acompañe.

Un rato después estamos sentados con la bata en la cocina y le pregunto por el problema que lo había devuelto con tanta urgencia a Seattle. Con amargura me contesta que está descontrolado pero me dice que quiere que en quince minutos yo esté en el cuarto de juegos y que me prepare con la ropa que me ha comprado y ha dejado en mi habitación. Pienso que falta muy poco para que me compre un departamento y así convertirme en la amante perfecta.

Quince minutos más tarde estoy arrodillada en la puerta del cuarto. Cuando llega me pregunta si recuerdo las palabras de seguridad y le contesto que sí: amarillo y rojo. Luego veo que toma de la cómoda, un guante de piel y un látigo de tiras con pequeñas cuentas en los extremos. Me pone de pie y me lleva hasta una antigua cama de cuatro postes y me ata los brazos en cada uno de ellos al igual que los piés. Me coloca un auricular muy grande en los oídos y me pone un antifaz. Estoy a su merced. Y cuando activa la música es algo muy celestial. Me acaricia con el guante y después me azota por todo el cuerpo y durante toda la relación me tortura, me hace desear y me lleva al éxtasis.

Cuando me despierto veo la hora y son las cinco. Pienso que por el cambio horario en Georgia son las ocho. Salto de la cama para tomar la píldora. Christian no está a mi lado. Oigo el piano. Está tocando. Siempre ejecuta música triste.Bajo y me siento en la banqueta a su lado. Me sienta encima de él. ¡Dios mío, ahora arriba del piano! Le digo que quiero que me aclare lo del contrato y para mi sorpresa me dice que ya es obsoleto. Que lo que no debo olvidar son las normas que siguen en pie. Además fuimos al cuarto de juego dos veces y no saliste corriendo. ¿Y si no cumplo las normas? Te castigaré. Y si no lo permito? Veré la forma de convencerte. Me alcanza las normas para releerlas. Cuando termino, lo provoco preguntando si quiere darme unos azotes. Me dice que sí y yo salgo corriendo alrededor de la mesa. Nos mantenemos así jugando un rato. Luego me dice que da toda la impresión de que no quiero que me atrape. Y le confirmo su impresión. Para mí el castigo es como para vos que te toque. Se queda helado. ¿Es verdad que sientes eso? Bueno, no es para tanto, pero me das una idea de lo que vos sientes cuando te tocan. ¿Tanto odias lo que te hago? Tengo miedo que me lastimes. Quiero lastimarte, pero no quiero que sea un dolor que no puedas soportar. ¿Por qué? Porque lo necesito. No te quiero decir porqué, sino te irás corriendo y no volverás nunca y me moriría si te perdiera. Castígame, quiero saber cuánto me puede doler. Así veremos si podremos continuar con esto o no. Si yo aguanto, tal vez tú me dejes tocarte. Cuando escucha esto me agarra de un brazo y me lleva al cuarto de juegos.

Me inclina sobre un banco. Tengo la bata puesta. Anastasia… te voy a pegar seis veces. El primer golpe llega con fuerza. Vuelve a hacerlo, y yo cuento… dos. El cinto nuevamente se me clava en mi cuerpo… tres. No puedo impedir que las lágrimas salten de mis ojos. Es peor de lo que imaginé. Cuatro. Me vuelve a pegar. Cinco…Falta sólo uno… aguantaré… séis. Tira el cinto y me estrecha entre sus brazos. Le pido que me suelte y le digo que no quiero que me toque más. Le digo que es un hijo de puta. Que eso es lo que en verdad lo hace gozar…. y verme llorando. Me voy corriendo a mi habitación y me tiro llorando en la cama ¿porqué pude aceptar esa idea? ¿cómo no iba a doler? Su lado oscuro, es demasiado oscuro para mí. Es lo que le gusta, lo que lo excita, pero yo no puedo con esto. No puedo satisfacerlo. No estoy dispuesta a que me pegue así nunca más. Escucho la puerta y siento que se mete en la cama conmigo. Me abraza tiernamente y yo continúo llorando. Me doy vuelta y le digo que estoy enamorada de él y que no puedo dejarlo. Pero él me dice que nunca podremos superar lo que ha pasado. Me levanto y bajo al salón. Pude darme cuenta que se trata de un depravado sin medida, que no tiene capacidad para amar… incapaz de dar y de recibir amor. Voy al baño a ducharme. Me visto. El dolor de mi trasero me distrae del dolor que tengo en el corazón que está completamente destrozado.

Arranco una hoja de mi cuaderno y le escribo: Esto me recordó un tiempo feliz. Gracias. Ana

Entro a la cocina y sobre el desayunador dejo todos los regalos, el teléfono, las llaves del auto, la PC y le pido el dinero que Taylor cobró por mi escarabajo. Ante mi insistencia va al escritorio a extenderme un cheque y mientras espero, pienso que él nunca me ha hecho el amor… Me pide que me quede, pero es obvio que él no puede darme lo que yo quiero y yo no puedo darle lo que él quiere. Me voy llorando desconsoladamente en el asiento trasero del auto que conduce Taylor. Cuando llego a mi casa me tiro vestida sobre la cama y pienso… el dolor físico al que me sometí no es nada comparado con el dolor devastador que siento en este momento y se abandona llorando desconsoladamente..   


HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE CECILIA

 
 
 

Cecilia hace dos años que inició su terapia debido a que se encontraba muy angustiada. La primera vez que me vino a ver, me contó que tenía 38 años, estudios terciarios y que era decoradora de interiores y a veces también como extra se encargaba de ambientar salones de fiesta. Después agregó que el verdadero motivo de su consulta era porque estaba muy gorda y era homosexual y me dijo: ud cómo me ve Gabriel? Le dije que eso no tenía importancia, que lo que importaba era cómo se veía ella. Me explicó que comía y comía porque tenía una ansiedad que no sabía cómo pararla y que entonces cada vez le costaría más conseguir una nueva pareja.

Entonces quiere decir que ya tuviste una pareja… ¿y qué pasó?

Que decidió abandonarme porque se quiso ir a vivir a otro país.

Pero no te lo compartió? Te sugirió irse juntas a vivir a otro lado?

Sí, pero yo tenía que abandonar todo lo que estoy haciendo. Yo aquí tengo toda mi vida ya organizada, un buen empleo, me parece absurdo largar todo para empezar de nuevo en otro lado por simple calentura.

Entonces ella no te abandonó, vos la abandonaste a ella no acompañándola. Que te quede claro eso.

La sesión había llegado a su fin y quedamos en continuar en la próxima visita.

Después de algunas visitas me contó que tenía una nueva pareja, Sofía.

Entonces no te costó tanto conseguir otra pareja, como vos pensabas? Viste?

Sí, pero es distinto, porque a mi anterior pareja todos la conocían y entonces íbamos juntas a todos lados. En cambio con ésta tengo que empezar todo de nuevo y eso me pone mal. Después añadió que su madre había muerto y que vivía con su padre, a quien lo protegía como si fuera su hijo, y con un amigo.

En un momento, pero sin darle demasiada importancia, me dijo que ella suponía que su ansiedad se debía a su cambio de sexo, que todos lo sabían pero lo ocultaban y naturalmente ella vivía fingiendo

Cómo es eso? Le pregunté.

Bueno, sí, que es como un secreto a voces. Nadie habla de eso. En mi casa nunca se habla de nada. Hay temas que son tabúes dentro de la familia. Yo, por ejemplo tengo una hermana-tía…

¿cómo? Me explicás? Porque no te entiendo.

Sí, resulta que mi mamá, cuando era muy jovencita, tuvo un bebé… y sus padres, para salvar el honor de la familia, según dijeron ellos, la criaron como si fuera otra hija más o sea otra hermana de mi mamá… ¿me explico? Es decir que es su hermana pero en realidad es su hija y es mi tía pero en realidad es mi hermana. Sí, es un poco complicado pero creo que le quedó claro, sí?
 
Sí, entendí, y entonces?

Bueno, eso lo saben todos en mi casa pero el tema no se tocó jamás y con todo se hace lo mismo que se hizo con eso. Yo no soy la única homosexual de la familia, tengo una tía y una sobrina que también lo son, todos lo saben, pero nadie dice nada. Yo tengo mi pareja pero para ellos siempre fue mi amiga, sabiendo que es mucho más que eso, pero jamás se habló al respecto.

Yo necesito decir que soy gay. Tampoco te digo que voy a salir con una pancarta a contárselo a todo el mundo o con un megáfono por la calle, pero me gustaría vivir mi vida con más naturalidad. En cambio me la tendría que pasar dando explicaciones.

Esperá, porque eso que vos llamás explicaciones, en realidad son aclaraciones solamente. La diferencia entre una y otra cosa es que cuando explicás algo es para justificarte, en cambio cuando lo aclarás no defendés nada, simplemente estás contando tu verdad.

Y bueno, por eso yo pensé que mi ansiedad se debe a que yo tengo ganas de contarlo y como no lo hago me desquito comiendo.

¿y si lo querés contar porqué no lo hacés?

Porque me da vergüenza…  convengamos que no es algo normal… la gente espera otra cosa…. Al menos así me criaron a mí… con esa mentalidad.

Bueno, pero pensá que no todos van a reaccionar igual… algunos se espantarán, otros lo aceptarán y para otros será la cosa más común del mundo.

Bueno, creo que mi familia estarían en el primer caso. Yo por ejemplo con nadie de mi familia me animo a hablar de sexo porque tengo miedo que salga alguna conversación que me ponga en un apuro, cosa que no me pasa para nada cuando estoy entre amigos, tanto mujeres como hombres. Gracias a Dios con los demás siempre lo pude manejar con total naturalidad y jamás me sentí inhibida en mis relaciones sexuales. Pero siento que la mochila cada vez me pesa más y ya no sé qué hacer con ella.

Y de dónde suponés que traés esa mochila que vos decís que llevás?

Yo creo que de mi vieja, siempre hablando de la vergüenza y de la culpa, seguramente por lo que había vivido en su adolescencia.

Mirá Cecilia, hay familias en las que cuando surge un problema que no lo pueden manejar,  se hace una especie de “pacto de silencio”. Por ejemplo si alguien en una familia tiene cáncer nadie habla del tema y lo único que hacen es alentar al enfermo diciéndole que pronto estará bien. En realidad lo que están tratando es evitar hablar de la muerte.

Los psicólogos hemos descubierto que la muerte y la sexualidad son los dos temas en los que las familias suelen hacer pactos de silencio, para evitar la angustia. Porque se trata de dos temas sumamente delicados de encarar.

A mí me parece bárbaro que vos te sientas desbordada, porque gracias a eso te vas a animar a enfrentarlo y a decirlo y con eso podrás desembarazarte de la mochila que tanto te pesa y desde hace tanto tiempo.

Obviamente, como dijiste antes, no vas a salir a gritarlo por los pasillos, pero entonces vos serás la encargada de saber a quién te interesa decírselo y aunque se lo quieras contar a todos, al principio tendrás que ir de a poco.

En la sesión siguiente lo primero que me contó fue que cuando se había ido la última vez, había llorado todo el trayecto hasta su casa y que había resuelto contárselo en primer lugar a su cuñada. En realidad todavía no lo había hecho pero le mandó un mensaje diciéndole que tenía que hablar con ella, así que el paso más importante ya estaba dado y eso le había proporcionado una felicidad y una tranquilidad que nunca había sentido.

La próxima vez que la ví me contó que había ido al cementerio a llevarle flores a su madre, que hacía dos años que no la iba a visitar y que cuando tomó el florero para cambiarle las flores y vio la foto de su madre que le traía un montón de recuerdos, agarró el florero y lo reventó contra la tumba.

miércoles, 5 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTE XXII

 
La señora Hilmer me había arreglado la cita con Joan -la joven en cuya casa había estado Andrea antes de ser asesinada- y hacia allá me estaba dirigiendo. Cuando llegué, Joan me estaba esperando y ya tenía el café preparado y la mesa del comedor lista para tomar juntas la merienda. Su familia había salido.
No tardamos mucho en sacar el tema que me había llevado hasta allí. Me contó que la abuela de Rob estaba haciendo grandes donaciones a escuelas, bibliotecas y demás, seguramente pensando en el segundo juicio y la manipulación del resultado.
Le dije a Joan que no cabía duda que la llamarían a declarar y agregué que me había llamado la atención que su testimonio anterior hubiera sido tan corto, teniendo en cuenta que había sido la última persona que había estado con Andrea, antes que el asesino.
Joan me dijo que eso se había debido a que no le habían hecho las preguntas que tendrían que haberle hecho. Por ejemplo, preguntarle algo sobre Will Nebels, testigo gracias al cual Rob estaba ahora gozando de la libertad condicional. Andrea y yo siempre decíamos que era demasiado cordial, por no decir que era un degenerado. No te imaginás lo fuerte que nos abrazaba a tu hermana y a mí cuando nos encontraba por la calle y no había nadie alrededor. Era un borracho… y  la que le gustaba realmente era tu hermana Andrea.
Yo me había quedado muda escuchando lo que Joan me estaba diciendo y lo que no entendía era porqué lo sacaba a relucir ahora. Qué querés decir Joan? Que todo lo que declaró Will es mentira? Le habrán pagado los Westerfield para que mintiera tan descaradamente? 
No sé, pero yo cuando declaré dije cosas tan ambiguas que los abogados y los jueces no las tuvieron ni en cuenta.
Sí, y lo que dije yo lo habrán tomado como una fantasía de chicos. 
A ver… supongamos que Andrea fue al garaje a encontrarse con Rob y que Will la siguió hasta allí. Capaz que cuando la vio sola la quiso atacar para besarla y ella al defenderse tropezó y cayó y como el piso era de cemento  se golpeó en la nuca. Algunos decían que el golpe en la nuca fue posterior al golpe que le dieron con el gato y otros que a lo mejor primero cayó, se golpeó, quedó aturdida y luego la golpearon con el gato.
Escucha Ellie, yo pensé que capaz que cada uno está contando una parte de la verdad. Puede haber pasado que Will, cuando se topó con ella forcejearon y ella cayó y se desmayó. Él se asustó y salió corriendo a la casa pensando en qué podía hacer. Mientras estaba ahí, vio por la ventana llegar a Paulie con el gato que había sacado del coche, en la mano, para protegerse de Rob que supuestamente iba a estar allí. No te olvides que la celadora del colegio lo escuchó decir a Paulie cuando se enteró del asesinato “no pensé que estaba muerta”. Un ratito después Will ve que Paulie se va con el auto a toda velocidad y piensa que tal vez va a la policía a contarle lo que ha pasado. Por otra parte, sabe que Andrea está inconsciente y que si cuenta lo que Will hizo seguramente lo llevarán preso,, así que levanta el gato que Paulie dejó allí tirado y la mata llevándose el arma homicida. Cuando termina la película, Rob sale del cine, sube al auto y cuando llega al garaje se encuentra con esa escena y sale corriendo porque se imagina que lo van a culpar a él de todo.
Yo estaba impaciente esperando que terminara su relato que me estaba cayendo terriblemente mal. Con furia le pregunté: ¿y cómo fue a parar el gato al baúl del coche de Rob?
Will estaba trabajando en casa de los Westerfield, por lo que no le costó nada volver a poner el gato en su lugar sin ser visto por nadie.
Cuando Joan terminó de hablar le pregunté de dónde había sacado todo eso que me había dicho y me contó que su primo era juez y que, además de presenciar todo el juicio se enteró de todos los pormenores. Para él Rob era inocente, por más agresivo y desagradable que fuera.
Así que ahora el oficial creía que el asesino había sido Paulie, la señora Hilmer también dudaba de su inocencia y Joan estaba convencida que era Will Nebels. Sin embargo yo sabía que el único que había acabado con la vida de mi hermana era Rob Westerfield.
Le pregunté a Joan si estaba enterada que Rob le había regalado un medallón a Andrea… me dijo que no lo sabía y que esa noche cuando salió de su casa sólo llevaba una fina cadena de oro en la base del cuello. Sin embargo yo recordaba que esa noche Andrea vestía un pullover con escote en V y la ví cuando se estaba poniendo el medallón. Como luego se puso el tapado, seguramente lo dio vuelta para atrás para que mamá no la viera al salir de la casa. Yo había leído minuciosamente lo que llevaba puesto Andrea el día de su muerte y en ningún momento se dijo nada de una cadena con un medallón, porque seguramente Rob había vuelto a buscarlo. Pensé que escribiría eso en mi página web porque era otra pista importante a seguir.
Cuando me fui de la casa de Joan era la hora de almorzar y busqué un restaurante que no fuera demasiado caro. Me senté en un lugar que me quedaba muy justo pero era el único sitio vacío. A mi lado había una mesa reservada para seis personas. Pedí sopa de pescado bien caliente, ensalada y una botella de vino. La camarera me trajo la sopa y cuando estaba llevando la primer cucharada a la boca, noté la presencia de las personas que iban a ocupar la mesa vecina. Dos de ellas tomaron asiento y una estaba parada a mi lado. Era Rob Westerfield, que con la mano extendida esperó para saludarme, pero no le respondí. Las otras dos personas eran su padre y su abogado. Él tenía una presencia impactante, típica de un hombre poderoso. Sus ojos eran de un azul intenso, muy alto y su cabello ya empezaba a pintar canas. Con mucho afecto me dijo: Ellie, la camarera me dijo que a mi lado estaba sentada la hermana de Andrea, pensando en que me sentiría afectado tenerte tan cerca, pero te aseguro Ellie que estás equivocada completamente en lo que piensas de mí. Y quiero que sepas que yo también quiero encontrar al asesino de Andrea y saber que será castigado. También me dijo que deseaba reunirse conmigo para hablar tranquilos donde y cuando yo quisiera. Noté que en el restaurante se había hecho un silencio profundo porque todos nos estaban mirando e intentando escuchar lo que estábamos diciendo, así que alcé mi voz a propósito y le respondí que el sitio ideal podría ser en el escondite del garaje donde solían verse con Andrea y era vuestro lugar favorito. Agregando: aunque el recuerdo de haber asesinado allí a una niña de quince años te de mucha tristeza, incluso para la clase de persona que eres. Puse un billete de 20 dólares sobre la mesa y Rob lo tomó y lo puso en el bolsillo de mi saco, diciéndome que ellos tenían cuenta allí y que siempre que acudiera a ese lugar me considerara su invitada. Me dijo que fuera con mis amigos… pero luego se agachó y en voz muy baja agregó: si es que te queda alguno. Saqué el billete de mi bolsillo, se lo dí a la camarera y me retiré del lugar.
 

martes, 4 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XX y XXI

 
 
 
         
  
Cuando llegué al primer colegio donde Rob había comenzado sus estudios secundarios, me quedé extasiada con lo que me encontré enfrente. Era mucho más impactante de lo que yo había imaginado.

Cuando fui recibida por el director del establecimiento y antes de que empezara a hablar, le pedí que abreviáramos el tiempo porque ni él ni yo lo teníamos. Le expliqué que mi objetivo era evitar que Rob Westerfield llevara adelante un segundo juicio y que quedara en libertad y limpio el nombre de su familia, cuando en realidad tenía la certeza que había sido él quien había asesinado a mi hermana. Necesitaba conocer los nombres de los amigos que estaban con él en aquél momento y las razones por las que lo habían expulsado del colegio. Y agregué: le aseguro que puede confiar en mi discreción.

El hombre comenzó diciendo que había ingresado como alumno al colegio porque su familia se había comprometido a reconstruir la edificación donde se dictaba ciencias. Ya estábamos en conocimiento de que se trataba de un alumno problemático. La experiencia que tuve personalmente con él, fue espantosa. Es un ser que no sabe manejar socialmente y rompe todos los códigos. La expulsión sobrevino por haber atacado a un compañero durante un juego de rugby. Le aclaro que hoy me llamó el abogado de la familia Westerfield y me amenazó si le brindaba a ud información negativa de Rob y no me gusta que me amenacen. Lo último que le diré es que luego del incidente se marchó a Europa y cuando regresó cambió de colegio. La lista de los compañeros que le daré, negaré haber sido yo quien se la ha proporcionado.

Como era la hora del mediodía decidí ir a almorzar. Entré a un comedor antiguo. Enseguida me puse a conversar con quien me atendió y me enteré que hacía más de cincuenta años que estaban instalados allí. Le expliqué que era periodista y que estaba escribiendo la historia de Rob Westerfield. La cara de la mujer se transformó y enseguida volvió acompañada de una señora mayor, que me habló pestes del hombre. La última vez que habían estado allí con sus padres el joven tenía aproximadamente quince años. La camarera tropezó con él y enojado le retorció el brazo. Su comportamiento fue tan terrible que su padre, para evitar que hiciéramos una denuncia, nos pidió que aumentáramos la cuenta de la consumición al monto que quisiéramos pero que por favor no llamáramos a la policía. Los dos estaban muy avergonzados por su hijo. Les pedí que se retiraran y que no volvieran nunca más por mi negocio.

Fui a ver a la joven camarera que ahora era psicóloga y mostró su arrepentimiento por no haberlo denunciado en aquél momento. Consideraba que los 22 años en la cárcel no lo habían cambiado para nada. Si su abuela se entera de lo que ud. está escribiendo en su página web, tal vez hasta cambie su testamento antes de que a su nieto le otorguen la posibilidad de un segundo juicio y todo su dinero iría a parar a obras de caridad. ¡Me encantaría si pasara eso! Le respondí con una sonrisa de oreja a oreja, pero ella me aconsejó moverme con cuidado porque me estaba metiendo con gente muy pesada. Me despedí de ella y volví a mi casa.

Cuando llegué la llamé por teléfono a la señora Hilmer y con mucha preocupación me contó que cuando volvía de la biblioteca le pareció que un hombre la venía siguiendo. Me avisó que llamaría a la policía porque estaba muy preocupada y que le contaría lo ocurrido el día anterior. Tuve que aceptarlo porque sin quererlo estaba quitándole la paz que había tenido esa mujer hasta mi llegada.

El policía que vino, como era de imaginar, le dijo a la señora Hilmer que era poca evidencia la que le estaba contando y que suponía que era todo producto de su imaginación por lo sucedido el día anterior. Y cuando se enteró que mi preocupación sólo había sido por encontrar la lapicera fuera de su lugar a mi regreso y una frase escrita en mi PC que yo no había puesto, le restó totalmente importancia al hecho. Agregó también que mucha gente del pueblo que estaba en desacuerdo con el comportamiento de Rob, decían que había estado 22 años en la cárcel cumpliendo una condena que no le correspondía, ya que opinaban que el verdadero culpable había sido Paulie. Además no puedo dejar de decirle que haberse parado en la puerta de Sing Sing, donde los que salen seguramente volverán al mismo lugar muy pronto, con un cartel con su número de teléfono, es de locos.

Cuando el oficial se fue sonó mi celular y era la señora Hilmer. Me dijo que había fotocopiado los diarios que le había dado y que como a la noche iría al cine, pasaría por mi casa para dejarme la bolsa con todo. Le agradecí y también la tranquilicé diciéndole que al día siguiente me volvería a mudar al hotel donde había estado, porque con las cosas que estaban pasando sería más seguro para las dos.

Me senté frente a mi PC y comencé a escribir el primer capítulo de mi libro. Recordé el episodio del medallón. Yo ya no recordaba casi cómo era pero en su momento yo había dado a la policía una descripción minuciosa del mismo y debía constar en el expediente.

Sonó el teléfono y era Pete, mi jefe. Me contó que habían vendido el periódico, tal cual él lo sospechaba y que le habían ofrecido trabajo pero que lo había rechazado y respecto a ti me dijeron que no continuarían con el tipo de periodismo que haces, por lo que no creo que puedas reintegrarte a tu regreso. Para reafirmar lo que ya en ese día me lo habían dicho tres personas, me volvió a decir que tuviera cuidado. Quedamos en vernos en algún momento y nos despedimos.

Me quedé pensando en lo que me había contado Pete y en lo que haría cuando llegara el momento de volver. Volvió a sonar mi teléfono. Me preguntaron si estaban hablando con la mujer que el día anterior se había parado con un cartel en la puerta de Sing Sing. Cuando le respondí que sí quisieron saber cuánto estaba dispuesta a pagar por una información que devolvería a Rob Westerfield a Sing Sing por el resto de sus días. Cuando le ofrecí cinco mil dólares consideraron que era demasiado poco para la primicia que me tenían reservada. En ese momento pensé que si me despedían me pagarían una indemnización y no quería perderme lo que esa persona tenía para decirme. Le pedí que me adelantara algo. Me contó que un año atrás, estando totalmente drogado, le había contado que a los dieciocho años había matado a una persona y que el nombre de esa persona valía mucho más que los cinco mil dólares que estaba dispuesta a pagar. Antes de cortar me dijo que en una semana me volvería a llamar.

Cuando corté no pude ser ajena a la creencia de que podía tratarse de un engaño, pero recordé a mi hermana Andrea y creí que su memoria bien valía el dinero que estaba dispuesta a pagar para devolver a ese hombre al lugar del que nunca debió haber salido.

Encendí el televisor y en ese momento estaban dando los resultados de un partido de básquet y el locutor estaba mostrando en cámara el jugador que había convertido el tanto decisivo. Se trataba de Teddy Cavanaugh, mi hermanastro. Yo no lo conocía, pero era mi vivo reflejo. Como estaba mirando a las cámaras tuve la impresión de que me estaba mirando a mí. En ese momento sus admiradoras comenzaron a vitorearlo gritando su nombre a viva voz. 


lunes, 3 de junio de 2013

HISTORIAS DE DIVAN - LA HISTORIA DE AMALIA

 
 

 

Una noche casi a las 12, estaba sentado en el Café Tortoni, esperando que se hiciera la hora porque transmitíamos nuestro programa desde allí y se me acercó una señora. Me dijo que quería venir a verme a mi consultorio, así que le entregué mi tarjeta y nos dijimos hasta pronto.

Cuando se iba ví dos jóvenes que estaban con ella y que luego me enteraría que se trataban de sus dos hijos.

Pasaron como dos meses y no volví a saber de ella, hasta que un día me llama por teléfono y cuando atiendo me dice, hola Rolón, habla Amalia, se acuerda de mí? A todo esto, el día que nos habíamos encontrado ni siquiera me había dicho el nombre así que mal podía identificarla, pero tras cartón me dijo que era la señora que una noche se me había acercado en el café Tortoni para decirme que quería hablar conmigo.

Inmediatamente me acordé de ella y concertamos una cita.

El día señalado a la hora estipulada estaba ingresando. En realidad había llegado un poco antes y se había quedado en la puerta esperando que se hiciera la hora justa.

Amalia me contó que había conocido a su esposo cuando sólo tenía 14 o 15 años y él ya era un hombre de 30. Me dijo que era alto, morocho y muy buen mozo. Se enamoró de él en cuanto lo vio, pero naturalmente nunca le dijo nada debido a la diferencia de edad que había, pero en ese mismo momento se propuso que cuando fuera grande ese hombre iba a ser de ella. Y así fue, con los años se pusieron de novios y se casaron. Tuvieron dos hijos y fueron tremendamente felices. Justamente por eso venía Amalia a verme, porque su marido había muerto siendo aún muy joven, pero ya hacía mucho tiempo y ella no podía superar su muerte. Cuando ocurrió su fallecimiento, su hijo Sebastián tenía 10 años  y Romina 11 y ahora ya eran dos adultos.

Me mató cuando me dijo que su marido había hecho lo que correspondía… morirse joven, porque llegar a viejo es horrible. Yo no podía escucharla decir eso, así que le decía que él se había muerto porque tuvo un caso fortuito que lo llevó a eso, pero que ella no podía decir que estaba bien. Jamás salió con ningún otro hombre y no estaba dispuesta a hacerlo ni por casualidad. Ella lo seguía llorando y criando sola a sus dos hijos. Ella decía que él se había llevado la mejor parte.

Me hacía sentir muy mal lo que estaba escuchando y no sabía porqué, hasta que me dí cuenta que no la estaba escuchando como su analista, sino que había hecho un paralelo con mi verdadera vida y era como haber estado hablando con mi madre. Mi padre también se había muerto muy joven y mi madre jamás había vuelto a rehacer su vida porque no lo había podido olvidar.

Cuando tomé conciencia de lo que me estaba pasando, le conté lo que sentía y le dije que se fuera porque yo en esas condiciones no podía seguir analizándola, de hecho no lo estaba haciendo, de modo que se retiró hasta la próxima sesión.

En la sesión siguiente directamente me sacó el tema de su papá y me contó que también él se había muerto muy joven, dejando a su madre sola con dos criaturas. Ella tenía sólo 5 años y al ver cómo sufría su mamá sintió que tenía que hacerse cargo de su familia. Y fui la protectora de ellos dos. Mi madre era muy débil y mi hermanito era un bebé. Amalia ahora sí que lloraba desconsoladamente.

Entonces Amalia, cuando su marido murió digamos que ud. volvió a revivir todo lo que ya había pasado.

Amalia había idealizado a esos dos hombres y seguía manteniendo su convicción de que los dos habían hecho algo inteligente, que era morirse joven.

Un día vino y me contó que Sebastián se había ido a vivir solo. Ella estaba muy conforme con la decisión que había tomado pero Sebastián a veces se enojaba con ella porque no le permitía ir a visitarla a su casa. Ella me decía que prefería ir ella a su casa con Romina, porque de paso que le limpiaba y acomodaba un poco, le preparaba la cena y después él se podía acostar temprano. Cuestión que hacía como 3 meses que no pisaba la casa de sus padres. Él me dice que es porque estoy enojada porque se fue pero le aseguro que no es así.

Los otros días me contó que Romina le dijo que invitaría a su hermano a cenar a la casa y Amalia le dijo que era mejor ir a un restaurant… porque como ella está con esto de “que no quiere que se vaya” era lo mejor. Inmediatamente la interrumpí y le pregunté si había escuchado lo que había dicho “que no quiere que se vaya” y ella me dijo, no, yo dije “que no quiero que venga”. No Amalia, ud. dijo que no quiere que se vaya. Amalia, a ud. no la angustia que su hijo venga a su casa, la angustia el momento en que su hijo la abandona. Su padre se fue a trabajar y volvió muerto. Su marido estaba internado y la llamaron para decirle que había muerto de un infarto. Pero eso no quiere decir que cada uno que se vaya no va a volver a verlo con vida. Yo entiendo que ud. está muy marcada pero la cosa no funciona así. Invítelo más seguido y va a ver que se va a acostumbrar a despedirlo sin sentir nada malo.

Un día vino Amalia muy angustiada porque a su hija le habían diagnosticado cáncer. Cuando me lo contó, con todo el dolor de mi alma, le contesté: bárbaro, me imagino que estará recontenta. Ella me dijo que era un hijo de puta, pero yo me estaba haciendo eco simplemente de lo que decía siempre ella. Para ella morirse joven era de gente inteligente ¿y ahora estaba contenta también sabiendo que podía perder a su hija? Amalia, su papá y su marido no fueron inteligentes, tuvieron la fatalidad de morir jóvenes, pero no eligieron hacerlo porque era lo mejor. Amalia llora y no dice nada.

Amalia tenía a su mamá muy viejita que luchaba por vivir como una leona y ella se lo agradecía porque no quería perderla. Aunque sabía que ya era muy mayor no se resignaba. Su hija también luchaba y tampoco se entregaba.

Cierto día llegó llorando  a mi consultorio pero con una sonrisa en los labios… me contó que su hija Romina se había curado. Que los análisis habían salido perfectos… pero diez días después falleció su madre.

No tenía consuelo. Admitía que sabía que tenía mucha edad, pero la extrañaba muchísimo. Y bueno Amalia, yo me alegro de oírla hablar así, aunque sienta mucho dolor, porque así son los duelos.

Dos meses más adelante me contó que estaba por cumplir 70 años y quería saber si estaría muy mal de su parte hacer una pequeña reunión, porque quería festejarlo. Hacía muy poco que había muerto su mamá… Le dije que todo lo contrario, que apoyaba su idea y Amalia me pidió que le encantaría que él estuviera presente en su casa ese día. Por supuesto que accedí a su invitación y en el momento del brindis, levanté la copa y le dije: brindo por ud. Amalia y por su recuperación y ella me dijo: no Gabriel… yo voy a brindar por la vida. 


CINCUENTA SOMBRAS DE GREY - PARTES XXII y XXIII


 

Cuando llegué a Georgia, mamá y su esposo me estaban esperando. Les mande un rápido mensaje a Kate, Christian y a Ray, mi padre, diciéndoles que había llegado bien.
Aproveché para hablar con mi madre de lo enamorada que estoy de Christian pero de lo mucho que temo iniciar una relación con él por las rarezas que manifiesta.
Christian me escribió diciendo cuánto me extrañaba y yo siento que no sé cómo voy a hacer para pasar cuatro días sin él.
Mi madre me invitó a tomar un trago, pero no pude alejar de mis pensamientos a Christian, porque me dijo que esa noche iría a cenar con una vieja amistad. Es esa mujer de nuevo! La misma que lo inició en sus juegos sexuales.
Mamá pidió otra ronda de lo mismo que estábamos tomando. Mi BlackBerry empezó a sonar. Me fijé quién era y leí un texto que me dejó helada, y que decía: ¿cuántos tragos iguales te vas a tomar? Miré para todos lados y de pronto…lo ví… Dios mío, está aquí!!!! No puedo creer semejante acoso! Comenzó a acercarse a nuestra mesa. Cuando llegó le presenté a mamá. Con todo el descaro del que es capaz, me dijo que había venido a verme. Mi madre lo invitó a sentarse y Christian le pidió un trago al mozo. Luego de un brevísimo diálogo con ambas, se levantó, nos saludó y me dijo que tenía que irse, pero me pidió que cuando me desocupara fuera a su habitación. Estaba alojado en ese hotel, en la habitación. 612.
Al poco rato nos despedimos con mamá y yo me fui a la habitación de Christian tal como me lo había pedido. Me abrió. Estaba hablando por teléfono, aparentemente con su empresa porque estaban discutiendo temas laborales. Mientras hablaba tenía su vista clavada en mí. Yo le había preguntado si quería a esa mujer mayor y él no me había contestado. Cuando cortó insistí sobre el tema hasta que largando un profundo suspiro me dijo que no, que no la quería. Comenzó a sonar nuevamente su celular pero sin mirar siquiera quién lo llamaba, lo apagó, así que ya sabía cómo iba a terminar eso. Me tomó de la mano y me llevó al baño, que era enorme. Tenía una bañera en la que entraban cuatro personas y la estaba llenando de agua. Todo eso lo había preparado mientras hablaba por teléfono. Me dijo que me atara el pelo con una gomita. Estábamos los dos frente al espejo que ocupaba todo el espacio sobre los dos lavatorios. Me pidió que me quitara las sandalias y que levantara los brazos para sacarme el blusón por la cabeza. Lentamente fuimos cayendo al suelo y me envolvió con sus brazos.
Estaba aturdida. Hacer el amor con él me agotaba. Nos levantamos y nos fuimos a bañar. Mientras voy a su lado le miro las cicatrices blancas y redondas que tiene en el pecho. ¡Tienen que ser quemaduras! Pero quemaduras de qué? De golpe le digo que las marcas que tiene en el pecho no parecen de varicela. Su rostro se le transforma y me dice que no, que no lo son. Su reacción me hace caer en la cuenta que le apagaban los cigarrillos en su pecho. Pero quién? Así que directamente le pregunté si se las había dejado ella. En un tono un tanto enojado me dijo que no y que no me empeñara en ver en ella a un demonio. Me meto en el agua y cuando él ingresa lo hace bien lejos de mí, sin siquiera tocarme. Se lo ve muy enojado. Pero yo insisto porque esta vez estoy dispuesta a ir al fondo de la cuestión. Con dulzura le pregunto que me hubiera gustado saber cómo sería él si no hubiera tenido esa experiencia de adolescente con esa mujer y él me dice que gracias a ella no ingresó al mundo de su madre, a la adicción al crack y a la prostitución. Yo ya había comenzado a autodestruirme y ella me apartó de ese camino. Esto Anastasia no lo hablé nunca con nadie, excepto el dr.Flynn y si ahora te lo estoy contando es para que confíes en mí. Prefiero dar por terminada la interpelación porque noto que se está poniendo furioso aunque está haciendo un esfuerzo enorme para no perder la paciencia.
Christian vuelve a sacar el tema del contrato pero me acerco a besarlo y nos enredamos de nuevo dentro del agua.
Ahora estamos tumbados los dos sobre la cama, mirándonos. Vuelvo al ataque con mis preguntas. Quiero saber cuántas sumisas ha tenido y me dice que decenas y, para mi sorpresa, de golpe me larga que él pagaba por sexo. Y sí que me ha dejado pasmada con su revelación….




domingo, 2 de junio de 2013

EL SECRETO DE LA NOCHE - PARTES XVIII - XIX y XX

 
Me costó mucho dormirme. No podía sacarme de la cabeza que a la mañana siguiente Rob sería puesto en libertad.
 
A las 7 me despesrté y cuando encendí la televisión estaban los medios en la puerta de la cárcel de Sing Sing, haciendo la cobertura de la noticia. En pocos minutos más saldría por esa puerta el asesino de Andrea, después de 22 años y se subiría a la limusina que lo estaba esperando.
Un poco más tarde, cuando volví a encender la televisión, estaba dando una conferencia de prensa pero esta vez desde la mansión de su abuela. Siempre había insistido en su inocencia y ésta no era la excepción. Aseguró que ahora podría trabajar junto con el grupo de abogados que lo asistía, para demostrar en el nuevo juicio, gracias al testimonio de Nebells, que era inocente y dejar limpio el apellido de los Westerfield. La cronista se despidió de él, augurándole suerte en el segundo juicio.
Diariamente queda en libertad algún recluso en la cárcel de Sing Sing y con toda seguridad cualquiera de ellos conocería a Rob, así que decidí plantarme en la puerta para hablar con el primero que saliera. Pero como se me complicaba distinguirlo de un empleado, preparé un cartel diciendo que era periodista y que estaba ahí en busca de información sobre Rob Westerfield, agregando que la paga por los datos aportados sería buena. Por las dudas, agregué mi número de teléfono.
Hacía ya tres horas que estaba ahí parada, dura de frío y habían salido montones de personas, pero sólo una se había acercado preguntándome si no tenía otra cosa que hacer que buscar información de ese crápula. Todos leían el cartel pero nadie se acercaba a hablar conmigo, así que me dí media vuelta y me dirigí al estacionamiento donde había dejado mi auto. Allí se me acercó un hombre y quedé acorralada entre él y el coche. Me preguntó quién era y porqué estaba tan interesada en saber cosas de él y agregó que había sido un preso ejemplar y que por mi bien me aconsejaba quemar mi letrero y volver sobre mis pasos.               
Ya de vuelta en mi habitación, en casa de la señora Hilmer, empecé a buscar en los periódicos de aquella época que había guardado mi madre para ver si podía rescatar algo. Lo único que descubrí fue que había asistido a dos escuelas privadas secundarias. En la primera había estado sólo un año y medio y la segunda era un colegio para chicos con problemas de conducta. Decidí llamar por teléfono a los dos colegios. Mi excusa sería que estaba interesada en contar su historia.
Los directores fueron los encargados, en ambos casos, de proporcionarme la información. En el primer colegio me dijeron que no tenían por costumbre brindar ningún dato de sus alumnos actuales o pasados y le contesté que me constaba que habían hecho una excepción con el periodista Jake.Bern. Acorralado por mi imputación absolutamente improvisada, me dijo que me concedería la entrevista pero que sólo me brindaría la fecha de inicio y término del período transcurrido en esa escuela, fecha en la que solicitó su traslado. Convinimos nuestra cita para las once de la mañana del día siguiente.
Llamé luego al segundo colegio y mi llamada también fue transferida a la dirección del mismo. La directora se portó muy amable conmigo pero me dijo que sólo daban información si tenían la autorización de la familia. Ante mi insistencia y recalcando nuevamente el hecho de que me constaba que a Jake Bern se le había proporcionado numerosa información, me concedió la cita para el día lunes a la mañana.
Cuando corté me telefoneó la señora Hilmer para invitarme a comer a su casa. Acepté de inmediato porque recordaba lo buena cocinera que era. Cuando recorrí con la vista mi habitación, la ví tan desordenada que decidí acomodar un poco porque si a ella se le ocurría venirse hasta aquí, no tendría la mejor impresión de mí al ver eso.
Los periódicos de mi madre, que estaban todos desparramados por el suelo, los guardé en una bolsa de lona en el ropero y todo el resto lo puse en su lugar. Después pensé que si se producía un incendio podía perder la bolsa con todos los diarios que mi madre había guardado por tantos años, así que decidí llevarla conmigo.
Cuando la señora Hilmer me vio llegar con la bolsa, le expliqué que la había llevado para que le echáramos un vistazo juntas a los diarios y ver si encontraba algún nombre de alguien que aún estuviera en el pueblo. Me dijo que Joan Lashley, la chica en cuya casa había estado Andrea la noche que fue asesinada, se había casado y vivía en Garrison, a sólo 15 minutos de allí. Mientras tomábamos café la señora Hilmer revisó un poco los diarios y pude ver la horrible impresión que le causó hacerlo.
Cuando volví a mi habitación era ya noche cerrada y la señora me prestó una linterna para alumbrarme. Recorrí el tramo con bastante miedo y cuando llegué a mi casa encendí pronto todas las luces. Se veía ordenada como la había dejado, pero me llamó la atención que mi lapicera, que la había dejado a la derecha de mi PC, estaba del lado izquierdo. Me recorrió un escalofrío por todo mi cuerpo. Encendí la computadora para ver si me habían borrado el archivo del artículo que estaba escribiendo, pero continuaba allí. Lo último que había escrito era el cruce que había tenido en el estacionamiento con el hombre que me había acorralado y sugerido que me fuera, Yo había hecho una simple descripción física de él, pero habían agregado “peligroso y debe ser abordado con precaución máxima” Las piernas me empezaron a temblar. Fui al dormitorio para ver si notaba la falta de algo. Parecía todo igual pero la puerta del ropero que había dejado cerrada, se notaba entreabierta. En su interior tenía guardadas todas las joyas de mi madre, pero todas estaban ahí, no faltaba nada, por lo que presumí que lo que estaban buscando era información. Pensé en lo acertada que había estado al llevarme la bolsa con todos los diarios y decidí que al día siguiente fotocopiaría todo por las dudas. También me dí cuenta que la persona que había revisado mi agenda se había enterado de las dos reuniones que yo tenía concertadas en los dos colegios.
Al día siguiente muy temprano pasé por la casa de la señora Hilmer a contarle lo que había pasado y se ofreció para fotocopiarme todo en la biblioteca donde trabajaba como voluntaria. Además me dijo que fuera a vivir con ella porque esa persona podía regresar y no convenía que estuviera allí sola. También sugirió avisar a la policía.
Agradecí su gesto pero le dije que deseaba continuar viviendo donde estaba y que prefería no avisar por el momento nada a la policía. Lo que le solicité, en cambio, fue comunicarse con Joan Lashley y ver si podía ir a verla al día siguiente. Quedó que a mi regreso tendría seguramente su respuesta.