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lunes, 16 de septiembre de 2013

EL CANSANCIO POR LA MAÑANA

  
 
 
 
Después de horas de un sueño nocturno apropiado, lo normal es que se comience el nuevo día con suficiente energía para encarar las habituales actividades diarias.
No obstante, según diferentes investigaciones, una de cada cinco personas, se levanta a la mañana con un cansancio que no es normal y que lo compromete en su vida familiar, social y laboral. Todo se le hace más complicado y tiene mayor dificultad para hacer las cosas.
La sensación es que la persona se ha levantado sin haber dormido y no dispone de suficiente fuerza para realizar las actividades del día, pero la realidad es que el sueño no ha sido reparador por haberse desarticulado sus fases normales.
Puede aparecer algún grado de falta de ánimo, desgano, aburrimiento e imposibilidad de disfrutar de las cosas.
El cansancio prolongado en la mañana no es una enfermedad, pero sí es una señal de que algo está pasando, algo no está funcionando como corresponde en el organismo, que hace que la recuperación nocturna sea inadecuada para levantarse con la suficiente energía.
Se suelen escuchar expresiones tales como "no doy más", "estoy muerto" "no sé cómo voy a llegar a la noche".
Sentirse así genera malestar y emocionalmente también inestabilidad. Es probable que repercuta en el entorno y conduzca a discusiones por intolerancia o incomprensión de quienes rodean al individuo.
Es fácil que se presenten alteraciones en el ciclo sueño-vigilia... es decir, durante la noche padecer insomnio y somnolencia durante el día.
Y también se pueden presentar otros síntomas que se asocian a todo lo anterior, por ejemplo falta de deseo sexual, dolores, irritabilidad, malhumor, olvidos, malestares gastrointestinales, escalofríos, nerviosismo, sequedad de ojos, sudores nocturnos e inclusive descenso de peso sin haber hecho régimen.
El cansancio matinal prolongado es un desequilibrio entre factores psicológicos, biológicos y las demandas externas.
Las causas pueden ser diversas; puede tratarse de ansiedad, hipotiroidismo, depresión, apnea de sueño, obesidad, diabetes, consumo de determinados medicamentos, entre muchas otras cosas.
Es necesario realizar la consulta al facultativo, ya que se requieren estudios de laboratorio para precisar las causas y solucionar este trastorno.

LA ASESINA - PARTE 12



 




Esta vez no le confié nada a Paco respecto a lo que sentía, pero me parecía extraordinario que, con la intención de proporcionarme un profesor, haya sido nuevamente él quien me presentara otra vez un amante o tal vez algo más. Era impensable que Sabine Kelmann se hubiera enamorado locamente y de pronto, de un hombre pobre, con todos los hombres riquísimos que tenía a su alrededor y que la deseaban en extremo.
Recibí mi primer lección en la antecámara de mi habitación... fue por consejo de mi profe. Era el lugar más discreto de la casa, lejos del personal y sobre todo de Paco. Aprendí muchísimo en esas dos horas. Mi profe de historia era sensacional y a mí cada vez me parecía más seductor, a pesar de su incipiente calvicie y de sus lentes. Jamás me imaginé que ése era mi tipo de hombre y si me lo hubieran contado no lo hubiera creído jamás. Mientras él hablaba y yo lo observaba, pensaba en cómo sería Clarisse, su esposa, a la que ya, desde luego, odiaba profundamente, porque ella ocupaba el lugar que me correspondía a mí.
Al cabo de dos horas miró su reloj y dio por finalizada la clase. Antes de retirarse decidí pagarle y le anticipé el primer mes. Él, cauteloso, me dijo que le estaba pagando de más, porque las clases se habían iniciado una semana más tarde, por lo que en esa oportunidad serían solamente tres semanas, así que me devolvió el monto correspondiente a una semana.  No me permitió acompañarlo hasta la verja porque me dijo que ya conocía el camino y con una leve inclinación de cabeza se retiró estrechándome cortésmente la mano.
Aunque había sido muy cortés, era la primera vez que un hombre no me prestaba la más mínima atención como mujer.... o sería que vivía aterrorizado por su esposa? Estaba intrigadísima por conocerla. Cómo sería esa mujer, que tras quince años de estar a su lado, yo debería abatir u obligarla a desaparecer para tener el campo libre? Pensé entonces que la lección siguiente los invitaría a ambos a cenar en mi casa. Pero esto sería cuando ella regresara de la colonia donde se encontraba. De esa forma podría conocerla, medirla y decidir cómo actuaría. ¿Acaso mi técnica para eliminar un Angel Negro no había sido exitosa?
Las lecciones prosiguieron. Los viernes siempre me dejaba deberes, que realizaba sin la menor ayuda de Paco, lo cual le molestaba bastante porque se sentía que al menos en eso no me era indispensable... y empezó a tomarle rabia al profesor. Además notó que ya no me refería a él como mi querido Paco, sino como mi viejo Paco.
Cuando volvió la esposa de Pernaud de la colonia de vacaciones, renové mi invitación y le ofrecí que les enviaría a Otto a buscarlos con el auto.
Cuando llegaron y conocí a Clarisse, me quedí de una sola pieza. La realidad es que no era una belleza, pero se la notaba una persona muy interesante y con mucha personalidad, con evidentes muestras de ser ella quien llevaba la batuta en su casa. Su voz era autoritaria y fuerte, morena y con una mirada clara. Sus labios eran carnosos, tenía una dentadura brillante, una sonrisa desafiante y una edad que probablemente fuera muy parecida a la mía. Decididamente era comprensible que el profesor hubiera sido conquistado por esa criatura tan sana y sin complicaciones. Eso me permitió ver que mi lucha para apoderarme de él no sería fácil, pero aún así pensaba triunfar, sobre todo porque tenía la creencia que ésta podía ser perdurable y terminar en matrimonio. Esta vez no me importaba casarme con un hombre pobre.
Durante la comida quien tomó la palabra fue ella y su marido la miraba sin disimulada admiración. Pensé que para librarme de ella tendría que suprimirla... se trataba de un nuevo crimen, pero para mí muy justificado.
El colmo fue cuando la escuché aconsejando a Paco a tomar lecciones de gimnasia para estar más en estado. Oirla atacar a Paco, que estaba bárbaro para su edad, me volvió a irritar. La verdad que no veía la hora de que se fueran y decidí que no la invitaría más porque no la soportaba. Por suerte llegó el momento de la despedida.
Cuando desaparecieron Paco exclamó Uf! por fin terminó el suplicio!
Le hice conocer a Paco mis intenciones de conquistar al profesor, pero él consideró improbable el logro de esta hazaña, diciéndome que el sabría defenderse y me vencería.
Dos meses más tarde me acostaba con mi profesor y estaba absolutamente convencida que me había convertido en su amante.
Comenzó el nuevo período escolar. Paco creía que mi nuevo capricho amoroso no había durado mucho. Eso lo ponía contento. Un día me dijo que el profesor le había confesado que era la alumna más brillante que había tenido. Y la verdad, dijo, que he escuchado decir de todo sobre ti, menos que eras inteligente, lo cual me llena de orgullo.
Nuestro amor se había materializado en un hotelito discreto, escondido en el puerto, donde nadie nos conocía. Ibamos por separado y a pie y vestidos sencillamente para no llamar la atención. Los lunes, miércoles y viernes me daba clases de historia y los martes, jueves y sábado las clases eran de amor.
Desde el primer día la habitación la pagaba siempre él y ya me había dicho que jamás sería un hombre mantenido por una mujer. Esos gestos pequeños me hacían sentir por primera vez en mi vida, la sensación de ser mantenida. Y era la prueba de que me amaba con sinceridad.
Llevábamos seis meses de relación. Seguía amando a Paco, pero su presencia ya no me bastaba; Gilles era ahora quien contaba verdaderamente para mí.  Ya no me importaba nada... ni mi casa, ni mi dinero, ni mi auto, ni mis alhajas, excepto mis pendientes, que me los colocaba por las noches cuando estaba sola en el silencio de mi cuarto.
Cuando volvíamos a encontrarnos me confesaba que ya no podía soportar a su esposa y que yo significaba para él un descanso maravilloso después de las clases del colegio. Contigo hablamos de amor, decía ¡y sobre todo lo hacemos!
 
 
 
 

viernes, 13 de septiembre de 2013

LA ASESINA - PARTE 11







Durante los años siguientes hice lo que Paco me había aconsejado y me contenté con aventuras efímeras y aunque de alguna manera me satisfacían, no era feliz. Tenía necesidad de otra cosa, pero no podía precisar de qué. A medida que pasaban los años el vacío de mi alma se acrecentaba, pero nunca se lo revelé a nadie... ni siquiera a Paco, que continuaba velando por mí, convencido que era mi alegría de vivir. Era enternecedor!
¿Pero a qué se debía esa eterna insatisfacción mía? Mi fortuna se acrecentaba gracias a las inversiones que mi hermano sabía hacer. Una de las primeras operaciones que hizo, fue la venta del yate. En sólo dos meses se deshizo de él y lo vendió al mismo precio que había pagado Joseph cuando lo compró, más lo que había invertido en el reacondicionamiento. Unos tres millones de dólares.... sin dudas, una venta muy exitosa.  Ese dinero se ha estado reproduciendo desde entonces y conforma un buen colchón de seguridad para el futuro.
El Bentley lo cambié por algunos Mercedes y en la actualidad tengo un Jaguar, con capó de Daimler, siempre conducido por mi fiel Otto.
Con respecto a mi casa, en diferentes oportunidades y por períodos más o menos largos, me ausenté de la costa... siempre acompañada por un hombre distinto. A Paco nunca lo llevé conmigo. Desde lo que me había pasado con Thierry, ponía mucha atención en la elección de mis amigos y no volví a pasar por una situación parecida. Casi siempre pagaba yo y prefería que fuera así para mantener mi total independencia y libertad. Sería una desagradecida si intentara quejarme, ya que pasé un lapso muy largo de desenfrenada existencia, a pesar de que esto no me hizo feliz.
Paco ya había llegado a los cincuenta años y yo tenía cuarenta, pero representaba bastante menos, al igual que Paco.
Cuando volvía de mis viajes nos encontrábamos a solas en la terraza de Las Lilas Blancas para hablar y ponernos al día en nuestras cosas. Una de esas noche, tras uno de esos largos silencios que a veces teníamos, mi hermano me preguntó si me sentía mal porque me veía la cara de una mujer hastiada de todo. Decididamente Paco me conocía muy bien!
Continuó diciendo que tal vez debería estar más ocupada para distraerme y me sugirió desarrollar mi cultura general.
Me contó que conocía a un hombre que le gustaría presentarme. Este hombre trabaja en el banco y como sabe varios idiomas está en la entrada, atrás de un escritorio, para recibir a los clientes extranjeros. Es muy amable aunque está lejos de ser un Adonis. Tiene mediana edad, tiene barba entrecana corta, anteojos, término medio de altura y el aspecto de un hombre del montón. Es profesor de francés y de historia en un instituto privado y actualmente está de vacaciones. Se llama Gilles Pernaud. Está casado y su mujer Clarisse es profesora de educación física. Como termina en el banco a las cuatro de la tarde, se me ha ocurrido que podría venir a darte clases particulares, para ampliar tus conocimientos en el aspecto literario e histórico. Esas horas de clase por semana te distraerían bastante. Se maneja en bicicleta y aceptaría venir en ella hasta aquí. Le contesté que iba a probar y que si me gustaba seguiría adelante con la idea.
Paco arregló con el profesor y comenzaría al día siguiente. Cuando lo ví me pareció un hombre apuesto. Sus ojos tenían una mirada muy dulce y tenía un andar bastante elegante. Su voz era agradable, con un dejo de timidez que le daba encanto. Cuando me saludó se inclinó suavemente.
Nos dirigimos a la terraza a brindar con una copa de champagne. Me contó que hacía quince años que estaba casado y que su esposa era profesora de educación física en dos institutos privados.
Paco no me había mentido... el profesor era apasionante y no tenía la menor pedantería. Ambos lo escuchábamos fascinados por su erudición. Finalmente dijo que ya se le había hecho tarde y que debía retirarse, disculpándose por desistir a la invitación que le hicimos para que cenara con nosotros. Antes de partir quedamos en que vendría tres veces por semana y las clases serían de dos horas. El profesor ignoraba que Paco era mi hermano. Lo acompañamos hasta la verja y allí nos saludó, montó en su bicicleta y se alejó silenciosamente.
Tendida en mi cama la silueta de ese profesor ocupaba todos mis pensamientos. Era sorprendente que todavía existiera un hombre semejante. Un hombre aparte, como nunca lo había conocido en mi existencia estéril. Un hombre junto al cual me sentía ignorante, que tal vez era el que yo necesitaba para ayudarme a salir del mundo en el que vivía hacía veinte años.
Pensé que tal vez lo que me faltaba para que mi felicidad fuese completa, era la presencia junto a mí de un hombre como ese.  Creo que después de conocerlo, me enamoré de él, precisamente a partir de ese momento. Yo amaba mucho a Paco, pero era mi medio hermano. 

TOMA DE DECISIONES Y HORMONAS

 
 
 
 
Contrariamente a lo que uno se puede imaginar, decidir es un hecho inconsciente, pero preciso y lógico. Cuando tomamos una decisión, intervienen algunas hormonas que de acuerdo a sus niveles determinan distintas conductas.
Tomar una decisión implica valorar, pensar en las consecuencias y ponderar finalmente cuál será el resultado que se obtendrá. Decidir no es elegir, es mucho más. Elegir es sólo uno de todos los componentes del proceso de decisión.
Un nuevo descubrimiento avala que casi un 95% de las decisiones son inconscientes, es decir que ocurren en esa región del psiquismo. Pero inconsciente no es irracional... por el contrario son mecanismos realistas, lógicos y muy precisos. Diariamente una persona toma alrededor de quinientas mil decisiones.
Cuando tomamos una decisión interviene la mente y el organismo. Estudios recientes indican que al hacerlo participan algunas hormonas que influyen en el momento de decidir. Se enfocaron especialmente en la testosterona, la oxitocina y el cortisol.
La testosterona está presente en ambos sexos y es la que hace que una persona aumente su autoconfianza, se acerque más a situaciones de riesgo y se sienta prácticamente un ganador.
De acuerdo a esto, el déficit de esta hormona lo convierte en un indeciso y el exceso de ella lo hace egocéntrico, muy arriesgado y, como integrante de un grupo, puede tener dificultad para escuchar las opiniones de los demás, porque prioriza su pensamiento, sin tener en cuenta si el resultado final es negativo para el resto del grupo.
La oxitocina es producida por el hipotálamo y entre otras cosas, ayuda a establecer relaciones de confianza, generosidad y acercamiento entre las personas.
Cuando predomina esta hormona en una persona, ésta se pone de inmediato de acuerdo con el grupo, por lo que vemos que tendría un efecto precisamente contrario a la testosterona.
El equilibrio entre ambas nos da la posibilidad de hallar la mejor solución frente a un problema.
De acuerdo a todo esto, parece que la conducta de las personas está moderada por las hormonas.
Por último, el cortisol es la hormona que se vincula al enfrentamiento de los peligros y al estrés, por lo que un nivel alto de cortisol nos lleva a ser indecisos y a la inacción para no asumir riesgos.
Concluyendo, podemos ver que los niveles de estas hormonas son muy importantes, porque están presentes en el preciso momento que debemos tomar una decisión.
 

jueves, 12 de septiembre de 2013

LA ASESINA - CAPITULO 10



 


Comencé diciendo a Paco que, después de haberme robado la joya y estar a punto de desfigurar a mi querido hermano, para mí, lo único que ese hombre se merecía, era la muerte... por su deshonestidad y por la afrenta íntima y personal que me había hecho, al haber dado prueba cabal de sentir mucha más pasión por su moto que por mí.
Para lograr mi objetivo debía planear minuciosamente un accidente, que fue lo que estuve haciendo todos esos días que estuve fuera de casa.
La realidad es que el taxi me llevaba hasta la estación de Cannes y me traía de regreso a la noche. Cuando bajaba del taxi me iba caminando a un garaje, donde guardaba un auto pequeño que había alquilado sin que nadie se enterara... ni siquiera tú, querido hermano.
Pagaba el alquiler en efectivo para no dejar rastros bancarios. Elegí un auto modesto, un Volkswagen, pero sólido y a prueba de golpes y choques, por si los había.
Siempre me fui vestida con un jean porque quería pasar lo más desapercibida posible. Y por último me ponía una peluca morena para ocultar mi platinado.
Así disfrazada y con lentes oscuros, llegué a Grasse al volante de mi auto. En la licencia de conducir la moto, yo había leído esa dirección y pensé que sería la de su madre y además me había contado que tenía una perfumería, que no tardé en encontrar. A partir de ese momento permanecí montando guardia pues sabía que en algún momento Thierry iría a ver a su madre.
Lo esperé más de una semana... hasta que el milagro se produjo. Mi corazón latía hasta querer romperse, pero no como el de una enamorada sino como el de una justiciera. La visita a su madre fue corta. Montó en su moto y partió inmediatamente. Yo ya estaba lista para seguirlo, dispuesta a correr como sabía que él lo hacía con su Harley-Davidson. Y lo seguí, casi pegada a su portaequipaje, a una moderada velocidad.
De pronto tomó una ruta de ensueño para los apasionados de las curvas. Él me venía mirando por el espejo retrovisor para ver quién era que estaba a bordo de ese auto tan proletario y que tenía la osadía de seguirlo tan de cerca. Disminuyó la velocidad para que yo pudiera adelantarme y verme un poco mejor. Aprovechando que estábamos solos en la ruta y no venía nadie de frente, me puse al lado y bajando el vidrio de mi ventanilla, le grité: Quítese los anteojos y el casco para que vea si realmente es buen mozo! Subyugado por eso, cedió a mi pedido y dejó caer sin vacilar el casco sobre la ruta. Yo hice lo mismo, imitándolo y me quité la peluca y los anteojos. No podré olvidar jamás la expresión de su rostro.¡Encontrarse en un camino cualquiera a la señora Kelmann de la que tanto se había burlado! Pensé que de la emoción iba a perder el control de su moto. Y para que su desconcierto fuera mayor, le volví a gritar: ¡Tal como yo pensaba!¡Eres un puerco Angel Negro! y ahí, aceleré a fondo y giré bruscamente el volante a la derecha para chocarle la moto.  El resultado fue inmediato, porque saltó al vacío del barranco que bordea la ruta... y después con otro giro volanteé en sentido inverso y corrí lo más velozmente que pude para alejarme de allí.
En el camino tuve la suerte de no cruzarme con ningún vehículo. Dos kilómetros más adelante me metí en un camino transversal y me oculté. Detuve el auto y me bajé a mirar cómo había quedado el auto, pero tenía sólo un rasguño que lo haría desaparecer con un poco de pintura y el paragolpes estaba intacto.
Presentí que ya había acabado con él, pero necesitaba estar segura. Esperé como dos horas en mi escondite, oyendo pasar algunos vehículos a unos trescientos metros de donde estaba. Finalmente decidí que debía volver a Grasse para enterarme de lo que había pasado. No podía quedarme con la incertidumbre de confirmar que había muerto. Me puse nuevamente la peluca morena, me coloqué los lentes y arranqué suavemente.
Cuando me estaba acercando al lugar, percibí varias personas y vehículos aglomerados, dos autos de policía, una grúa de bomberos y una ambulancia. Conservando mi calma pero con mi corazón latiendo muy fuerte, pregunté con mi mejor cara de nada, qué había pasado... contestándome que se trataba de otro loco que creyéndose un campeón sobre su moto se había matado, haciendo hincapié que en el momento del accidente no llevaba puesto el casco de protección, que se encontró en el camino, donde seguramente lo perdió. Mi respuesta fue ¡pobre muchacho!
Mientras yo bebía, Paco no me interrumpió ni una sola vez y me miraba con calma. La verdad que él era mi único aliado!
Para finalizar nuestra charla, le dije: sabes Paco, ahora cada uno de nosotros es depositario del secreto del otro. Tú me confiaste cómo mataste a mi marido y yo acabo de revelarte cómo terminó uno de mis amantes. Ahora debemos desempatar! Cuándo será eso? Cuando te encapriches en querer casarte de nuevo, pero sería tu mayor error. Continúa con tus aventuras y si alguna de ellas termina mal, como acaba de pasar, ahí estaré yo para cuidarte. Sincérate Paco... no te gustaría que me casara de nuevo... ¡Por supuesto que no!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA ASESINA - PARTE 9





El taxi lo pagó Paco, cuando llegué a mi casa, porque no tenía dinero ni siquiera para eso. Ni bien entré, le conté lo del pendiente y todo lo que me había pasado. No me interrumpió ni una sola vez, aunque cuando me oyó contarle que finalmente había conocido el goce supremo, su cara se puso lívida y así continuó hasta que finalicé el relato. Me disculpé con él, porque siempre me había presagiado que algo por el estilo pasaría y por no haberle escuchado y prometí hacerle caso de ahí en más ya que él era mi único apoyo. Insistí en que no quería volver a ver a Thierry, a pesar de reconocer que había sido el único hombre que había logrado hacer de mí una mujer como nadie antes lo había conseguido.
Paco se ofreció para ayudarme a conseguir un reemplazante del motociclista, como él lo llamaba, pero le dije que primero debía encontrar la piedra robada y castigar a quien lo había hecho. No le perdonaré que se haya comportado más astutamente que yo.
Le pregunté a Paco cuáles eran sus planes para encontrarlo y me dijo que orientaría la búsqueda hacia la perla robada, ya que no era fácil de vender y además de reducirla.
Mientras me dirigía a mi habitación me dijo que él iría a hablar con un reducidor conocido suyo. Me despedí de mi hermano mientras le decía: ¡sólo confío en ti, Paco!
Según su pronóstico, siete días más tarde regresó y depositó en mi mano la perla robada. Allí la tenía nuevamente, intacta y deslumbrante.
Paco me contó que su amigo el reducidor la había ubicado en el negocio de un colega suyo de Antibes. El vendedor aparentaba querer deshacerse pronto de una joya muy difícil de colocar, ya que se trataba sólo de la mitad de un todo. Sin embargo debo decirte que no fue Thierry quien le llevó la perla directamente, de manera que no tengo precisión de su nueva dirección para poder ir a buscarlo y castigarlo como se merece. Lo único que pude averiguar es que quien le sirvió de enlace para la transacción, es un hombre que vende las motos Harley-Davidson.
Esa noticia me alegró sobre manera. Yo tenía el nombre y la dirección de esa persona en la chequera. Le dije a Paco que al día siguiente iría a verlo pero Paco insistió en que no debía ser yo quien tenía que hacer eso y que iría él y le sacaría el nuevo domicilio del delincuente.
Al día siguiente, mientras esperaba el regreso de Paco que había ido a ver a ese hombre, sonó el teléfono y era de la Clínica Santa Marta. Me llamaban para decirme que mi hermano se encontraba internado allí pero el médico no quiso darme más precisiones. Media hora más tarde llegaba con Otto a la clínica.
De no haber sido prevenida por el médico me hubiera asustado al ver a Paco cubierto de vendajes. Me contó que el problema no fue con el dueño del negocio, quien por el contrario fue muy amable con él y que el único reproche que podíamos hacerle era el haber oficiado de intermediario con el reducidor de la piedra. Luego Paco continuó, diciendo: mientras le explicaba que tu amante te había robado la joya, se apareció en su moto, escoltado por dos Angeles Negros y se lanzó sobre mí. El propietario del local nos separó y lo echó, diciéndole que devolvería la piedra y el dinero que había obtenido por ella.
Sintiéndose perdido y viendo que el dinero se le escapaba de las manos, me volvió a atacar... y a él se le sumaron sus dos amigos... y aquí me tienes. ¡Te juro que te vengaré, hermano querido!
Paco me recomendó que tuviera cuidado y que desconfiara de loa Angeles Negros, porque cuando me vieran sola con mi Bentley no dudarían en atacarme a mí directamente.
Cuando me retiré de la clínica me acerqué a la enfermera y le dije: Señorita, cuídelo muy bien, porque es el único hombre de mi vida al que quiero de verdad.
En menos de una semana Paco volvió a casa ya recuperado. Yo mientras tanto no estaba inactiva... me encontraba preparando mi venganza sin contarle nada a mi hermano, pues no me hubiera permitido llevarlo a cabo.
Durante esa semana yo me ausentaba todos los días a las diez de la mañana y regresaba casi a medianoche. Me manejaba sólo con taxis, para no usar el Bentley. Un día Paco me vio regresar por primera vez alrededor de las siete de la tarde. Sorprendido me preguntó si me había ido mal en mis paseos ese día que había vuelto mucho antes y le respondí que muy por el contrario había hecho uno de los paseos más excitantes de mi vida. Durante la cena me mostré bastante alegre porque gracias a un azar, mi plan de venganza había tenido éxito.
Dos días más tarde, mientras tomábamos un aperitivo en la terraza con Paco, me preguntó si había leído el diario. Como le dije que no, me sugirió que lo mirara porque en la tercer página, como una noticia policial cualquiera, contaban que se había matado  en la ruta en un accidente con su moto Harley-Davidson, mi amigo Thierry.
El artículo explicaba que alguien que pasó por allí vio un casco tirado en el camino y al detenerse vio en el fondo de un barranco una motocicleta volcada y a pocos metros de ella, tendido el cuerpo inmóvil del piloto, que había muerto en el acto. No había testigos del accidente ocurrido en una curva del camino, bastante sinuoso y aparentemente se había debido a exceso de velocidad.
Esa noche, luego de la cena y mientras bebíamos una copa de champagne rosado, le dije a Paco que tenía que contarle cómo murió el motociclista que intentó matarlo y que no me interrumpiera porque si lo hacía no sabía si tendría fuerzas para continuar con el relato.
 

PERJUICIO DEL MONOLOGO INTERNO

 
 
 
 
 
 
El cerebro funciona sin detenerse las veinticuatro horas del día. Entre sus muchas funciones, una de ellas consiste en generar un conjunto de pensamientos en forma permanente. A esto se le llama flujo de conciencia, pero el psicólogo William James le puso el nombre de monólogo interior.
Es como un discurso interno permanente a uno mismo, durante el cual fluyen pensamientos muy íntimos en base a vivencias directas.
Hay una gama amplísima de monólogos, pero destaco cuatro de ellos que generan un estado constante de tensión y producen un gran desgaste orgánico, alteraciones hormonales y cambios químicos en el cerebro.
El monólogo del preocupado: en este caso, sus pensamientos enfrentan siempre una amenaza, apuntando en todo momento a lo adverso y al peligro. Permanece constantemente alerta y esto no le permite distenderse, serenarse, porque está siempre esperando una catástrofe. Esta tensión afecta considerablemente su salud.
El monólogo del autocrítico: se juzga, se cuestiona y reprocha a sí mismo permanentemente, viendo siempre sólo lo negativo y pasando por alto las cosas positivas. La exageración de su autocrítica lo lleva a que tenga su autoestima por el piso debido a que no valora nada de lo que hace.
El monólogo de la víctima: vive pensando en todas las cosas malas que le han ocurrido y obsesionado con la creencia de que tiene mala suerte. Todos están contra él y es siempre el mayor perjudicado. Los problemas que tiene no encuentran nunca una solución que lo satisfaga, lo cual lo hace vivir torturado y nunca logra lo que anhela. Se rinde fácilmente antes de pelearla como debe. Estos pensamientos es muy probable que lo conduzcan a una importante depresión.
El monólogo perfeccionista: está siempre tratando de superarse... es su principal rival y por eso se llena de obligaciones. El placer es secundario porque el deber está siempre primero. Tiende a ignorar las señales que suele dar el organismo cuando el esfuerzo y agotamiento nos supera. Su forma de ser puede brindarle buenos resultados, pero el precio que debe pagar es demasiado alto, porque está permanentemente tensionado por temor a equivocarse o a fracasar en algo. Suelen presentársele trastornos psicosomáticos del tipo de cefaleas, dolores corporales, colon irritable, gastritis, hipertensión, como secuelas de su forma de ser y no parar nunca.