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miércoles, 15 de mayo de 2013

LA MUJER SIN FRONTERAS (PARTE V)








Mi primer aventura empezó dos días más tarde, cuando Fred me informó oficialmente que desde ese momento sería su piloto cuando tuviera que emprender algo muy importante.
Era domingo, así que el sábado a la noche le dije a mis padres que al día siguiente saldría muy temprano porque me iba al campo con amigos y volvería tarde.
Salimos de la casa de Fred a las 8 de la mañana. El paseo consistía en dar una vuelta por los suburbios y volveríamos a París recién a la noche. El fin era completar mi curso de piloto especializado. Fred me contó que los autos que habíamos usado para las lecciones hasta ese momento, ninguno era de su propiedad. Me explicó también que me había mentido cuando me contó que se los prestaba un amigo. La realidad era que los tomaba prestados por dos o tres días. Él consideraba que eso no era un robo porque siempre los abandonaba, en buen estado y a veces con más nafta que la que tenía cuando los tomaba. O sea que sus dueños los recuperaban. 
El paseo de hoy consistía en ejercitarme para tomar un auto prestado. Nos detuvimos y me señaló uno estacionado frente a la reja de un jardín. Era un BMW. Vimos que las persianas de la casa a la que supuestamente pertenecía, estaban todavía bajas, por lo que, teniendo en cuenta lo temprano que era, sus dueños seguramente todavía estaban descansando.
Me mostró la ganzúa que usaba, hecha especialmente por él, y me dio otra igual que a partir de ese momento sería mía. Con esta ganzúa puedes abrir rápidamente la puerta delantera izquierda del auto. Subes y te pones al volante. La misma ganzúa la colocas donde va la llave de contacto, le das arranque y te vas. Ahora nos vamos a bajar de este auto, que dejaré en marcha y haremos juntos todo lo que te acabo de explicar. Yo la ejecutaré delante de ti. Cuando el BMW esté en marcha, vuelves a este otro y me sigues hasta que yo pare. Abandonamos el BM y nos vamos juntos en el primer auto. También me explicó que antes de iniciar esta maniobra había que mirar para todos los costados e incluso los balcones y ventanas de alrededor, para asegurarse de no ser visto por nadie. Por eso estaba bueno hacerlo un domingo por la mañana en que las calles por lo general estaban desiertas.
Fue maravilloso, señor Beilin, en un minuto ya estaba arrancando el BMW. Seguí sus instrucciones. Me fui corriendo a nuestro auto y lo empecé a seguir. Como a las 10 cuadras se detuvo, bajó corriendo del BM, subió a mi lado y me pidió que arrancara rápidamente. Me hizo dar una serie de vueltas y de pronto que me dijo que me detuviera. Me preguntó si había comprendido bien la operatoria. Todo había sido tan rápido que tenía miedo haberme perdido algo! A veces no se puede hacer porque algunos autos tienen alarma y si comienza a sonar debes irte rápidamente. Eso suele ocurrir con los Rolls, por eso nunca se debe tomar un Rolls y además hay muy pocos y son fáciles de encontrar.
Cambiamos de zona con la intención de repetir la maniobra. En esta oportunidad también iré contigo pero tú harás todo el trabajo y yo estaré observándote para rectificar tus errores. Si lo haces bien, lo abandonaremos como hemos hecho con el BM y nos mudaremos nuevamente de barrio. Buscaremos un tercer auto pero esta vez bajarás tú sola y yo me quedaré al volante de éste esperándote. Cuando hayas practicado hoy unas seis o siete veces sola, ya estarás lo suficientemente avezada para actuar sola y a mí me ahorrarás pérdidas de tiempo. Lo único que te voy a decir será que busques determinado modelo para determinada hora y que me pases a buscar por un determinado lugar.
Ahora presta mucha atención. Cuando hayas tomado el auto, te dirigirás al garaje de un amigo mío que inmediatamente le pondrá chapas nuevas y te entregará el título de propiedad con el mismo número de las chapas falsas. Recién después me irás a buscar. Puedes ir durante las 24 horas del día de lunes a domingo, porque el garaje está siempre abierto. Pero antes debo alertarte sobre dos puntos más. Cuando elijas el auto, das una vuelta a su alrededor y te fijas en qué condiciones están los neumáticos. Si están muy gastados buscas otro, porque puede ser peligroso y cuando ya estés en el volante te fijas el nivel de nafta… si es baja lo abandonas y continúas buscando.
Comenzamos con la rutina que me había explicado. En un lugar muy solitario vimos un auto. Se detuvo unos diez metros delante de él. Bajamos juntos. Yo temblaba con la ganzúa preparada. La coloqué en la cerradura de la puerta. Abrí. Subí. La puse en el contacto y me dijo que arrancara, que él me seguiría y que no parara hasta que no viera que él me hacía seña con los focos. Puse primera y salí disparada hasta que ví su señal y me detuve. Abandoné el auto,   fui corriendo a sentarme a su lado, arrancó rápidamente y me besó sonriendo.
Repetimos la rutina pero esta vez bajé sola del auto. Él se quedó esperándome en el otro. La operación salió perfecta. Nos mudamos de barrio y lo volvimos a intentar. Los resultados siempre fueron impecables. Probamos con un Renault 12, un Citroen CX y un Mercedes 200. Mi maestría para tomar prestado un auto se afirmaba cada vez más.
A las 6 de la tarde tenía un cansancio que me moría y estaba muy tensionada. Fred se mostraba muy satisfecho y me confirmó que a partir de ese momento saldría a buscar autos yo sola.
Decidimos ir a cenar pero previamente me llevó al garaje para presentarme a su amigo. La señal para entrar era pegar cuatro golpecitos en la puerta. Me presentó como su mujer. Cuando venga debes atenderla como si me estuvieras atendiendo a mí.
Fuimos a su departamento y allí me dio su recompensa. ¿Me comprende oficial? La tenía bien ganada.
Mientras continuábamos en la cama me dijo que al día siguiente fuera a las 6 de la tarde porque me tenía que presentar a otra persona que aunque no iba a utilizar sus servicios muy a menudo, era necesario que lo conociera y me adelantó que el martes y el jueves a la noche me presentaría a dos personas más. Según me dijo eran lo mejor del nuevo equipo que había formado.
Cuando llegué a mi casa, mis padres ya estaban durmiendo.
Mad, dijo el oficial, todos esos préstamos de autos, no la habían inquietado algo?
No señor Beilin, por el contrario casi le podría decir que me resultó divertido. Me parecía estar representando un papel en una película de gangsters.
Pero usted nunca tomó conciencia que esos supuestos préstamos, en realidad eran robos de autos?
Ya le dije a usted que yo nunca robé, porque durante dos años sólo fui el chofer de Fred y jamás nos quedamos con ningún auto. Todos fueron abandonados y rápidamente volvieron a manos de sus propios dueños.
Ahora le hablaré sobre el primer caballero que me presentó al siguiente día. Su nombre era Jacky…

martes, 14 de mayo de 2013

GENTE TOXICA - PARTE IX - EL NEUROTICO

 
 
 
 



Necesita que lo amen. Le gusta llamar la atención. Le interesa ser el centro de las miradas e intentará obtener el liderazgo de un grupo. Busca desesperadamente ser querido por los demás y el reconocimiento de quienes lo rodean.
Con este objetivo se ponen metas tal vez inalcanzables para ellos, tratando de imitar a quienes tienen éxito. Buscan status para ocultar los sentimientos de desvalorización que tienen. Son autosuficientes, por lo tanto por lo general no aceptan los consejos ajenos porque consideran que se pueden valer siempre por sí mismos.
Quieren hacer todo perfecto y cuando algo no les sale de acuerdo con sus expectativas, se frustran y angustian porque temen al ridículo y a las críticas. Los mecanismos que utiliza el neurótico son para tapar su complejo de inferioridad. Es inmaduro. La angustia que experimenta es superior a la que sienten otras personas. Su propia inseguridad los hace presa de una angustia casi constante en todos los órdenes de su vida.
Todos pasamos por situaciones de angustia, pero el neurótico se va al otro extremo frente al temor al rechazo. Quieren controlar y dominar.  Invade al ser que tiene al lado, lo asfixia, vive permanentemente pegoteado a la pareja. Son personas que cambian de humor constantemente y es probable que cuando logren contagiarte su mal humor, ellos luego se pongan bien. Al neurótico le gusta escuchar lo que quiere escuchar.
Son discutidores y si las cosas no son como ellos quieren la adaptan de alguna manera. Tienen necesidad de dominio y poder sobre las cosas y las personas. El complejo de inferioridad es una de las causas principales de la búsqueda de poder.
Querer ser el número uno es un mecanismo que intenta tapar una profunda sensación de inferioridad. Trata de alejarte de las personas que intenten manipularte continuamente. No entres en el juego de nadie. Cambia lo que te está haciendo mal. Los neuróticos nos obligan a jugar su juego, por eso deja de jugar con ellos y tus beneficios serán mayores.
Aléjate… las neurosis ajenas no cambian, pero en tus manos está cambiar la tuya.

LA MUJER SIN FRONTERAS (PARTE IV)

  
 
 
Luego de responderle que de ser necesario moriría a su lado, Fred me dijo: Mad, entonces llegó la hora de hablarte de mi profesión. Para la policía burguesa, soy lo que llaman un terrorista. Pero ellos se confunden, yo no soy un terrorista, soy un libertador que tiene el deseo de eliminar de la faz de la tierra a quienes la explotan sólo en su propio beneficio. Y tú también serás una libertadora a mi lado. Seremos una pareja maravillosa e iremos juntos hasta el fin del mundo. Mañana, cuando vengas a las 6 de la tarde, te contaré cómo haremos para trabajar juntos. Deberás cambiar tu forma de vida. Al comienzo continuarás con tu doble vida, como ahora. Irás a dormir a tu casa, irás a trabajar como todos los días y a las 6 de la tarde vendrás para aquí como siempre. Te invito a cambiar tu rutina por una vida llena de emociones como la que empezarás a tener a partir de este momento.
El oficial le preguntó algo obvio que en ningún momento había salido de su boca… si no le había hecho algo de ruido cuando le confesó que era un terrorista.
Mad le dijo que lo amaba tanto que no le importaba en lo más mínimo cuál era su profesión… si le hubiera dicho en ese momento que era ladrón o traficante de drogas nada hubiese cambiado. Había conseguido dominarme hasta tal extremo que no había nada que pudiera decirme que pudiera dar por terminada nuestra relación. Estaba verdaderamente atrapada y no tenía la menor intención de huir de él, al menos en ese momento. De haberlo querido hacerlo, de todas maneras, la única forma hubiera sido matándolo, como hice ahora. De todas maneras nunca lamentaré haberle dedicado dos años de mi vida para vivir con él.
A las 6 de la tarde del día siguiente, tal como lo habíamos planeado, llegué a su departamento. Iba a comenzar mi aprendizaje.
Esa noche ni comimos ni hicimos el amor. Me habló durante dos horas sobre su niñez. Me contó que era hijo de madre soltera que murió cuando él tenía dos años. Fue recogido por el Patronato de la Infancia que lo ubicó en casa de un matrimonio, de quienes guardaba un buen recuerdo. La suerte no lo acompañó porque sus padres adoptivos murieron pocos años más tarde, con cinco semanas de diferencia. Fue recogido por un matrimonio campesino con quienes se llevó mal desde un principio. Huyó y cuando la policía lo encontró lo llevaron con otro matrimonio y lo cambiaron de escuela, ya que la primer escuela tampoco le gustaba. Huyó de vuelta… lo volvieron a encontrar… y así sucesivamente, cambiando de padres y de escuelas permanentemente. Su odio hacia quienes lo rodeaban crecía día a día. Finalmente, a los 13 años, fue a parar a un reformatorio. Los adolescentes que lo rodeaban eran las personas menos apropiadas para darle a su vida un poco más de sentido. Salió de allí a los 16 años y tomó su primer empleo, pero como era muy inestable no duraba en ningún lado y así continuó hasta los 19 años. Me contó que en esa época odiaba a toda la sociedad y quería exterminarla.
Cuando el oficial le preguntó y se enteró que actualmente tenía 30 años, se dio cuenta que ya hacía 11 que se dedicaba al terrorismo o sea que no era exagerado pensar que era un maestro en lo suyo. Mad continuó contándole que entre todos sus amigos o camaradas jamás encontró a alguno que siquiera lo igualara… eran todos mediocres… él tenía todos los atributos para ser el jefe. Aunque yo conocí sólo a algunos de esos compañeros que tenía.
En mí había depositado toda su confianza y casi con seguridad ninguno de sus camaradas sabía nada de mí. Para los pocos que me conocían yo era algo sagrado para ellos: ni más ni menos que la mujer del jefe. Jamás conocieron dónde vivía ni él ni yo e ignoraban también donde trabajaba. Tampoco estaban con él demasiado tiempo porque los iba cambiando continuamente. Fred me aseguró que nunca lo identificaron en ninguna acción por lo que no estaba en ningún archivo policial
Despreciaba las cosas materiales. Yo arreglé su departamento con mi propio dinero. Casi nunca tenía plata. A veces hasta tuve que pagarle el alquiler. Él me decía que le molestaba que yo pagara todo y que ya me compensaría cuando llegara el día que aquellos que hoy nos aplastan con el dinero, lo pierdan todo. Seremos todos iguales y ya no habrá más ni ricos ni pobres. Esos pequeños golpes que él llamaba sin importancia, los daba para poder sobrevivir.
Srta.Madeleine, dijo el oficial, estoy absolutamente convencido  de que usted no robó ni cometió ningún acto de alteración del orden público, ni mucho menos mató a nadie, salvo a Fred como lo está declarando en este momento, pero fue su cómplice y lo ayudó reiteradamente a cometer ilícitos. Efectivamente, pero conducir el auto desde el que lanzó la bomba y luego huyó, era cumplir con mi deber de amante. ¿Su deber? A propósito, porqué no me cuenta cómo le enseñó a manejar de una manera tan experta?
Sí, así comenzó mi aprendizaje. Se sorprendió cuando se enteró que no tenía auto ni tampoco registro de conducir. Entonces me dijo que él me enseñaría y que me convertiría muy pronto en un as al volante. Tomé la primer lección al día siguiente, a las 6 de la tarde y me dijo que el permiso para conducir me lo entregarían en tres días por intermedio de un amigo suyo. Me pidió que comprara un código de tránsito y me dijo que debía aprendérmelo de memoria, para no cometer errores y así no tener problemas con la policía. Tres semanas más tarde tenía una gran experiencia en el manejo de los autos. Sabía todo respecto a arranques fulminantes en segunda, salir marcha atrás a toda velocidad, dar media vuelta en el medio de la calle, control de derrapes, virar violentamente a toda marcha y por supuesto frenar en seco. Fred me dijo que todo eso debía saberlo por si en algún momento teníamos que despistar a la policía. Cada 48 horas cambiábamos de auto para que me familiarizara con toda clase de vehículos. Conduje autos de gran cilindrada, con palanca de cambios y también automáticos, franceses, norteamericanos, italianos, ingleses… Tres días más tarde me trajo el registro de manejo.
Pero lo mejor de todo es que luego de cada proeza que realizaba, me recompensaba haciendo el amor. Tenía palabra y cumplía siempre lo prometido. Allí terminó la primer etapa de mi aprendizaje y en ese momento empezó la gran aventura de mi vida…  

lunes, 13 de mayo de 2013

GENTE TOXICA - PARTE VIII - EL CHISMOSO

 Si deseas escuchar los siete comentarios  anteriores de este libro, envíame un mail a elsabernardi@yahoo.com.ar y con mucho gusto te enviaré los audios por esta misma vía.
Con afecto. Elsa Bernardi
 
 
Los chismes destruyen la vida. Algunos terminaron con familias enteras. Dan origen a peleas y rivalidades.
Hay muchísima  gente que hace del chisme su estilo de vida. “Un chisme es como una avispa; si no puedes matarla al primer golpe mejor no te metas con ella” George Bernard Shaw. Los chismes toman vida porque encuentran gente que les lleve el apunte.
A algunos les gusta chusmear sobre el trabajo, el sueldo, el horario, los uniformes… son informaciones que se difunden y nadie las verifica, sencillamente porque no se pueden verificar.  Casi nunca se puede saber quien fue el que originó el chisme, pero igual es tan chusma quien lo originó como quien lo hizo trascender y los que lo comentan son también constructores del chisme porque seguramente lo cambian o lo aumentan.  “No todos repiten los chismes que oyen. Algunos los mejoran”. Anónimo.  
A veces los rumores nacen por haber interpretado mal un mensaje. El que lo difunde es tan responsable como el autor.  Puede pasar que el chisme se vaya reduciendo, porque se va haciendo cada vez más concreto. Otras veces se les da énfasis a algunos detalles y se dejan de lado otros y otras más, se le agregan cosas para que sea más creíble. Sepamos que un rumor es rumor cuando la información que circula no es ofrecida por las fuentes originales.
Hay rumores que van aumentando de a poco. Hay otros que se extienden  como reguero de pólvora. Van a una velocidad de relámpago. Hay otros que aparecen cada tanto y luego desaparecen para volver a renacer de sus cenizas luego de un tiempo. Todo rumor a la larga desaparece pero en su camino puede lastimar a mucha gente.
No nos hagamos cómplices de su difusión. No lo transmitamos. Verifiquemos la veracidad o busquemos el error. Consultemos a la fuente original para terminar con él.  

LA MUJER SIN FRONTERAS (PARTE III)



 
 
¿Y el recién llegado qué le dijo?quiso saber el oficial Beilin.
Me preguntó si no tenía inconvenientes en cenar con él, algo tan simple como eso, y yo le dije… ¿y por qué no hacerlo? De paso no estaría sola en mi casa.
Fuimos en su auto a un restaurante en Montmartre, Me pareció que el dueño era amigo de él porque se tuteaban. Me hizo comer a la fuerza porque a mí no me pasaba un bocado. Cuando volvíamos en el auto no me dijo ni una palabra, lo cual se lo agradecí porque no tenía ninguna gana de hablar. No sabía ni siquiera adónde me llevaba. Sé que era arriesgado pero ese hombre tenía un no sé qué que me inspiraba confianza.
Cuando habló fue para decirme que si no había hablado en todo el viaje, era porque no le importaba lo que le pasaba a los demás y que me había invitado porque cuando me vio en el bar se notaba a la legua que me encontraba en problemas y no le gustaba verme así. Y a partir de ese momento empezamos a tirarnos piropos uno al otro. Le pregunté si era casado y me dijo que él era partidario del amor libre. Tenía un concepto bastante extraño de la familia. Cuando le pregunté si tenía padres me dijo que por suerte no. Me preguntó si tenía ganas de ir a su casa a tomar una copa. Prometió que no me haría nada y que tendríamos oportunidad de hablar cada uno de lo que quisiera. Acepté ir por sólo diez minutos pues debía volver a mi casa con mi familia.
Fuimos tomados del brazo… eso me pareció tierno de su parte. Mientras caminaba a mi lado noté que era muy alto. En su casa tuvimos que subir 6 pisos por la escalera porque no tenía ascensor. Tampoco teléfono. Se notaba que no tenía una muy buena posición económica… todo lo contrario.
Antes de entrar me previno que su casa distaba mucho de ser un palacio. En ese mismo momento me preguntó mi nombre y yo le pregunté el de él. Me dijo que se llamaba Fred y yo le dí mi nombre Madeleine. Esa fue la primera vez que entré al departamento donde en este momento está el cadáver de Fred.
El oficial Beilin escuchaba con interés como si se tratara de una novela y me preguntó qué había pasado después.
El departamento contaba con el mínimo indispensable de muebles: una cama de una plaza con una ropa de cama que daba pena mirarla, una mesa con una silla de cocina, sobre la cual no había nada, un placard empotrado que como puerta tenía una cortina, que en ese momento estaba entreabierta y se podían ver unas camperas y unos jeans apilados. Del techo colgaba un cable con una lamparita. Las paredes empapeladas con flores daban lástima. El papel estaba roto en algunos lados y se podía ver la pared y en otros despegado y quedaban colgando. En la piecita de al lado había otra mesa con un mantel de hule y encima había unos platos, unas cacerolas y un calentador a gas. En unos estantes había un montón de botellas vacías y una de whisky por la mitad junto a unos vasos bastante sucios por cierto.
Esa noche me tildó de capitalista y me dijo que esperaba el día en que todos en el mundo se vistieran igual, como ocurría en China. Más adelante lo ayudé a arreglar un poco su departamento pero a él eso no le interesaba para nada, lo único que tenía era sed de justicia y creía que esa misión era absolutamente suya… él era el justiciero.
Mientras me decía todo esto, estábamos los dos de pie… frente a frente… De golpe me abrazó bruscamente. Por un momento intenté alejarme pero me tenía inmovilizada contra su cuerpo y su boca. Cedí a su reclamo y estuvimos toda la noche haciendo el amor sobre esa cama que ni siquiera me dí cuenta de lo horrorosa que estaba. Al día siguiente yo ya era su prisionera y él se había convertido en mi amo. Y eso fuimos hasta anoche, que le di fin a su vida.
Mientras me vestía él seguía tirado en la cama mirándome sin decir nada, con una calma que me ponía más nerviosa de lo que estaba. Cuando me estaba yendo, con la misma voz dulce que tenía cuando me hizo el amor, me preguntó cuándo volvía y cuando le manifesté que debía pensar en lo que diría a mis padres para justificar mi llegada tarde, se molestó diciendo que ya era mayor de edad y no debía darle explicaciones de todos mis pasos. Finalizó diciendo que me esperaba alrededor de las 6 y que estaba seguro que lo haría. A partir de ese momento ya era de su pertenencia. Me dijo que él seguiría durmiendo y que soñaría conmigo.
Como es de imaginar huí despavorida.  Jamás podré olvidar esa huída. Eran las 7 de la mañana y en el taxi que tomé para volver a mi casa me rompía la cabeza pensando en qué les diría a mis padres para justificar mi ausencia durante toda la noche. Por otro lado estaba asustada de mí misma por lo que había hecho. No podía entender como yo, que hasta ese momento sólo había tenido una relación con el hombre que me acababa de abandonar, con sólo  20 años, había sido capaz de pasar toda la noche en casa de un desconocido y me había convertido en su amante. Y además estaba segura que lo seguiría siendo, porque ese hombre me había encandilado, aunque era la antítesis del hombre ideal que siempre había soñado. Y en este momento sólo tenía un deseo: que ya fueran las 6 de la tarde para volver a encontrarme con mi amante, como me lo había ordenado y como yo ya estaba dispuesta a obedecerle.
Como era de esperar, mis padres y Daniel me estaban esperando, pero salí elegantemente del paso diciéndoles que esa noche se había comprometido una compañera de oficina y nos había invitado a todos a su casa para festejar su compromiso. Luego salimos a cenar a un restaurante, más tarde a bailar y recién acaban de dejarme en la puerta de casa. Mi madre me preparó el desayuno mientras me cambiaba y salí de prisa a tomar el autobús. Durante el viaje pensé que era la primera vez que mentía a mis padres y a partir de ese momento, por causa de Fred,  me ví obligada a hacerlo durante los últimos dos años.
Lo volví a ver todos los días, casi siempre a la misma hora y cada vez que nos veíamos hacíamos el amor. Mis padres creo que se habían dado cuenta que algo pasaba con alguien, pero nunca me hacían preguntas. Nunca nadie se enteró de mi relación con Fred… ahora es usted el único que lo sabe.
El oficial le preguntó si no le llamaba la atención que viviera casi en una pocilga, sin trabajar y sin embargo tenía auto y a veces la invitaba a cenar.
No, replicó Mad, porque yo le había propuesto que cuando saliéramos pagaríamos una vez cada uno. Y en algunas oportunidades me decía que no fuera antes de las 6 porque tenía que salir y regresaría un poco más tarde. A mí me parecía lógico porque yo creía que trabajaba. Lo único que me llamaba la atención era que cada vez que salíamos lo hacíamos con un auto diferente. Entonces me dijo que para incrementar un poco su ingreso trabajaba con un amigo en una casa de compra y venta de autos de ocasión. Me explicó que su amigo se los daba para probarlos y luego decirle  las fallas que les encontraba para repararlos antes de venderlos. De ese modo, las primeras cuatro semanas usamos 4 autos diferentes. Pero todos muy buenos: Peugeot, BMW, Citroen e incluso un Mercedes.
El oficial un tanto exasperado le increpó: ¿y a ud. Nunca se le ocurrió que podrían ser robados?
No, porque yo en esa época no manejaba y no entendía nada de autos. Después Fred me enseñó a manejar y obtuve el registro sin necesidad de dar el exámen porque Fred me lo consiguió a través de un amigo.
Comenzando el segundo mes de la relación, una noche que volvíamos de cenar, Fred me dijo que se veía obligado a revelarme sus verdaderas actividades, pero agregó que debía responderle inmediatamente una última pregunta: si por cuestiones ajenas a su voluntad, llegaran a encontrarse en una situación desesperante, quería saber si aceptaba morir a su lado o prefería seguir viviendo sin él. A lo cual le respondí que aunque nunca había pensado en la muerte, creía que de ser necesario moriría a su lado.  


 

viernes, 10 de mayo de 2013

LA MUJER SIN FRONTERAS - PARTE II

 
  
 


Mad, como acostumbraban llamarla, hablaba con tanta tranquilidad que parecía que iba a contar la historia de otra persona.
Comenzó diciendo que todo había empezado hacía dos años en ese mismo departamento de París, que solamente era conocido por ellos dos y que nunca había tenido teléfono. Fred, que así se llamaba en realidad, se movía con otra documentación y por supuesto con un  nombre falso. Para los vecinos del edificio éran un matrimonio que nunca se metía en problemas. Cuando lo mató, usó el arma de Fred que tenía silenciador, para que no se oyera el disparo, porque él siempre decía que cuando se liquidaba a alguien había que hacer el menor ruido posible… salvo cuando arrojaba una bomba, porque en esos casos trataba de que el acto tuviera la mayor repercusión posible, porque su objetivo era que la gente entrara en pánico.
Agregó que sólo ellos dos tenían las llaves del departamento y ella había tomado las de él y las había puesto a buen resguardo, por lo que si en ese mismo momento la policía decidía allanar el lugar, encontrarían el cuerpo de Fred tirado en el mismo lugar donde le había dado muerte.
En el acto que habían cometido, no había cómplices, es decir que había sido preparado sólo por ellos dos, Fred y Mad… y no había sido el primero sino que había habido otros similares.
El policía, cada vez más sorprendido por lo que estaba escuchando, le dijo que continuara hablando y agregó… ya me pude dar cuenta que él era un profesional y usted una mujer fuera de lo común. Ella confirmó la profesionalidad de él aunque  lamentaba la obsesión que tenía por las ideas destructivas. Le contó que a pesar de tratar de disuadirlo de sus ideas durante los dos años que estuvieron juntos, terminaba siempre haciéndole creer que el que tenía razón era él… la dominaba desde todo punto de vista, moral y físicamente.
Mad aceptó que lo amaba profundamente y que si en ese último atentado no hubiera tenido esa desgracia familiar estaba segura que aún estaría a su lado y él continuaría vivo, pero la había puesto a prueba en eso y en escala de prioridades estaba primero su propia familia, por más amor que sintiera por él.  Ella siempre pensaba y sabía que la única manera de librarse de su dominio era matándolo, pero si hacía eso no quería seguir viviendo. En esta oportunidad no lo había hecho por lo mucho que ahora la necesitaban su padre y su hermano.
El oficial Beilin le preguntó si estaba creída que él la ayudaría si le seguía dando pruebas de su franqueza y ella le confesó que sí, pero que lo haría no sólo por ella sino por su familia, a quienes sería imposible explicarles que su hija y hermana había sido cómplice de su desgracia… aunque seguramente algún día finalmente se enterarían.
Antes de continuar, el oficial le recalcó que por más que ella lo hubiera matado para hacer justicia, no tenía derecho a cometer deliberadamente ese asesinato… tendría que haber esperado que fuera apresado por la policía y que ellos se encargaran de hacer justicia tal vez matándolo y eso hubiera sido lo mejor para ella, pero Mad insistía en que hubieran tardado años en hallarlo e incluso en identificarlo.
La joven comenzó a contarle que la noche que lo conoció acababa de tener su última cita con un hombre que trabajaba con ella, con el que estaba saliendo hacía tres meses. Era el hombre que ella había soñado… entrado en años, pero colmaba todas las expectativas que tenía respecto de la persona que deseaba para estar a su lado. Sentía que había encontrado como un segundo padre, que además la hacía sentir mujer. Estaba completamente enamorada y su único sueño era casarse con él y consagrarle su vida. Pero esa noche le reveló que era casado y que tenía dos hijos pequeños que aún necesitaban de él. Se retiró sin agregar ni una palabra más y ella quedó sola en la mesa de un bar.
Frente a ella, sentado en un taburete, había un hombre que la observaba. En un momento se acercó a la mesa, se sentó y comenzó a hablarle. El joven la invitó a tomar una copa de champagne para levantarle el ánimo y aunque ella al principio se resistía finalmente ocurrió lo que a partir de ese momento ocurriría siempre, terminó convenciéndola.
El hombre que estaba ahora con ella era lo opuesto a aquél que hacía un momento la había abandonado. Uno era todo refinamiento, el hombre que inspira confianza. En cambio este otro era bastante desaliñado y tenía un aspecto muy descuidado. Pero a pesar de todo ello, la fascinó su mirada… una mirada que no reaccionaba ante nada. Ahora bien le podría decir que su mirada era la de un asesino, que no se conmueve ante nada ni nadie. Y aunque le parezca mentira, oficial, me dio la impresión que esa mirada me decía que esa persona se sentía inclinada a ayudarme…. Pero, cómo se equivoca uno!
 

jueves, 9 de mayo de 2013

LA MUJER SIN FRONTERAS - PARTE I

  
 


 
Ese día Marc había llegado a su casa como todos los días a las 6 de la tarde. Vivía junto a su esposa Francine y sus hijos Madeleine, de 22 años y Daniel de 7, en un departamento en la ciudad de París.
Madeleine era secretaria en una empresa de seguros marítimos. La joven había regresado una hora después que su padre y se había dirigido directamente a su dormitorio sin detenerse a saludarlo.
Tras insistentes llamados de éste, bajó al salón y juntos tomaron una copa de coñac. Madeleine preguntó por su madre y el padre le comentó que había salido con Daniel, aprovechando que no había escuela.
Cuando Marc encendió el televisor el locutor informaba que, exactamente a las 6 de la tarde, hora del mayor flujo de transeúntes que se trasladan de sus trabajos a los hogares, se había cometido un terrible atentado delante del shopping de la plaza de la Opera, en plena tarde y en el centro de París,  que había dejado un saldo de 5 muertos y numerosas víctimas hasta ese momento.
Cuando ampliaron la información dijeron que había sido lanzada una bomba desde un automóvil que había pasado a toda velocidad por delante del shopping, bordeando la vereda y que sus autores habían escapado en una increíble maniobra automovilística. Mientras tanto, la demora de la llegada de Francine y Daniel inquietaba a Marc y también a su hija.
Al poco rato llamaron a la puerta y recuperaron la tranquilidad pensando que eran ellos, pero se trataba de un desconocido acompañado por un agente de policía. El hombre se presentó como el oficial  Jacques Belin y preguntó si ése era el domicilio de Francine Maugué. Ante la respuesta afirmativa de Marc, el oficial lo tomó por los hombros y tras relatarle los hechos del atentado ya conocido en la casa, le explicó que la señora Maugué había sido alcanzada por la explosión y que había muerto en el acto, en tanto que su hijo se encontraba mal herido y tenía la pierna derecha muy comprometida. Madeleine escuchó que su madre estaba en la morgue y su hermano hospitalizado… y que el oficial a cargo le estaba pidiendo su inmediata presencia en el hospital, porque los médicos necesitaban su autorización para amputarle la pierna al chico. Madeleine realizó todos los pasos que le iban indicando acompañada por el oficial Belin, quien luego de todo ello le aconsejó que se fuera a su casa a descansar porque ya durante la noche no podría hacer más nada. Ella por toda respuesta le dijo que prefería caminar para ordenar sus ideas porque estaba muy confundida.
Cuando llegó a la calle llamó un taxi y le dio una dirección. Llegó a un viejo edificio sin ascensor y subió por la escalera al sexto piso. Dio tres timbrazos y luego dos más, como si fuera una señal, y abrió la puerta con su llave. En la penumbra había un hombre fumando y mirando la televisión. Tenía unos 30 años. Su saco estaba sobre el sillón al lado de su revólver. Al recibirla sólo le dijo que había hecho bien al esperar varias horas para ir a ese lugar, pues de lo contrario corría el riesgo de que la siguieran. Ella le dijo que había estado en su casa para que no se inquietaran. El hombre insistía en lo bien que habían actuado ya que el caso había tenido mucha repercusión. Madeleine se tiró en el sofá y comenzó a sollozar y a increparle diciendo que eran dos asesinos. Fred no estaba de acuerdo. Él se consideraba apenas un justiciero que hacía eso para demostrar que era necesario que todo debía cambiar. La felicitó porque había sido de gran ayuda conduciendo el auto y agregó que lo había hecho con mucha pericia, porque a la más pequeña mala maniobra, todo podría haberse arruinado.
Madeleine finalmente decidió contarle a Fred el drama que estaba pasando en ese momento en su casa. La muerte de su madre, la amputación de la pierna de su hermano y la sedación de su padre debido al shock sufrido tras anoticiarse de todo lo ocurrido.
Fred se sintió consternado pero a pesar de ello no dudó en decirle que no debía exagerar tanto. Madeleine comienzó entonces a reprocharle que por amor, desde hacía dos años se había convertido en su cómplice y consejera de los malvivientes que lo rodeaban. Finalmente le gritó que no estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo y que considerara que lo que acababa de hacer podía considerarla su última hazaña… Mientras hablaba tomó el revólver y casi sin dudarlo disparó una sola bala que le dio en medio del pecho. Tomó el revólver y la billetera de Fred, las guardó en su cartera y bajando los seis pisos por la escalera salió a la calle. El revólver lo arrojó a una alcantarilla y la billetera con su contenido la quemó en el horno de su cocina. Al salir de la cocina se cruzó con la enfermera que había quedado al cuidado de su padre, que le transmitió que se encontraba sedado y descansando. Llamó al hospital y el profesor Chardon le informó que la operación ya había terminado sin complicaciones y que podía pasar a ver a su hermano al día siguiente.
Dos horas más tarde llegó en compañía del oficial Beilin al instituto para proceder al reconocimiento de su madre y decidir el atraso del velatorio por cinco días para que su esposo Marc pudiera encontrarse presente. Luego se dirigió al hospital a ver a su hermano y sólo fue capaz de regalarle una sonrisa y se retiró.
Cuando llegó a su casa había llegada la hermana de su padre y el tío Jacques, para acompañarlos.
Un rato más tarde, Madeleine ingresa a la oficina de Beilin, en la jefatura de policía, diciéndole que está allí porque tiene cosas muy graves para contarle. Previo a ello le pide que le prometa que todo lo que escuche será absolutamente confidencial hasta el día posterior a la inhumación de su madre. Luego de ello, podrá actuar como su conciencia le dicte y su profesión se lo permita.
Madeleine comenzó diciendo que esa noche había matado a un hombre, que era quien había acabado con la vida de su madre y además el causante de la mutilación de su hermano. Que lo había hecho para hacer justicia, no solo por ellos sino también por todas las víctimas del terrible atentado cometido a la tarde. Y también confiesa que está absolutamente lúcida y que ese hombre había sido su amante durante dos años.