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martes, 2 de octubre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 16



 

El departamento que nosotros alquilábamos era del dueño del edificio, que al construirlo se había reservado algunas unidades para rentarlas. Estando ya embarazada de Sebastián, un día nos llamó para avisarnos que no nos iba a poder renovar el contrato de alquiler, porque tenía la necesidad de poner en venta todos los departamentos de su propiedad… o sea que al vencimiento del contrato nos teníamos que ir. Nos hizo firmar un convenio de desocupación que vencía a mediados de 1976, coincidiendo con el nacimiento de nuestro cuarto hijo.
Esto se convirtió en un drama, porque a pesar de nuestros cuatro empleos no teníamos capacidad de ahorro. Irnos de ahí nos significaba un paquete enorme de plata que no teníamos. Estábamos verdaderamente en una encrucijada y sin poder recurrir a nadie, como siempre. La última carta que nos jugamos fue presentar una nota en el Banco Hipotecario exponiendo nuestra situación, para ver la factibilidad de que nos otorgaran una vivienda. El banco nos contestó que nuestra situación no era límite y desatendió nuestro pedido. Hicimos un segundo intento con idéntico resultado. Situación límite, para el banco, era estar con los muebles en la calle… ésa fue la respuesta que nos dieron. Nuestra desesperanza era cada vez mayor y ya no sabíamos qué íbamos a hacer.
Pero si de algo estoy segura, es de que “Dios aprieta pero no ahorca” (pero la lengua nos llegó casi al suelo). Miren lo que nos pasó.
Una noche salimos con Enrique a caminar por Av.Rivadavia. En la esquina de casa nos encontramos con una pareja, que ella era bastante amiga mía pero hacía muchísimo que no veía. Me presentó a su esposo, con quien se había casado hacía unos pocos años y tenían dos hijos. Como vivían a dos cuadras de nuestra casa, nos invitaron a tomar un café a su departamento. Ya allí, charla va, charla viene, nos enteramos que el marido de mi amiga era funcionario del Banco Hipotecario (no tengo ninguna duda que Dios lo puso en nuestro camino), así que le contamos nuestro problema. Nuestro amigo nos pidió los datos y nos dijo que iba a ver si él nos podía ayudar. Nos empezamos a visitar con frecuencia, porque además nos llevábamos muy bien. Llegaron las fiestas de fin de año.
El 17 de febrero de 1976, faltando 4 meses para el nacimiento de Sebastián, nos llamaron para ir a la noche a tomar un café a su casa. Después del café vimos que trajeron a la mesa una botella de champagne. Con Enrique nos miramos pensando que tal vez era el cumple de alguno de ellos y nosotros no sabíamos nada. Cuando sirvieron las copas y en el momento del brindis, él le entregó un sobre a Enrique y le dijo que lo abriera. Dentro del sobre estaba la adjudicación de la vivienda que nos había otorgado el Banco Hipotecario.
Bueno, no se imaginan la emoción de todos en ese momento. Enrique y yo nos abrazamos y nos pusimos a llorar como dos chicos… de repente nuestro problema se había solucionado como por arte de magia. Esa noche iba a ser inolvidable y la fecha nos quedó grabada por siempre. Es difícil explicar lo que sentimos cuando leimos el contenido de ese sobre… era como un milagro que fortalecía nuestra creencia de que sin dudas Dios nos había tocado con la mano.    
Esa misma noche nuestros amigos nos llevaron en su auto al lugar donde muy pronto íbamos a vivir. Era un complejo habitacional en Villa Devoto, con 10 torres, de 20 departamentos cada una, que se había adjudicado casi en su totalidad a empleados gubernamentales del Ministerio de Bienestar Social y otros. El departamento que nos adjudicaron tenía 4 ambientes, en concordancia con la cantidad de integrantes del grupo familiar que habíamos declarado oportunamente: matrimonio con 4 hijos. El día 24 de marzo de 1976 (día del derrocamiento del gobierno de Isabel Perón), nos llamaron a la mañana para que fuéramos urgente al complejo a tomar posesión del departamento. Así lo hicimos y ese día al mediodía nos dieron las llaves de nuestra nueva casa. Al día siguiente el gobierno del país había cambiado. Nosotros pudimos cumplir con los términos del convenio de desocupación que habíamos firmado y el 1º de mayo de 1976 nos mudamos. Aquí comienza otra etapa de mi vida.  
..//continuará

                                                                                              El rincón de neche (Elsa)

lunes, 1 de octubre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 15


 

A los diez meses de nuestro “casamiento” (el casamiento tenía valor solamente para nosotros), nació Christian. Como todos los otros embarazos, fue muy bueno. Nació también con parto normal en el Sanatorio Anchorena con 3,750kg.  Recuerdo que el día que me descompuse (en realidad se rajó un poco la bolsa y tenía pérdida de líquido amniótico) estaba sola en casa, cocinando. Era pasado el mediodía. Marcelo y Gustavo estaban en el colegio y Enrique había ido a Aeroparque. Nosotros no teníamos teléfono. No tenía contracciones… siempre me pasaba lo mismo, la dilatación se me producía sin dolores. Me senté en la cocina, apoyé los brazos y mi cabeza sobre la mesa y me quedé dormida. Después de un rato, habrá sido como una hora, me desperté y bajé a llamar por teléfono a Enrique. Como no estaba en el despacho de tráfico, les pedí a mis compañeros que le avisaran que me iba al sanatorio. Mamá en aquél entonces tenía una inmobiliaria junto con Malena. La llamé a mamá para que me acompañara ella, pero me dijo que no podía porque estaba esperando un cliente para mostrarle un departamento. Malena había salido. Así que me tenía que ir sola. Sentí una tristeza tan enorme, que saben qué hice? Me preparé el bolso sólo para mí y me fui sola. Para el bebé no llevé nada. Me sentía una “paria” recién llegada del campo. En el sanatorio fui a la administración a registrarme y llamaron al médico y a la partera para que vinieran. En ese entonces yo me atendía por Amsa y los médicos eran externos, por eso había que avisarles que fueran. Me revisaron y me instalaron en la habitación. Después me enteré que en todo ese trámite nos cruzamos sin vernos con Enrique, que ya enterado salió volando para el sanatorio y como no me encontró (me estaban revisando) se fue corriendo a mi casa. Como tampoco me encontró volvió como un loco al sanatorio y recién entonces nos juntamos. Le pedí que volviera a casa a buscar la ropa del bebé. En el parto me durmieron, así que cuando Christian nació yo estaba dormida. Cuando me llevaban a la habitación y Enrique vio que yo estaba dormida, se asustó y preguntó qué me pasaba. Allí le dijeron que había salido todo muy bien, pero que lo único extraño era que dormida había llorado durante todo el parto, a lo que Enrique contestó que debía ser porque esperábamos una nena. Yo, que ya me estaba despertando, lo escuché y así me enteré que había nacido otro varón. Supongo que mi llanto se debió a la angustia que viví.
Tres años y 3 meses habían pasado del nacimiento de Christian cuando quedé embarazada de Sebastián. Era agosto de 1975. Lo habíamos estado buscando mucho, pero tardó todo ese tiempo en concretarse. Estábamos todos felices por su llegada, pero necesitábamos encontrar una empleada nueva para el cuidado de nuestros hijos porque nos habíamos quedado sin nadie (no me acuerdo si se había ido la que los descuidó en la ventana o la que le arrancó el mechón de pelos a Christian). Buscamos una por el diario y  “ahí sí que tuvimos suerte”… dimos con la mejor persona que podríamos haber encontrado para ayudarnos en la crianza de todos ellos: Flora, nuestra mano derecha (e izquierda) durante 16 años. A Flora la contratamos con cama adentro. Era el ser más adorable y limpito que pudimos haber hallado, pero ocurrió que a poquito de entrar nos enteramos que venía “con premio”. Uyyyyyyyy… mi Dios….. qué mala suerte tenemos”  pensamos nosotros. Las dos estábamos de 3 meses, así que yo le dije que no se iba a poder quedar, pero me explicó que ya había decidido suspender su embarazo. Ella había llegado recientemente del Chaco, donde había dejado 2 hijas; venía embarazada de allá y no quería tenerlo... (la fotito del artículo es lo más parecido a Flora que pude encontrar; quienes la conocieron no me dejan mentir)
Bueno.... a esta altura ya se habrán dado cuenta que nuestra felicidad siempre se empañaba por algo y por lo general no eran pavadas. Al poquitísimo tiempo algo más ocurrió que nos movió toda la estantería y nos llevó bastante al límite…qué digo bastante… nos llevó al límite porque fue realmente groso… pero esto se los contaré mañana.
..//continuará

                                                                                  El rincón de neche (Elsa)

viernes, 28 de septiembre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 14





 

Con la mudanza tuvimos que pensar también en un cambio de colegio para Marcelo y Gustavo. Marcelo ya tenía 8 años y estaba en la escuela primaria. Las clases habían comenzado y se nos estaba complicando conseguir vacantes para los dos. Gracias a los buenos oficios de un tío de Enrique, sacerdote, director del Colegio Don Bosco, pudimos anotarlos en el colegio San Francisco de Sales que quedaba bastante cerca de nuestra casa… Hipólito Irigoyen y Yatay.
Yo trabajaba de 8 a 16 en Pluna y de 16 a 20 había conseguido un segundo empleo en el estudio de los asesores aeronáuticos de Pluna. Enrique trabajaba en Pluna y en la Fuerza Aérea. En este último empleo había ingresado muy jovencito y tenía mucha antigüedad.
Como no contábamos con el apoyo de nadie, tuvimos que tomar una empleada para que se quedara con los chicos en los horarios que faltábamos nosotros. Con mi mamá ni hablar y los padres de Enrique se habían ido a vivir a Comodoro Rivadavia (Enrique I, mi suegro, era funcionario de Fuerza Aérea. Lo habían trasladado al sur donde vivieron muchos años, hasta que solicitó su pase a Bahía Blanca por razones de salud y allí falleció).
Por esta razón, las empleadas eran para nosotros males necesarios… más que necesarios, indispensables y jamás pudimos zafar de ellas hasta que nuestros cuatro hijos fueron grandes. Se imaginarán que tenemos muchas historias porque pasaron unas cuantas, pero con la primera que tomamos nos tocó atravesar un episodio, que cuando lo pienso se me ponen los pelos de punta. Nosotros vivíamos en un piso 11, contrafrente. Nuestro dormitorio daba al contrafrente y el de los chicos, que tenían dos camas superpuestas, daba al aire-luz. Un día que volvía de trabajar, una vecina del piso 10 frente, me para y me cuenta que a la mañana, desde su lavadero, vio que Marcelo y Gustavo estaban sentados en la ventana de su pieza, con los pies colgando para afuera. La ventana no tenía protección (enorme error nuestro pero acabábamos de mudarnos). Evidentemente se subieron con la cama alta y la empleada no sé qué estaría haciendo. Cuando mi vecina los vio, les empezó a hablar despacito y a sugerirles que se bajaran con cuidado hasta que lo hicieron. Inmediatamente subió al piso y encaró a Rosa, que así se llamaba quien los “cuidaba”. Obviamente fue su último día. También tuvimos otra que le tiraba del pelo a Christian cuando era chiquito y no nos explicábamos porqué el chico lloraba tanto cuando esta señora venía los domingos a la noche, hasta que un día encontramos un mechón de pelos detrás de un mueble.
A pesar de algunos contratiempos mediante, mi hogar estaba más o menos organizado. Carlos venía todos los fines de semana a buscar a sus hijos y los devolvía el domingo a la noche. Los malcriaba mucho, pero jamás fue un padre ausente. Pero había un “pequeño-gran problema”. Enrique se extralimitó siempre en sus derechos de “padre” de mis hijos. Desde nuestro casamiento se había “adueñado” de ellos dos y si bien su postura era destacable porque los educaba como si fueran hijos propios, pasaba por alto el hecho de que los chicos tenían a su papá biológico -siempre presente- y a quien él se empecinó en desconocer en todo momento. Es así que cada vez que los chicos desobedecían en algo, la penitencia era siempre la misma: “este fin de semana no te vas con tu papá”. Se imaginan que esto no terminaba acá… por el contrario, empezaba acá. Carlos se peleaba con Enrique, le decía de todo -y yo creo que con justa razón- y terminaba desautorizándolo y llevándose a los chicos de prepo. Y yo en el medio y peleada con los dos. Y esto pasaba siempre! Enrique no podía entender porqué si él se tenía que ocupar de todo lo relacionado con los chicos, ir al colegio a hablar cuando nos citaban, correr al médico conmigo si era necesario, etc. porqué entonces no lo dejaban educarlos como él había elegido hacerlo. La realidad es que no tenía razón, porque lo que él buscaba era que el padre no viera más a sus hijos y viceversa y eso para mí era cruel. Siempre insistí en el hecho de decir que los motivos que me llevaron a separarme de Carlos fueron por su inmadurez en la relación, pero jamás por ser mal padre o mal esposo. Él amaba a sus hijos y sus hijos lo amaban a él y esperaban los fines de semana para estar juntos. Este proceder de Enrique, lejos de acercarlo a ellos -que de entrada habían pegado muy buena onda con él- los fue distanciando y creando un resentimiento difícil de manejar, teniendo en cuenta las edades de Marcelo y Gustavo (8 y 4 años).

..//continuará

                                                                                  El rincón de neche (Elsa)  

miércoles, 26 de septiembre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 13






 
En Pluna tenía un compañero, que ni bien ingresó a trabajar en la empresa “me tiró los galgos”. Claro, yo tenía 22 años, era muy jovencita… qué se iba a imaginar que ya estaba casada, que ya tenía un hijo de casi 4 años y que además ya estaba esperando otro… jajaja… pobre Enrique, se quedó más chato que cinco de queso cuando le conté todo eso. A partir de ese día me empezó a llamar “mamá” con muchísimo respeto y nos hicimos muy amigos. Él trabajaba en Aeroparque y yo en las oficinas centrales, así que casi no nos veíamos, pero cuando pasaba por el centro me venía a saludar y me contaba todos sus affaires. Estuvo de novio con una azafata de Pluna, preciosa, que fue Miss Punta del Este. Después con la hija de un compañero de su oficina, después con Susana, sobrina del Gerente Comercial de quien yo era secretaria. Este último le tenía una bronca que no lo podía ni ver, así que le recomendé que si continuaba su noviazgo, primero se iba a tener que ganar al tío. Le encantaba usar alianza y al comenzar una relación rápidamente se comprometía.
Yo era una de las pocas compañeras que lo apreciaba,  porque a pesar de ser una excelente persona, su ascendencia germana lo traicionaba y no podía ocultar su aire de superioridad, lo que le generaba roces de importancia con sus compañeros de trabajo y ni que hablar con los pasajeros que atendía en el Aeropuerto.
Cuando me separé de Carlos, a medida que pasaban los días, la noticia se iba expandiendo por los pasillos de Pluna. Fue así que al llegar a oídos de Enrique, sin pérdida de tiempo me vino a encarar nuevamente, para proponerme una vez más iniciar una relación seria y brindarme su apoyo a mí y a mis hijos. Yo ya estaba tramitando el segundo juicio de divorcio y vivía sola con los chicos, por lo que, en ese momento, sentirme respaldada por él me hacía sentir bien y lo acepté. Salíamos a todos lados con Marcelo y Gustavo. Mi mamá, que estaba absolutamente en contra de mi separación, jamás me cuidaba a mis hijos… muchísimo menos para salir con Enrique. Además cuando se enteró, me tiró con toda la artillería. Si tenía un enemigo… era ella. Tan así estaban las cosas que un día Enrique fue a su casa a pedirle mi mano. ¡Qué antigüedad! pero ¡Qué caballero! Me enorgullece poder decir esto de quien más adelante se convirtió en mi segundo marido por 29 años y en el padre de mis otros dos hijos, Christian y Sebastián.  
Como era de esperar, mi mamá se sorprendió ante este gesto, pero… “genio y figura hasta la sepultura”, así que continuó casi con su misma actitud.
Enrique, como ya saben, se quería comprometer rápidamente, así que compró las alianzas y comenzó a hacer las averiguaciones para poder casarnos vía Paraguay una vez finalizado el juicio definitivo de separación, que como les dije fue en mayo de 1971. Cuando mi abogado me entregó el Certificado de Matrimonio con la constancia marginal del 67-bis, enviamos toda la documentación requerida a Paraguay para casarnos “por poder”. El Ministerio de Relaciones Exteriores nos mandó un papel donde nos decían que la fecha de casamiento sería el 10 de julio de 1971 (dura coincidencia, porque era justamente el aniversario de la muerte de mi papá, pero bueno…), así que empezamos a buscar un nuevo departamento para mudarnos porque el mío había quedado chico. Encontramos uno muy lindo de 3 ambientes en el barrio de Almagro, Av.Rivadavia y Loria y el día de nuestro casamiento nos mudamos A los pocos días recibimos el Acta de Matrimonio y la Libreta de Matrimonio y el 10 de julio de 1971 empezó una nueva etapa de mi vida.
..//continuará

                                                                                  El rincón de neche (Elsa)

martes, 25 de septiembre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 12





 
Tres meses más tarde de nacer Gustavo, en Marzo, Marcelo cumplió 5 años y empezó el Jardín de Infantes (por entonces el pre-escolar no existía). Lo anotamos en un colegio suizo privado, cuyos dueños y directores eran amigos de Elena, mi suegra. A pesar de la amistad, no pudimos evitar que lo echaran del colegio, porque era tan terrible que no lo aguantaban jajaja… no era malo, pero tenía una energía impresionante. Así que lo cambiamos al Instituto Vernié, que también era un colegio privado. El director me decía que cuando salía del aula al recreo, cruzaba corriendo todo el patio y se “estrellaba” contra la pared. Señora, me decía, tiene que llevarlo a hacer algún deporte para gastar la enorme energía que tiene… así que todos los finde nos íbamos los cuatro al club del Banco Español.
Como Carlos fue siempre muy familiero, disfrutábamos mucho estas salidas, pero aunque todo a simple vista estaba bien, los problemas económicos continuaban oscureciendo una y otra vez la tranquilidad del hogar. Fue así que a comienzos de 1970 tomé la drástica decisión de abandonar mi casa, llevando mis dos hijos conmigo. Yo tenía 25 años, Marcelo 6 y Gustavo 2. Creo que fue el primer gran error de mi vida, considerando el alto precio que tuve que pagar (mi hijo Gustavo, aparentemente como consecuencia de la separación, tuvo severísimos problemas de conducta, que lo condujeron sin escalas a la adicción a las drogas hasta terminar con su vida a los 27 años). Si  volviera a pasar por algo igual, al menos lo pensaría un poco más  Creo que mi corta edad tuvo bastante que ver en mi decisión. Fui criada en un hogar donde el peso se cuidaba mucho y a las cosas se les daba valor. Carlos nació en un hogar completamente distinto. Él era el típico chico que iba al bufet del club y decía: “anotalo que después papá te lo paga”. No era malo, al contrario, creo que fue el hombre más bueno que encontré en mi vida y el que más me quiso, pero yo sentía a mi edad una enorme carga sobre mis espaldas, porque toda la responsabilidad de mi casa la tenía yo sola. Si yo tenía un apuro económico no podía contar con el apoyo de él y tenía que salir como podía, así que cuando Elena, con justa razón, dijo: “hasta acá llegó mi amor”, yo dije lo mismo y me fui con la música a otra parte. Bah, con mis hijos a otra parte. Alquilé, con opción a compra, (¡qué tiempos aquellos!) un departamento a estrenar de 2 ambientes, 7º piso, en Acevedo y Velazco. Era hermoso! Como no me podía mudar porque no estaba terminado, fui a vivir un tiempo con mi mamá y con Alvaro. Uffffffff, un espanto!!!! A mis hijos no los dejaban ni mover. Tenían un semi- piso super coqueto y no podían tocar nada. Fue así que hablé con el dueño de mi edificio, que vivía con su familia en el 7º piso frente al mío y me permitieron mudarme a mi casa, con luz de obra y puerta de calle con tablones. ¡Qué felicidad! ¡Al fin estábamos en casa los tres juntos! Gustavo tenía poco menos de 3 años y lo habían tomado de contrabando en el colegio de Marcelo… “estaba en negro” jajaja… porque era muy chiquito, así que cuando venía alguna inspección lo escondían para que no lo vieran, pero me hicieron la gauchada esa. Iban doble turno. Yo los llevaba a la mañana y cuando salía de Pluna, a las 4 de la tarde, los pasaba a buscar. Eramos felices o, por lo menos, yo estaba más tranquila, porque aunque Carlos no me daba plata tampoco me generaba gastos. Carlos se los llevaba todos los fines de semana. Jamás dejó de hacerlo. Yo inicié el trámite de separación legal Así se llamaba. Separación legal, de mutuo consentimiento, por culpa de ambos, art.67-bis. Por supuesto me hice cargo del gasto. Tuve que hacer dos juicios porque el primero salió negado. El art.67 bis era en ese momento algo muy nuevo y si uno no tenía la suerte de que el expediente entrara en un juzgado que estuviera a favor de la separación, se rechazaba. El juez dijo que el motivo “incompatibilidad de caracteres” era insuficiente para disolver una relación conyugal. Así que cuando lo volvimos a iniciar, mi abogado tuvo que esperar un juzgado conocido para no correr la misma suerte. Y el 17 de mayo de 1971 nos separamos legalmente.
..//continuará

jueves, 20 de septiembre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 11






 
Cuando Marcelo cumplió 1 año, yo empecé a trabajar en una Cooperativa de Crédito. El trabajo me lo consiguió Carlos. Esa Cooperativa tenía la cuenta corriente en la sucursal del Banco de Londres donde él trabajaba y conocía a los titulares de la cuenta, que eran los socios-fundadores de la misma. Pequeños-grandes malhechores. Los integrantes de la cúpula eran todos dueños de importantes negocios de los alrededores, en el microcentro, donde también quedaba la Cooperativa. Yotenía apenas 20 años recién cumplidos así que me vendían un buzón y yo todavía daba las gracias. Una vez trabajando en la caja me faltaron $90.000 de aquél entonces –como si yo dijera $10.000 de ahora o más…-. y me dijeron que lo más probable era que me había equivocado al dar un vuelto. O sea vuelto de 100.000 en lugar de vuelto de 10.000.- Yo me quería morir, porque el faltante me dijeron que lo tenía que poner yo. Encima tenía un sueldo bajo y ni siquiera me pagaban quebranto de caja. Cuestión que ¡Oh! a los pocos días de ocurrido el hecho, se apareció en la oficina un sacerdote que pidió hablar con el Gerente y saben qué traía? Los $90.000!!!! Dijo que se lo había dejado una persona en la Iglesia, confesando que yo le había dado mal el vuelto y pidiéndole al curita que me lo trajera. Increíble! pero a mí me volvió el alma al cuerpo (yo siempre pensé que “alguien” me los había sacado de la caja, ya que estaba expuesta a todo el mundo).
Cuando empecé a trabajar, Marcelo quedaba unos días con mi mamá y unos días con Elena, mi suegra. Elena, que me quería muchísimo, un día nos ofreció dividir su casa de 2 plantas en 2 departamentos, para que fuéramos a vivir allí y simplificarnos la tarea de llevar y traer a Marcelo. A Carlos y a mí nos pareció bien, así que aceptamos su propuesta. La división quedó bárbara porque eran dos departamentos absolutamente independientes, así que decidimos alquilar la casa de Ramos Mejía y nos mudamos definitivamente a Bustamante. Yo me llevaba muy bien con Elena y también con Alicia, mi cuñada, sobre todo porque no se metían para nada en nuestra vida. El único problema que había surgido era que Carlos, cada tanto, contraía deudas que no me terminaba de decir de dónde salían –es más, nunca lo supe- y ese fue el principio del fin.  Quien nos sacaba las castañas del fuego era siempre su madre, hasta que se cansó… y yo también (en 1970… pero eso lo contaré más adelante).
En enero de 1966, cuando Marcelo estaba por cumplir 3 años, la Cooperativa cerró; obviamente me quedé sin trabajo, pero al poco tiempo ingresé a Pluna-Líneas Aéreas. Alrededor de esa misma época Carlos había dejado de trabajar en el banco y con la ayuda de su mamá se compró un taxi 0km y empezó a trabajar con él. Le iba bien y el trabajo le gustaba. El coche era un Riley 1500 (una nueva versión del Siam Di Tella). 
En marzo del 67 quedé embarazada de Gustavo. Mi embarazo fue tan espectacular como el anterior o todavía mejor, porque como Marcelo había nacido con tanto peso, el médico que me atendía, que era el mismo que me había asistido anteriormente, me indicó un regimen bastante estricto para evitar que el segundo hijo fuera demasiado grande. La dieta dio resultado y Gustavo pesó 1kg menos, 3.250kg.  Me sentía tan bien que cuando estaba de 4 o 5 meses pude jugar un torneo de tenis doble mixto en el club del Banco Español. Mi compañero era Julio Speroni… y ganamos el torneo!  El 15 de diciembre de 1967 nació Gustavo. Yo estaba en casa con Beatriz, que era una señora que me ayudaba en las tareas de la casa. Carlos había salido a trabajar con el taxi. Cuando se fue le dije que se diera una vuelta porque tenía algunos síntomas y así fue. Al rato de irse, me bañé y me fui caminando a la Clínica Bazterricapara que me revisaran, pero no me dejaron volver a mi casa porque estaba a punto de parir. Gustavo lo esperó al padre que llegara y nació a la 1 de la tarde con parto normal
..// continuará

                                                                                                       El rincón de neche (Elsa)


miércoles, 19 de septiembre de 2012

HISTORIA DE MI VIDA - PARTE 10





 
Tres meses más tarde de mi casamiento, es decir en junio, quedé embarazada. Yo continuaba trabajando en la Administración y Carlos en el Banco de Londres. Mamá, como les dije, se casó en setiembre de ese año y se fue a vivir a Caballito, a la casa de Alvaro. Cuando mamá se mudó, con Carlos continuamos alquilando el departamento donde yo había nacido, porque los dos trabajábamos en el centro, yo estaba embarazada, no teníamos auto y viajar todos los días ida y vuelta a Ramos se nos hacía pesado. Así que estábamos de lunes a viernes allí y los finde nos íbamos a nuestra casa de Ramos Mejía. Cuando llegábamos el pasto nos tapaba y el terreno era tan grande que no nos alcanzaba el fin de semana para cortarlo. Tampoco nos daba para contratar un jardinero, porque aunque la familia de Carlos estaba en muy buena posición económica, la realidad era que nosotros vivíamos de nuestros sueldos. Además, como yo había nacido en el centro de la capital, no me acostumbraba demasiado a vivir tan lejos, así que estar nuevamente en mi casa me hacía sentir mejor y los viajes de los finde los tomaba como un paseo. Hoy pienso lo que no daría por tener esa casa, en ese lugar, en este momento.
Mi embarazo fue excelente y trabajé los 9 meses completos, porque como el parto se me adelantó 15 días, dejé de trabajar el día anterior. Con posterioridad a los 3 meses de licencia por maternidad, presenté mi renuncia para dedicarme por completo a la crianza de mi hijo. Marcelo nació con parto natural, como todos mis hijos, el 8 de marzo de 1963, con Kg 4,150. Sí, era enorme. Me interné a las 6 de la mañana y nació 8 y 10 de la mañana, así que poco menos que el tiempo necesario para instalarnos con Carlos en la habitación. Nació en el Policlínico Bancario, pero el policlínico de aquél entonces, que no tenía nada que envidiarle al mejor sanatorio de ese momento. Estaba en una habitación individual con vista a los jardines, que son todavía hermosos y la atención fue excepcional. Qué lástima que haya caído tan estrepitosamente a la actual situación!
Como yo de soltera había tenido una vida relativamente austera, -bueno, más que austera, económicamente planificada para poder llegar a fin de mes- decidimos que yo administraría los gastos del hogar, porque Carlos de eso no sabía nada. Su vida había sido completamente distinta y no sé si exagero al decir diametralmente opuesta. A fin de mes juntábamos los dos sueldos (que después que renuncié fue uno solo), yo hacía las cuentas y lo que sobraba lo guardaba y, ¡qué tiempos aquellos!,  yo podía calcular cuánto podíamos ahorrar en un año y hacer planes a largo plazo. Tanto fue así que a poco de nacer Marcelo nos compramos un Fiat 600 0KM, en la Concesionaria Sergidel Cid Campeador.  La verdad no me acuerdo qué presidencia era, pero ¡qué estabilidad que había entonces! Si alguno se acuerda me lo pueden decir?
Antes de seguir adelante no puedo dejar de contarles esto. Un día de semana, iba en el auto al club del Banco Español a jugar al tennis; Marcelo iba dormido en el asiento de atrás... tenía poco menos de un año. Cuando llegué a la esquina de Quintana y Montevideo, yo iba por Quintana y en la esquina de Montevideo había parado una camioneta para darme paso y cuando avancé, por detrás de la camioneta y a todo lo que daba cruzó otro Fiat 600, con una mujer joven al volante, una señora mayor de acompañante y dos chicos atrás. Literalmente me la tragué o sea que me hizo bolsa el frente del coche que hacía 15 días lo habíamos sacado de la concesionaria y me fui arriba de la vereda casi adentro de una farmacia que estaba en la esquina. No sabía cómo hacer para llamar a Carlos, porque pensé que me iba a matar. Lo primero y único que me preguntó fue cómo estábamos nosotros dos y me dijo que no me preocupara que el auto se iba a arreglar. Él era así, muy bueno. A la noche fuimos juntos a la casa de la chica y entre los maridos arreglaron todos los papeles y como nosotros teníamos el seguro contra todo riesgo en La Caja, no tuvimos ningún problema.
..// continuará

                                                                                  El rincón de neche (Elsa)